Pueblos de Carabobo tienen dos días sin electricidad y necesitan agua potable, velas y hielo
Por Andrea Barrios Morón.- Habitantes del municipio Juan José de Mora, en el estado Carabobo, reportan suspensión en el suministro de agua potable y requieren insumos como velas y hielo tras acumular más de dos días continuos sin servicio eléctrico luego de los terremotos del 24 de junio. Noel Albornoz, secretario del Grupo de Rescate 3000
Morón, Carabobo. – La tierra tembló el pasado 24 de junio, pero el verdadero sismo para miles de habitantes del municipio Juan José de Mora, en el estado Carabobo, ha sido la cruda exposición de una infraestructura colapsada y un Estado incapaz de garantizar servicios básicos. Más de dos días continuos sin energía eléctrica han sumido a comunidades enteras en una crisis humanitaria que va más allá de la emergencia sísmica, desvelando la profunda vulnerabilidad de una nación acostumbrada a la precariedad.
Lo que inició como una respuesta a los terremotos, se ha transformado en una desesperada súplica por lo más elemental: agua potable, velas y hielo. Desde Morón hasta los rincones más recónditos de San Pablo de Urama, los ciudadanos luchan contra la deshidratación, el calor sofocante y la oscuridad, pernoctando en canchas y aceras ante el temor de sus hogares dañados y la ausencia de soluciones inmediatas.
La Agonía de la Oscuridad y la Sed
Noel Albornoz, secretario del Grupo de Rescate 3000 de Morón, ha sido una voz constante en medio del desastre, reportando la crítica situación que enfrentan las familias. "Van a cumplir 48 horas sin electricidad y la deshidratación es una de las amenazas más latentes para las familias", alertó, describiendo un panorama donde la necesidad de agua potable, hielo y velas se ha vuelto imperiosa. Los sismos, que dejaron a su paso daños estructurales significativos en sectores como Colinas de Pequiven, Las Parcelas, La Pedrera, La Rosa, Urama y el Barrio Ajuro, no solo resquebrajaron paredes, sino que también pusieron al descubierto las grietas de un sistema de servicios públicos históricamente deteriorado.
La falta de electricidad no es un inconveniente menor en Venezuela; es una sentencia de escasez. En un país donde la gran mayoría de los sistemas de bombeo de agua dependen de la energía eléctrica, su interrupción prolongada se traduce automáticamente en la suspensión del suministro de agua potable. Así, la tragedia de los terremotos se multiplica: a la angustia de las réplicas y el miedo a un nuevo colapso, se suma la sed y la imposibilidad de mantener alimentos refrigerados, cocinar o simplemente asearse. Las altas temperaturas de la región carabobeña agravan la situación, incrementando exponencialmente el riesgo de deshidratación entre niños, ancianos y enfermos.
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La ayuda, aunque ha comenzado a llegar desde Valencia, según Albornoz, no alcanza a todos. Residentes de San Pablo de Urama han clamado por una distribución más equitativa y profunda, pidiendo que el apoyo no se limite a los accesos principales del municipio, sino que se adentre en los pueblos más afectados, donde la oscuridad y la falta de agua persisten, y las viviendas parcialmente colapsadas claman por atención. Esta queja recurrente en Venezuela resuena cada vez que una emergencia golpea: la ayuda tiende a concentrarse en zonas de fácil acceso, dejando a las comunidades más vulnerables y alejadas a su propia suerte.
Un Sistema Eléctrico al Borde del Colapso: La Crónica de una Muerte Anunciada
La interrupción del servicio eléctrico en Juan José de Mora no es un hecho aislado provocado exclusivamente por los terremotos; es la manifestación exacerbada de una crisis energética crónica que ha golpeado a Venezuela durante más de una década. La subestación eléctrica Planta Centro, clave para el suministro en la región, quedó fuera de servicio tras la caída de cinco bobinas de su equipo de potencia. Si bien las autoridades han informado de una redirección del suministro para mantener operativos los centros de salud, los sectores residenciales permanecen a oscuras, confirmando lo que Deisy Torres, habitante de Morón, expuso a El Pitazo: la necesidad urgente de linternas y alimentos para sus familiares.
Planta Centro, en su momento, fue una de las centrales termoeléctricas más importantes de Venezuela, concebida para complementar la energía hidroeléctrica del Guri. Sin embargo, años de desinversión, corrupción, falta de mantenimiento y la huida de personal técnico cualificado han convertido esta infraestructura vital en un símbolo del deterioro. Lo que los terremotos hicieron fue dar el golpe de gracia a un sistema ya moribundo, exponiendo la fragilidad de una red eléctrica que apenas se sostiene con alfileres. Los apagones, que en otras latitudes son una anomalía, se han convertido en la norma en Venezuela, interrumpiendo la vida diaria, paralizando la economía y poniendo en riesgo la salud de millones.
