¿Por qué los suelos de La Guaira amplificaron la devastación de los terremotos?
Horas después del doblete sísmico de San Juan, las imágenes aéreas de La Guaira daban cuenta de la ruina y la desolación. En tierra, se encaraba la tragedia con miles de personas excavando entre los escombros, intentando salvar a los suyos de la muerte apenas con sus manos desnudas. Pero debajo de los suelos, quizás, estaban algunas de
La composición física del subsuelo bajo las poblaciones costeras de La Guaira y determinados sectores de Caracas desempeñó un papel determinante en la magnitud de los daños registrados durante los sismos del pasado 24 de junio, que alcanzaron magnitudes de 7.2 y 7.5. Aunque la duración de los movimientos telúricos fue de 39 segundos en todo el territorio nacional, la intensidad con la que se percibieron las ondas sísmicas varió de forma notable en función de la profundidad y el tipo de terreno de cada localidad. De acuerdo con un trabajo de investigación publicado por los medios digitales Runrun.es y El Pitazo, las características geológicas de estas zonas actuaron como un amplificador natural de las ondas, explicando por qué las estructuras asentadas sobre sedimentos sufrieron daños severos en comparación con aquellas construidas sobre roca firme.
El factor de amplificación sísmica y la conexión con Caracas
Para comprender la distribución de los daños causados por el doblete sísmico de San Juan, los especialistas señalan una relación geológica directa entre la costa del estado La Guaira y el norte de la cuenca de Caracas. Al trazar una línea recta sobre el parque nacional El Ávila, se conecta de manera directa a Caraballeda, en el litoral central, con la urbanización Los Palos Grandes, en el municipio Chacao. Esta coincidencia geográfica se traduce también en una preocupante similitud en la composición de sus suelos.
Ambos sectores reciben desde hace siglos los depósitos de sedimentos provenientes del desgaste de la misma formación montañosa. César Disilvestro, ingeniero civil especializado en geotecnia, explicó a Runrun.es que estas dos zonas presentan un comportamiento sísmico muy parecido debido al gran espesor de las capas de arena, grava y arcilla acumuladas sobre la roca sólida.
Cuando las ondas de un terremoto viajan a través de la corteza terrestre, se desplazan a gran velocidad por la roca madre. Sin embargo, al entrar en contacto con cuencas sedimentarias profundas, la velocidad de la onda disminuye, pero su amplitud aumenta de forma drástica. Este fenómeno, conocido como amplificación de sitio, hace que el movimiento de la superficie sea mucho más violento y prolongado. Las mediciones geotécnicas indican que en Caraballeda existen más de 400 metros de sedimentos acumulados antes de tocar la roca firme, mientras que en Los Palos Grandes la profundidad estimada del sedimento ronda los 300 metros. Esta enorme capa blanda actúa como un lente que potencia la energía del sismo.
Los abanicos aluviales y la ocupación del territorio
La morfología urbana de La Guaira se asienta sobre una serie de formaciones geológicas conocidas como conos o abanicos aluviales. Desde Catia La Mar hasta Tanaguarena, las comunidades costeras se han construido sobre las protuberancias de tierra que la montaña ha ido depositando hacia el mar Caribe a lo largo de miles de años.
José Luis López, profesor e investigador del Instituto de Mecánica de Fluidos de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Central de Venezuela (UCV) e individuo de número de la Academia Nacional de la Ingeniería y el Hábitat, detalló que estos abanicos se forman por la descarga de material sólido proveniente de las quebradas y ríos que descienden de la Cordillera de la Costa. Cuando los torrentes cargados de lodo, arena y rocas pierden velocidad al llegar a las zonas planas cercanas al mar, se desbordan y distribuyen los materiales en forma de abanico, modificando constantemente la línea costera.
Durante los deslaves ocurridos en el estado Vargas en diciembre de 1999, estos abanicos recibieron una acumulación adicional de sedimentos que osciló entre los dos y tres metros de altura. Aunque gran parte de estos depósitos superficiales fueron removidos durante las labores de reconstrucción del litoral, la estructura profunda del suelo no sufrió variaciones sustanciales.
En su trabajo académico titulado Aprendiendo del desastre de Vargas, publicado en mayo de 2020, López advirtió sobre los riesgos implícitos de la ocupación urbana en estas áreas. El especialista señaló que los asentamientos humanos han invadido históricamente los cauces naturales y las gargantas de los ríos en los abanicos aluviales. La combinación de pendientes sumamente pronunciadas en las laderas de la montaña y el agrietamiento del terreno provocado por la actividad sísmica recurrente incrementa de manera notable la vulnerabilidad de toda la región costera.
La estructura oculta: el basamento rocoso inclinado
La respuesta dinámica de los suelos de La Guaira ante un evento sísmico está directamente relacionada con la geometría de su basamento rocoso. En el año 2002, tras los eventos aluvionales de 1999, la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis) publicó un estudio de microzonificación sísmica titulado Caracterización de suelos con métodos geofísicos, estado Vargas, elaborado por el investigador Marcos Romero y otros colaboradores.
Este estudio reveló que la roca sólida subterránea sobre la que descansan los sedimentos de la costa no es horizontal, sino que presenta una inclinación constante de entre 17 y 21 grados orientada hacia el mar. Esto significa que a medida que una edificación se encuentra más cerca de la costa, la capa de sedimentos que tiene debajo es significativamente más gruesa. En el casco histórico de La Guaira, el basamento rocoso se localiza a unos 180 metros de profundidad; en Macuto, específicamente en el sector Punta El Cojo, desciende a 290 metros; mientras que en la zona este de Caraballeda, la transición a la roca firme se sitúa a 450 metros de profundidad.
El ingeniero civil Fernando Méndez señaló que este tipo de investigaciones geofísicas resulta indispensable para que los ingenieros estructurales puedan calcular el comportamiento dinámico del suelo ante un terremoto y diseñar edificaciones capaces de resistir las fuerzas de torsión y desplazamiento. De acuerdo con el informe de Funvisis, los sedimentos del litoral central se dividen en tres capas bien diferenciadas: una capa superior de sedimentos sueltos, una intermedia de aluvión compactado y una capa profunda de roca sedimentaria antes de llegar al basamento cristalino. Aunque las capas intermedias y profundas presentan una densidad