Respirar, observar y desconectarse: tres recomendaciones para vencer el estado de alerta tras los terremotos
Caracas.- Ante la reciente catástrofe natural que ha afectado diversas zonas del país, el apoyo emocional se convierte en una prioridad para quienes enfrentan la pérdida y el trauma. Guillermo Enrique Vega, psicólogo que actualmente presta apoyo en la morgue de Bello Monte y forma parte de la organización Unidos por la Salud, ofreció una
Caracas, Venezuela – El pasado 24 de junio, un "doblete sísmico" sacudió diversas zonas de Venezuela, reavivando temores ancestrales y dejando a su paso no solo daños materiales, sino también una profunda huella en el tejido psicológico de una población ya de por sí exhausta. En un país donde la resiliencia es una moneda de uso diario, la tierra que tiembla añade una capa más de incertidumbre y trauma, haciendo que la atención a la salud mental se convierta en una prioridad ineludible. Más allá de la infraestructura colapsada y las vidas truncadas, la mente venezolana se encuentra en un estado de alerta constante, buscando respuestas y anclajes en medio del caos.
Guillermo Enrique Vega, psicólogo con experiencia en el apoyo a víctimas indirectas del delito y miembro de la organización Unidos por la Salud, ha sido una de las voces que, desde la morgue de Bello Monte, ha ofrecido una serie de recomendaciones vitales para enfrentar los procesos psicológicos que se desatan tras un evento de tal magnitud. Sus palabras resuenan con la urgencia de atender lo que no se ve, pero se siente: el impacto emocional de la pérdida, el miedo a lo impredecible y el agotamiento mental que acompaña a la vigilia sísmica. Respirar, observar y desconectarse no son meras sugerencias; son herramientas de supervivencia psicológica en un contexto donde la estabilidad parece un lujo inalcanzable.
Las Cicatrices Invisibles de una Tierra Inestable
Venezuela, ubicada en una zona de alta actividad sísmica debido a la interacción de las placas tectónicas del Caribe y Sudamericana, ha conocido de cerca la furia de la tierra. Desde el devastador terremoto de Caracas en 1967, que cobró cientos de vidas y derrumbó emblemáticos edificios, hasta los sismos de Cariaco y Cumaná en 1997, o el más reciente temblor de 2018 que sacudió el centro del país, la memoria colectiva está plagada de experiencias telúricas. Cada evento sísmico no solo remueve el suelo, sino también la psique nacional, dejando una herencia de ansiedad y un "estado de alerta constante" que se activa con el menor indicio de movimiento.
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El "doblete sísmico" de junio pasado, por su alcance geográfico, ha reactivado esta memoria traumática. Vega subraya que el impacto emocional tras un terremoto es una respuesta esperada y normal. "Toda muerte siempre va a afectar y va a crear un impacto. Eso es normal y es parte de la reacción del ser humano", explica el especialista, refiriéndose a los procesos de duelo y pérdida que muchos ciudadanos están experimentando. Sin embargo, en un país que ya atraviesa una crisis humanitaria compleja, económica y política, este trauma se superpone a un cúmulo preexistente de estrés, ansiedad y desesperanza. La resiliencia, si bien admirable, tiene límites, y la capacidad de afrontamiento individual y colectivo se ve mermada por la constante exposición a situaciones adversas.
La mente humana, ante lo incomprensible de una catástrofe natural, busca respuestas que a menudo no encuentra, lo que puede derivar en pensamientos intrusivos y sentimientos de culpa. "Nuestra mente busca respuesta y como no consigue respuesta va a lo más cercano que tiene que son nuestros recuerdos", detalla Vega. Este proceso, que despliega una "pantalla con todos los recuerdos" de la persona perdida, lleva a la mente a buscar el error, generando frases de arrepentimiento como "no hice aquello" o "hubiese hecho lo otro". El psicólogo enfatiza la importancia de no cargar con responsabilidades ajenas en medio de la crisis, un mensaje crucial en una sociedad donde la culpa es a menudo un mecanismo de defensa o de señalamiento. Reconocer que se hizo todo lo que estaba al alcance es un paso fundamental hacia la tranquilidad.
Primeros Auxilios Psicológicos: Anclarse al Presente
Ante la persistencia del estado de alerta y la mente fluctuando entre recuerdos dolorosos y la anticipación de nuevas réplicas, Vega propone técnicas de primeros auxilios psicológicos diseñadas para traer la mente al presente. La "respiración cuadrada" es una de ellas: "Inhalar en cuatro, retenemos en cuatro, botamos en cuatro. Hacemos este proceso cuatro veces". Esta técnica, sencilla pero poderosa, permite regular el sistema nervioso, calmar la ansiedad y reenfocar la atención en el acto consciente de respirar, un ancla vital cuando el mundo exterior parece desmoronarse.