Esta dependencia de un sistema eléctrico precario tiene implicaciones profundas. No solo afecta el suministro de agua, sino que también impide el funcionamiento de equipos médicos en hogares, la conservación de alimentos y medicinas, y el acceso a la información y comunicación, elementos cruciales en una situación de emergencia.
Balance Oficial y la Fragilidad del Sistema de Salud
El gobernador de Carabobo, Rafael Lacava, emitió un reporte oficial que confirma la magnitud de la tragedia humana: 12 personas fallecidas (nueve por causas estructurales y tres por infartos), entre 30 y 40 heridos, algunos en estado crítico, y la evacuación obligatoria de cuatro a cinco edificaciones con daños severos. Estas cifras, aunque dolorosas, podrían ser solo la punta del iceberg de una situación que, en medio del caos y la falta de comunicación, es difícil de cuantificar en su totalidad.
La red de salud, ya mermada por la crisis económica y la pandemia, ha recibido un golpe devastador. Las afectaciones estructurales en los hospitales Prince Lara y de Morón han obligado a las autoridades a instalar un hospital de campaña y a trasladar pacientes a otros centros asistenciales de la entidad. Esta medida de contingencia, aunque necesaria, pone de manifiesto la extrema vulnerabilidad del sistema de salud venezolano. Hospitales con infraestructura deficiente, escasez de insumos, falta de personal médico y equipos obsoletos son el día a día. Una emergencia como un terremoto solo acelera el colapso, dejando a la población con opciones limitadas y exponiéndola a riesgos aún mayores. La pregunta sobre "¿Dónde está la Fuerza Armada Venezolana?", que circuló en medios digitales, resalta la percepción de una respuesta oficial que a menudo se percibe como insuficiente o desorganizada frente a la magnitud de las necesidades.
Análisis de Implicaciones: Más Allá de la Tragedia Natural
La crisis en Juan José de Mora tras los terremotos es un microcosmos de las múltiples capas de calamidad que asolan a Venezuela.
Implicaciones Sociales: La emergencia ha exacerbado la ya precaria situación de miles de familias. La pérdida de hogares y el trauma de los sismos se suman a la angustia de la falta de servicios básicos. Las comunidades más vulnerables, con menos recursos para hacer frente a la adversidad, son las más golpeadas. La necesidad de dormir a la intemperie, el riesgo de enfermedades por la falta de higiene y la deshidratación, y el impacto psicológico de vivir en la incertidumbre, configuran un panorama de sufrimiento humano que exige una respuesta integral. La resiliencia de los venezolanos es admirable, pero no puede ser el único pilar de la recuperación; es el Estado quien tiene la responsabilidad primordial de proteger a sus ciudadanos.
Implicaciones Políticas: Los eventos en Carabobo ponen a prueba la capacidad de respuesta del gobierno venezolano ante emergencias de gran escala. La lentitud en la distribución de ayuda a zonas remotas y la crítica situación de la infraestructura eléctrica y de salud, que se desmoronó tan rápidamente, sugieren fallas sistémicas en la planificación y gestión de riesgos. La narrativa oficial tiende a culpar a "sabotajes" o "fenómenos naturales" por los problemas del país, pero la realidad de Planta Centro y otros servicios vitales es una historia de décadas de negligencia y corrupción. Esta crisis desafía la confianza pública en las instituciones y plantea interrogantes sobre la transparencia y la rendición de cuentas en la gestión de desastres y la inversión en infraestructura.
Implicaciones Económicas: La devastación de viviendas y la interrupción de servicios básicos tienen un costo económico considerable. La reconstrucción será lenta y costosa en un país ya sumido en una profunda recesión. Los pequeños comercios locales se ven afectados por la falta de electricidad (imposibilidad de refrigerar productos, operar cajas registradoras), lo que agrava la ya difícil situación económica de las familias y la comunidad en general. Los costos indirectos, como la pérdida de productividad y el impacto en la salud pública, añadirán una carga adicional a una economía ya de por sí fragilizada.
Un Llamado a la Acción y la Reflexión
Lo que ocurre en Juan José de Mora, Carabobo, no es solo una noticia de desastre natural; es un recordatorio doloroso de la fragilidad de la vida en una Venezuela donde los servicios básicos son un privilegio y no un derecho garantizado. Es la historia de cómo un evento sísmico expuso, una vez más, las profundas fallas de un sistema que ha dejado a sus ciudadanos a merced de la adversidad.
Desde "Libertad VZLA", reiteramos nuestro compromiso con la verdad y la defensa de la libertad de expresión, alzando la voz por aquellos que claman por ayuda y por un futuro donde la infraestructura del país sea un pilar de seguridad y desarrollo, y no una fuente de constante vulnerabilidad. La situación en Carabobo exige no solo asistencia humanitaria inmediata y efectiva, sino también una profunda reflexión y acción sobre la reconstrucción no solo de viviendas y postes eléctricos, sino de la confianza y la dignidad de un pueblo que merece vivir con la certeza de que sus necesidades más básicas serán cubiertas. El tiempo apremia, y la oscuridad no puede ser el destino de quienes ya han sufrido tanto.