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La represión impuesta en las calles venezolanas por las autoridades tras las protestas que desató la cuestionada victoria electoral de Nicolás Maduro en el verano ... de 2024 había logrado mantener al país caribeño libre de manifestaciones contra el oficialismo durante casi dos años. Hasta este jueves. Caracas se convirtió a media mañana en escenario de una marcha para exigir una subida salarial que acabó con una dura intervención de las fuerzas de seguridad entre gases lacrimógenos, piedras y patadas y un número de heridos aún indeterminado. Una imagen más propia de la época chavista que de la nueva era que pretende escenificar la actual presidenta, Delcy Rodríguez, quien no se había enfrentado a ninguna gran movilización desde que asumió el poder a principios de enero.
La manifestación reunió a unas 2.000 personas en la capital sólo unas horas después de que la mandataria anunciara un aumento en las nóminas a partir de mayo, sin concretar más detalles. «Venimos a decirle (a Rodríguez) que nos dé un sueldo digno, justo», proclamaba uno de los participantes, Hugo Bastardo. El salario mínimo venezolano lleva congelado desde 2022, cuando se fijó en 130 bolívares mensuales y equivalía a 30 dólares. Hoy, al cambio, ronda los 27 centavos, frente a los 645 dólares que cuesta la cesta básica de alimentos en un país que arrastra una inflación crónica y una constante devaluación de la moneda nacional. Y ayer trabajadores y representantes sindicales salieron a las calles para gritar «¡basta ya del engaño!».
La respuesta a la convocatoria fue numerosa pero la Policía Nacional Bolivariana estaba preparada, con decenas de efectivos desplegados por diferentes puntos del recorrido de la protesta para evitar que alcanzara su destino: el Palacio de Miraflores, la sede presidencial. Hace años que por allí sólo se pasean manifestantes en favor del chavismo. Los participantes en la marcha del jueves, que había partido sobre las 11.00 (hora local) de la céntrica plaza Venezuela, lograron saltar los diferentes cordones policiales que encontraron a su paso al menos en ocho ocasiones al desviar su ruta por calles aledañas a las vías principales. «¡Esbirros, la historia os juzgará!», gritaban unos asistentes a los agentes. «¡Cobardes!», arremetían otros. Y algunos les recordaban que «el uniformado también es mal pagado».
La tensión se disparó cuando una parte de quienes protestaban consiguió llegar a un punto cercano a la sede del Parlamento, donde se produjeron las escenas de mayor violencia. La Policía Nacional Bolivariana roció con gas pimienta a los asistentes a la manifestación y, en algunos momentos, sus efectivos les pegaron con sus cascos y escudos. Hubo también patadas y volaron piedras y botellas en lo que se convirtió en una auténtica batalla campal. José Patines, secretario general del Sindicato de Trabajadores de la Cancillería, denunció los golpes recibidos por «jubilados y pensionados (...) la gente que vino a reclamar derechos laborales, a reclamar sueldos». A su juicio, el responsable de tal violencia por parte de las fuerzas de seguridad era el ministro del Interior, Diosdado Cabello, uno de los 'hombres fuertes' de Maduro que continúa en el Gobierno venezolano pese al arresto del presidente.


