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Refugios para mascotas colapsan tras los terremotos en La Guaira

Refugios para mascotas colapsan tras los terremotos en La Guaira

Una mujer llega con tres gatos, dos de ellos recién nacidos, a una carpa improvisada para la atención de animales lesionados o abandonados tras

Luis Sambrano
Por

Luis Sambrano

Fundador y editor3 jul. 2026

LA GUAIRA, VENEZUELA – Los ecos de los devastadores terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 que sacudieron el estado costero de La Guaira el pasado 24 de junio aún resuenan con una crudeza que va más allá de las cifras oficiales de 2.595 fallecidos y 12.400 heridos. Entre la desesperación humana, los escombros y la búsqueda incesante de desaparecidos, emerge una tragedia paralela y a menudo silenciada: la de miles de mascotas abandonadas, heridas o extraviadas, cuya afluencia ha provocado el colapso de los pocos refugios y centros de atención disponibles. La Guaira, una región ya marcada por la vulnerabilidad sísmica y la fragilidad de su infraestructura, enfrenta ahora una crisis humanitaria y animal de proporciones alarmantes, donde la solidaridad ciudadana se erige como el principal baluarte frente a la adversidad.

En medio del caos, en una carpa improvisada en Los Corales, la Brigada Veterinaria (Brivet) se ha convertido en un faro de esperanza para estos seres vulnerables. La escena es desgarradora: una mujer llega con tres gatos, dos de ellos recién nacidos, suplicando ayuda. "Encontré a estos gatitos en una casa vecina y me quedé con dos, pero no puedo quedarme con más. ¿Los pueden revisar?", pregunta con una mezcla de agotamiento y desesperación. La respuesta de Irene Tejera, médico veterinaria y miembro de Brivet, refleja la cruda realidad: "No podemos hacer esto más, estamos a máxima capacidad. Lo que le pido es si los puede dejar con usted mientras nosotros ubicamos un espacio para ellos, pero vamos a revisarlo". Este intercambio, que se repite decenas de veces al día, es un testimonio de la abrumadora demanda y los limitados recursos.

Detrás de esta mujer, una fila interminable de personas aguarda, cada una con su propia historia de pérdida y esperanza. Desde rescatistas salvadoreños que traen gatos heridos, hasta efectivos de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) con otras mascotas, la carpa de Brivet se ha transformado en un epicentro de atención primaria. Pero la diversidad de las víctimas no se limita a perros y gatos; "hemos recibido conejos, morrocoyes, un lorito, la mayoría en estado crítico", explica Tejera, quien lidera a 170 voluntarios de esta organización que se conformó espontáneamente un día después de los terremotos. La atención que brindan es crucial para estabilizar a los animales antes de ser trasladados en vehículos particulares a Caracas, donde centros veterinarios amigos ofrecen la tan necesaria atención especializada. Sin embargo, la capacidad de estos centros también es finita, y la advertencia de Tejera es clara: "Los refugios están colapsados (...) no podemos acoger a los animales porque no tenemos la infraestructura y no tenemos la capacidad tampoco a largo plazo".

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Un Contexto de Vulnerabilidad y Resiliencia en Venezuela

La tragedia de La Guaira no es un evento aislado en la historia reciente de Venezuela, sino un recordatorio doloroso de la vulnerabilidad del país ante los desastres naturales y la fragilidad de sus sistemas de respuesta. La Guaira, con su densa población en zonas costeras y laderas, ya sufrió una de las mayores catástrofes naturales del país en 1999, la "Tragedia de Vargas", un deslave que dejó decenas de miles de muertos y desaparecidos, y que transformó irrevocablemente la geografía y el tejido social del estado. Este antecedente histórico subraya la necesidad de una planificación urbana y de gestión de riesgos mucho más robusta, que, lamentablemente, ha sido intermitente y a menudo postergada.

La prolongada crisis económica y política que ha azotado a Venezuela durante más de una década ha erosionado significativamente la capacidad del Estado para responder eficazmente a emergencias de gran escala. La infraestructura hospitalaria, las vías de comunicación, los servicios básicos como el agua y la electricidad, y los presupuestos destinados a protección civil y gestión de desastres, han sufrido un deterioro progresivo. En este escenario, la respuesta ante los terremotos de La Guaira, si bien ha contado con la movilización de cuerpos de seguridad y algunas instituciones, ha dependido en gran medida de la iniciativa ciudadana y la solidaridad espontánea, tanto a nivel nacional como internacional. Organizaciones como Brivet, que nacen de la urgencia y el compromiso de individuos, son un reflejo de esta resiliencia social que, a menudo, suple las carencias institucionales.

La atención a las mascotas en situaciones de desastre es un indicador de la madurez de una sociedad y de la integralidad de sus planes de emergencia. En Venezuela, donde la protección animal ha ganado terreno en la conciencia pública en los últimos años, pero aún carece de un marco legal y de recursos robustos, la crisis actual expone las deficiencias. Antes de los terremotos, los refugios de animales ya operaban con limitaciones extremas, dependiendo en gran medida de donaciones y del voluntariado. El sismo ha multiplicado exponencialmente esta presión, llevando a la desesperación a quienes dedican su vida al cuidado animal.

