"Papá, yo quiero ser santo": el conmovedor relato del padre de Lucas Gámez mientras continúa su búsqueda (VIDEO)

"Papá, yo quiero ser santo": el conmovedor relato del padre de Lucas Gámez mientras continúa su búsqueda (VIDEO)

El padre de Lucas Gámez, el niño de nueve años que permanece desaparecido tras el colapso de un edificio en La Guaira durante los

Redacción Libertad VZLA
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Redacción Libertad VZLA

Equipo editorial8 jul. 2026

En medio de la devastación que ha dejado a su paso la cadena de terremotos que sacudieron la costa venezolana el pasado 24 de junio, una voz se alza con la fuerza inquebrantable de la fe y la esperanza: la de Marcos Gámez, padre de Lucas, un niño de apenas nueve años que permanece desaparecido bajo los escombros de un edificio colapsado en La Guaira. Su testimonio, cargado de una emotividad desgarradora, no solo pinta un retrato vívido de su hijo, sino que también se convierte en un símbolo de la resiliencia y la búsqueda de sentido en los momentos más oscuros que vive un país acostumbrado a enfrentar la adversidad.

"Papá, yo quiero ser santo", recordó Marcos que le dijo Lucas en una ocasión, una frase que ahora resuena con una profunda y casi premonitoria carga espiritual, mientras la familia se aferra a la posibilidad de un milagro. Este conmovedor relato, compartido en una entrevista que ha capturado la atención nacional, es un recordatorio palpable de las vidas individuales y las historias personales que se entrelazan en la trama de una tragedia colectiva, una que ha vuelto a poner a prueba la infraestructura y el espíritu de Venezuela.

La Esperanza que Resiste Entre Escombros y Oraciones

Desde el primer momento del colapso, Marcos Gámez y su familia han estado en una agonizante espera, observando las labores de rescate que se despliegan sobre lo que antes fue un hogar. Lucas, su hijo menor, cumplió nueve años en medio de esta incertidumbre, un cumpleaños marcado por la ausencia y la angustia, pero también por la inquebrantable fe que su padre describe. "Lucas es mi hijo menor. Tiene 9 años, cumplió ayer. Es argentino, nació en Argentina, obviamente también es venezolano, tiene ambas costumbres, ambas culturas", relató Marcos, humanizando la tragedia y recordándonos que cada persona desaparecida es un universo de afectos y memorias.

El padre de Lucas describió a su hijo como un niño profundamente familiar, alegre y con una conexión espiritual notable. La difusión en redes sociales de un video de Lucas rezando, sumada a las palabras de su padre, ha conmovido a miles, convirtiendo al pequeño en un emblema de la inocencia y la devoción. "Es un niño muy familiar, le gusta mucho la unión de su familia, le gusta mucho estar en familia. Es un niño muy religioso (...) habla mucho de Jesús, habla mucho del santo este, Carlos Acutis. Me lo nombraba, me decía mucho y siempre me viene a la mente que una vez él me dijo: ‘Papá, yo quiero ser santo’. Ojalá que se le cumpla, pero más adelante", expresó Marcos, revelando la profunda espiritualidad de Lucas y la esperanza de una vida plena, aun cuando la realidad actual pende de un hilo.

La familia Gámez, apoyada por amigos y la comunidad religiosa, incluyendo la visita del cura del colegio de Lucas, intenta mantenerse fuerte. Marcos reconoce que existen "dos escenarios", pero prefiere no contemplar el más sombrío para no "decaer en el ánimo". Esta postura no es solo un acto de valentía personal, sino un reflejo de la resiliencia que a menudo se observa en las comunidades venezolanas frente a las crisis, donde la fe y el apoyo mutuo se convierten en pilares fundamentales.

Venezuela: Una Historia de Vulnerabilidad Sísmica y Resiliencia Colectiva

Los terremotos del 24 de junio no son un hecho aislado en la historia geológica de Venezuela. Nuestro país se asienta sobre la compleja interacción de las placas tectónicas del Caribe y Sudamericana, lo que lo convierte en una zona de alta actividad sísmica. La historia está marcada por eventos devastadores, como el terremoto de Caracas de 1967, el de Cumaná y Cariaco en 1997, o más recientemente, el de Sucre en 2018, que han dejado cicatrices profundas en la memoria colectiva y en la infraestructura nacional.

La Guaira, específicamente, tiene una trágica relación con los desastres naturales. La "Tragedia de Vargas" en diciembre de 1999, una serie de deslaves e inundaciones que sepultaron comunidades enteras, es un hito imborrable. Este evento no solo cobró miles de vidas, sino que también expuso crudamente la vulnerabilidad de las poblaciones costeras, la precariedad de ciertas construcciones y la necesidad imperante de una planificación urbana y políticas de gestión de riesgos más robustas. El colapso del edificio en La Guaira, donde Lucas Gámez está desaparecido, evoca inevitablemente estos recuerdos, reabriendo heridas y planteando nuevamente preguntas sobre la preparación del país frente a tales eventualidades.