Asimismo, el especialista sugiere una técnica sensorial para recuperar la consciencia del entorno inmediato, que consiste en identificar y nombrar en voz alta cuatro cosas que se puedan tocar, cuatro cosas que se puedan ver con todo detalle y cuatro cosas que se puedan escuchar "detrás del caos". Esta práctica no solo desvía la atención de los pensamientos intrusivos, sino que también ayuda al cerebro a procesar que la persona se encuentra en un lugar seguro y bajo resguardo, una sensación de control que es crucial en momentos de extrema vulnerabilidad.
La aplicación de estos "primeros auxilios" cobra especial relevancia en Venezuela, donde el acceso a servicios de salud mental especializados es limitado y a menudo inaccesible para la mayoría de la población. La precarización de los servicios públicos, la migración de profesionales de la salud y la falta de inversión en programas de bienestar psicológico hacen que la autoayuda y el apoyo comunitario se conviertan en pilares fundamentales de la recuperación. La difusión de estas técnicas sencillas y efectivas por parte de medios independientes como "Libertad VZLA" se vuelve entonces una labor esencial para la salud pública.
La Vulnerable Mirada Infantil: Observar y Contener
La población infantil requiere un abordaje particularmente cuidadoso, ya que sus manifestaciones de trauma pueden diferir significativamente de las de los adultos. Vega, tras consultas con colegas y reportes de centros de acopio y refugios, ha identificado síntomas comunes en los menores tras el sismo: "Los niños no están hablando, tampoco están comiendo. Entonces puede decir que ellos se encuentran como en un estado de shock". Este shock es una consecuencia no solo de la exposición directa al terremoto, sino también al "caos social, los gritos y la desesperación" de su entorno, elementos que se magnifican en un contexto de crisis generalizada.
El proceso para que los niños drenen lo vivido no es inmediato; "eso no va a ser de la noche a la mañana, eso es paso a paso", advierte el psicólogo. Los niños están procesando y absorbiendo una vasta cantidad de información, cuyos efectos no se verán de inmediato, sino a largo plazo. Mientras la situación se estabiliza y las réplicas disminuyen, la recomendación para los padres es aplicar con los niños las mismas técnicas de identificación sensorial, adaptándolas a su edad: ayudarlos a identificar cuatro cosas que huelen, ven, tocan, comen o escuchan para anclarlos en el momento presente. Esta interacción no solo los ayuda a procesar el trauma, sino que también refuerza el vínculo de seguridad con sus cuidadores.
La atención a la salud mental infantil es un desafío monumental en Venezuela. La falta de recursos para programas de apoyo psicológico en escuelas o comunidades, sumada a la desestructuración familiar por la migración y la pobreza, deja a muchos niños en una situación de extrema vulnerabilidad. Los efectos a largo plazo de un trauma no atendido en la infancia pueden manifestarse en problemas de desarrollo, dificultades de aprendizaje y trastornos emocionales que impactan el futuro de toda una generación. Es una deuda social que el Estado venezolano tiene el deber de saldar.
La Sobrecarga Digital y el Refugio de la Naturaleza
Otro factor que puede dificultar significativamente la recuperación emocional es el consumo excesivo de información a través de plataformas digitales. Vega observa que, si bien es natural que el ser humano busque saber qué ocurre por curiosidad o instinto de supervivencia, la exposición constante a videos e imágenes impactantes, así como a noticias, puede ser contraproducente. "Evitemos por ahora el consumo masivo de redes sociales porque realmente estamos sobresaturados de información y esa sobresaturación no nos permite poder avanzar en este evento traumático", advierte el psicólogo. El flujo constante de noticias, tanto positivas como negativas, genera una carga emocional difícil de procesar en un estado de vulnerabilidad.
En Venezuela, esta recomendación adquiere una dimensión particular. Ante la censura y el control estatal sobre los medios de comunicación tradicionales, las redes sociales se han convertido en la principal fuente de información en tiempo real para millones de ciudadanos. Si bien esto es crucial para la libertad de expresión y el acceso a la verdad, también expone a la población a una avalancha de contenido no verificado, rumores y representaciones gráficas del desastre que pueden exacerbar el miedo y la ansiedad. La paradoja es evidente: la misma herramienta que permite informarse y conectar, puede ser también una fuente de re-traumatización.
Cuando la sobrecarga informativa se vuelve insostenible, la recomendación del experto es desconectarse de los dispositivos tecnológicos, "apagar el teléfono, preferiblemente", y aplicar las técnicas de anclaje al presente. En su lugar, sugiere buscar el contacto con la naturaleza como una forma de alivio. "No es solamente con las áreas verdes, estamos también hablando del cielo, sentir los rayos del sol, sentir la brisa, contemplar ejercicios de contemplación también ayudan bastante", apunta. Este llamado a la contemplación y a la conexión con el entorno natural es un recordatorio de que, incluso en los momentos más difíciles, existen fuentes de calma y restauración fuera de la pantalla.
Implicaciones y el Camino Hacia la Sanación Colectiva
Las implicaciones de un evento sísmico en una nación ya fragilizada son vastas. A nivel social, el trauma colectivo puede erosionar la confianza en la seguridad del propio hogar y del entorno, afectando la cohesión comunitaria y generando un ambiente de desconfianza