El Vínculo Indestructible: Humanos y Animales en el Trauma

El impacto psicológico de un terremoto no se limita a los seres humanos. "Si nosotros los humanos estamos en estado de shock, ellos también porque ellos no comprenden lo que pasa en su alrededor", explica Irene Tejera, refiriéndose a los perros y gatos que llegan a la carpa, muchos de ellos con signos de agresividad, miedo y desorientación. Los ladridos ansiosos y los gatos ensimismados en un rincón son una prueba palpable de este trauma compartido.

Edward Chávez, de 32 años, es un ejemplo conmovedor del vínculo inquebrantable entre humanos y mascotas. Con Boby, su perro de 4 años, aguarda en fila no solo para que lo atiendan, sino también para conseguirle alimento. Su casa sufrió daños severos, y aunque envió a sus hijas a otra ciudad por seguridad, él decidió quedarse. "¿Cómo me voy a ir y dejarlos solos?", pregunta, refiriéndose a Boby y a otros cuatro perros en su casa, uno de ellos herido por un bloque. Esta decisión, de priorizar el bienestar de sus animales incluso en medio de su propia tragedia, resalta la profunda conexión emocional que existe.

Sin embargo, no todas las mascotas corren con la misma suerte. Muchos animales son abandonados, extraviados o perecen bajo los escombros. En el refugio estatal Misión Nevado en La Guaira, Tania Molina, la encargada, lucha por mantener la calma. Con los ojos hinchados y la voz quebrada por el llanto, confiesa: "Realmente no tengo un registro ahorita, porque mira cómo estamos, todos estamos como desubicados, esto parece una pesadilla". A pesar de haber perdido su propia casa y amistades, y de que sus hijas han decidido abandonar La Guaira, Tania se niega a irse. "Tengo una ruta de animalitos en la calle que siempre me esperan. Así que no me puedo ir de aquí", afirma con una determinación que sobrepasa el dolor personal. Su historia es un símbolo de la resiliencia y el compromiso inquebrantable de muchos venezolanos con la vida, en todas sus formas.

Implicaciones y el Camino a Seguir

La crisis de las mascotas en La Guaira tras los terremotos tiene implicaciones sociales, políticas y éticas profundas. A nivel social, expone la necesidad urgente de integrar el bienestar animal en los planes de gestión de desastres. Esto no es solo una cuestión de compasión, sino también de salud pública, ya que la proliferación de animales heridos o sin hogar puede generar focos de infección y otros problemas sanitarios. La movilización ciudadana y la creación de organizaciones como Brivet demuestran la fuerza de la sociedad civil, pero también la necesidad de un apoyo institucional más estructurado y sostenido.

Desde una perspectiva política, la situación actual pone de manifiesto las deficiencias en la capacidad de respuesta del Estado. Si bien se han desplegado esfuerzos para atender a la población humana, la atención a los animales a menudo queda relegada a un segundo plano, recayendo la mayor parte de la carga en voluntarios y organizaciones no gubernamentales. Es imperativo que las autoridades desarrollen y apliquen protocolos claros para la evacuación, refugio y atención veterinaria de mascotas durante emergencias, asignando recursos adecuados para tal fin. La experiencia de otros países en la región y a nivel global ofrece modelos que podrían adaptarse a la realidad venezolana.

Económicamente, la atención a los animales en desastres representa una carga adicional para una economía ya de por sí precaria. Los costos de medicinas, alimentos, transporte y la infraestructura necesaria para refugios temporales son considerables. La dependencia de donaciones y la caridad, aunque vital en la inmediatez, no es una solución sostenible a largo plazo. Se requiere de una política pública que contemple fondos de emergencia y la coordinación con el sector privado y organizaciones internacionales para garantizar que estos esfuerzos no colapsen bajo su propio peso.

Un Llamado a la Acción y la Solidaridad Duradera

Los terremotos de La Guaira han revelado la vulnerabilidad de una región y la resiliencia inquebrantable de sus habitantes, tanto humanos como animales. La imagen de refugios colapsados y voluntarios desbordados es un grito de auxilio que no puede ser ignorado. Más allá de la atención inmediata, el llamado de los voluntarios y de Misión Nevado es a la adopción. Cada animal adoptado libera un espacio vital en un refugio saturado y ofrece una segunda oportunidad a un ser que ha experimentado el trauma.

La tragedia de La Guaira es un recordatorio sombrío de que el bienestar de una comunidad es indivisible. La recuperación no solo significa reconstruir casas y vidas humanas, sino también sanar a los compañeros silenciosos que comparten nuestros destinos. Es hora de que Venezuela, en su camino hacia la recuperación, integre plenamente la protección animal en su visión de futuro, garantizando que en la próxima emergencia, ninguna vida, por pequeña que sea, quede en el olvido. La solidaridad espontánea y conmovedora vista en La Guaira debe ser el cimiento sobre el cual se construya una política de Estado más humana y previsora, comprometida con la protección de todos sus habitantes.