La infraestructura venezolana ha sufrido un deterioro considerable en las últimas décadas, producto de la falta de inversión, mantenimiento y una supervisión adecuada de las construcciones. Edificios antiguos, levantados sin las normativas sismorresistentes actuales, o incluso estructuras más recientes construidas con materiales de baja calidad o sin las inspecciones debidas, representan un riesgo latente. En un contexto de crisis económica prolongada, donde los recursos son escasos y las prioridades se desvían a la subsistencia diaria, la inversión en prevención y en la adecuación de infraestructuras a los estándares de seguridad sísmica se vuelve un desafío monumental.

Implicaciones: Más Allá del Desastre Inmediato

La desaparición de Lucas Gámez y el relato de su padre ponen de manifiesto una serie de implicaciones que trascienden el evento sísmico en sí mismo:

Implicaciones Sociales y Psicológicas: El Duelo Colectivo y la Búsqueda de Sentido

La historia de Lucas se ha convertido en un punto de conexión emocional para la sociedad venezolana. La angustia de la familia Gámez es compartida por miles de personas que se identifican con el dolor de la incertidumbre. El duelo por un ser querido desaparecido, especialmente un niño, es una de las experiencias humanas más devastadoras, caracterizada por la ausencia de cierre y la persistencia de la esperanza contra toda lógica. Este tipo de tragedia genera un trauma colectivo, afectando la salud mental de los sobrevivientes, los rescatistas y la comunidad en general.

La fe, como lo demuestra Marcos Gámez, juega un papel crucial en la resiliencia social. En una sociedad como la venezolana, profundamente creyente, la religión se convierte en un refugio, un marco para procesar el sufrimiento y encontrar consuelo. La aspiración de Lucas a ser "santo" no solo es una frase enternecedora, sino que, en el contexto de su desaparición, eleva su figura a un símbolo de inocencia y pureza, inspirando oraciones y una ola de solidaridad que se manifiesta en el apoyo a la familia y en la difusión de su historia.

Implicaciones en la Gestión de Riesgos y la Respuesta Estatal

Si bien el testimonio del padre de Lucas se centra en el ámbito personal y familiar, una tragedia de esta magnitud inevitablemente pone en el foco la capacidad de respuesta del Estado. La eficacia de los equipos de rescate, la disponibilidad de recursos técnicos y humanos, la coordinación entre los distintos organismos de protección civil y la rapidez en la atención a las víctimas son cruciales. En Venezuela, la capacidad operativa del Estado se ha visto mermada por la crisis, lo que plantea interrogantes sobre la preparación para desastres de gran escala.

La tragedia de La Guaira es un doloroso recordatorio de la necesidad urgente de invertir en prevención, en la educación de la población sobre cómo actuar ante un sismo, y en la aplicación rigurosa de las normativas de construcción sismorresistentes. La planificación urbana, especialmente en zonas de alto riesgo como las costas, debe ser una prioridad ineludible para salvaguardar vidas y patrimonios. La falta de transparencia y la politización de la ayuda en emergencias, si bien no explícitas en este caso, son preocupaciones recurrentes en el contexto venezolano que pueden dificultar una respuesta efectiva y oportuna.

Implicaciones para la Libertad de Expresión y el Rol del Periodismo

En momentos de crisis y tragedia, el periodismo cumple una función vital. Medios como "Libertad VZLA" tienen el deber de informar con objetividad, rigor y sensibilidad, dando voz a las víctimas y sus familias, y contextualizando los eventos para que la sociedad comprenda las dimensiones de la tragedia. La entrevista a Marcos Gámez, replicada por diversos medios, es un ejemplo de cómo el periodismo puede humanizar las cifras y los escombros, conectando a la audiencia con la realidad emocional de los afectados.

En un entorno donde la libertad de prensa enfrenta constantes desafíos, mantener la capacidad de investigar, reportar y fiscalizar la respuesta gubernamental a estos eventos es esencial. No solo para informar, sino para fomentar la rendición de cuentas y empujar hacia mejoras en la gestión de riesgos y la protección ciudadana.

Un Ruego por Lucas, un Grito de Esperanza para Venezuela

La historia de Lucas Gámez y la fortaleza de su padre, Marcos, encapsulan la complejidad de la realidad venezolana: una nación marcada por la vulnerabilidad geográfica y las deficiencias estructurales, pero también por una inquebrantable capacidad de resiliencia humana y una fe profunda. El anhelo de un padre por su hijo, el deseo de un niño de "ser santo", se convierte en un faro de esperanza que ilumina la oscuridad de la tragedia.

Mientras las labores de búsqueda continúan en La Guaira, la historia de Lucas es un recordatorio de que detrás de cada titular de desastre hay vidas, sueños y familias enteras que luchan por encontrar un rayo de luz. Es un llamado a la solidaridad, a la empatía y, sobre todo, a la reflexión sobre cómo, como sociedad y como Estado, podemos construir un futuro más seguro y resiliente para todos los niños de Venezuela, para que sus aspiraciones, por muy celestiales que sean, puedan cumplirse en una vida plena y segura, y no en la memoria de una tragedia. La esperanza de Marcos Gámez por un milagro para su hijo es, en esencia, la esperanza de una nación que anhela un futuro mejor.

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