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OMS alertó sobre el aumento del riesgo de brote de enfermedades en Venezuela tras los terremotos

OMS alertó sobre el aumento del riesgo de brote de enfermedades en Venezuela tras los terremotos

La Organización Mundial de la Salud (OMS) señaló que ha aumentado el riesgo de que se produzcan en Venezuela brotes de enfermedades,

Luis Sambrano
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Luis Sambrano

Fundador y editor3 jul. 2026

Caracas, Venezuela – La Organización Mundial de la Salud (OMS), a través de su oficina regional, la Organización Panamericana de la Salud (OPS), ha encendido las alarmas sobre un inminente riesgo de brotes de enfermedades en Venezuela, una consecuencia directa de los recientes sismos que han sacudido el país. La advertencia no solo subraya la vulnerabilidad sísmica de la nación, sino que expone crudamente la precariedad de un sistema de salud que ya se encontraba al borde del colapso mucho antes de que la tierra temblara. La baja cobertura de inmunización y la comprometida calidad del agua potable, problemas crónicos en el país, se han exacerbado con la emergencia, creando un caldo de cultivo para la propagación de patologías que podrían tener consecuencias devastadoras.

La voz de alerta llegó de Ciro Ugarte, director para emergencias de la OPS, quien en una reciente videoconferencia con periodistas, no dejó lugar a dudas sobre la gravedad de la situación. “La cobertura de vacunación en Venezuela, especialmente contra el sarampión y otras enfermedades, ya era baja, por lo que el riesgo de que se produzcan casos de sarampión y otras enfermedades es elevado en estos momentos”, afirmó Ugarte. Esta declaración no es meramente una formalidad burocrática; es un eco de la realidad que millones de venezolanos han vivido durante años, con la reaparición de enfermedades erradicadas o controladas en otras latitudes, como el sarampión, la difteria y la malaria, mucho antes de cualquier catástrofe natural. La infraestructura de salud deteriorada, la migración masiva de personal médico calificado y la escasez crónica de insumos y medicamentos han desmantelado lo que alguna vez fue un robusto sistema de atención pública.

La preocupación se intensifica en los refugios improvisados, donde miles de damnificados han buscado resguardo. El hacinamiento en estos espacios crea las condiciones ideales para la rápida transmisión de enfermedades infecciosas, tanto las prevenibles por vacuna como las transmitidas por vectores o por vía hídrica. La frase de Ugarte, “donde la transmisión de estas enfermedades puede ser muy alta”, resuena con una verdad inquietante para cualquier experto en salud pública que conozca la situación venezolana. La respuesta a una crisis humanitaria post-desastre exige una capacidad logística y de atención que, lamentablemente, el Estado venezolano ha demostrado no poseer en la medida necesaria desde hace tiempo.

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Un Contexto de Deterioro Crónico: La Salud Venezolana en Terapia Intensiva

Para comprender la magnitud de esta alerta de la OMS, es imperativo contextualizar la situación de la salud pública en Venezuela. Durante la última década, el país ha experimentado una de las crisis humanitarias más complejas y prolongadas de la región. El sistema de salud, que en épocas pasadas fue un referente en América Latina, ha sido víctima de la desinversión, la corrupción y una gestión ineficiente que lo ha llevado a un estado de ruina.

Hospitales emblemáticos, como el José María Vargas en Caracas, que Ugarte señaló como “crítico” con 96 pacientes en una sala de ocho camas y un banco de sangre en niveles “extremadamente bajos”, o el Rafael Medina Jiménez en La Guaira, que ha reducido drásticamente su capacidad de 108 a 35 camas, son solo ejemplos de una realidad que se extiende por todo el territorio nacional. La falta de mantenimiento, la obsolescencia de equipos médicos, la escasez de personal (producto de la migración masiva de médicos y enfermeras en busca de mejores condiciones de vida y trabajo), y la intermitencia en el suministro de servicios básicos como agua y electricidad, han convertido los centros de salud en meros dispensadores de una atención precaria, cuando no directamente en focos de riesgo para los propios pacientes.

La baja cobertura de vacunación, mencionada por la OPS, no es un fenómeno nuevo. Desde hace años, programas de inmunización que antes eran modelo de éxito en Venezuela han visto sus cifras caer en picada. La interrupción en la cadena de frío, la escasez de dosis y la falta de campañas informativas eficaces han provocado que enfermedades como el sarampión, que se consideraba erradicado en la región, hicieran una reaparición dramática en el país, afectando principalmente a niños y comunidades vulnerables. La situación actual, con miles de personas desplazadas y en refugios, agrava exponencialmente este riesgo, haciendo que la contención de un brote sea una tarea titánica.

El Agua como Vector de la Catástrofe: Una Preocupación Adicional

Más allá de las vacunas, la calidad y el acceso al agua potable emergen como una preocupación central en la alerta de la OMS. Ugarte fue enfático al señalar que “la calidad del agua, que en estos momentos no está asegurada en las zonas más devastadas por la catástrofe”, es un factor crítico. La escasez crónica de agua en muchos hogares venezolanos, sumada a la deficiente infraestructura de potabilización y distribución, hace que millones de personas dependan de fuentes no confiables o se vean obligadas a almacenar agua en condiciones insalubres, lo que aumenta el riesgo de enfermedades transmitidas por el agua como el cólera, la fiebre tifoidea, la hepatitis A y las diarreas agudas.

En un escenario post-sísmico, con tuberías rotas, sistemas de saneamiento colapsados y la proliferación de refugios, el control de la calidad del agua se vuelve una tarea monumental. La OPS ha manifestado que el suministro es escaso, lo que dificulta la evaluación en todos los refugios y la implementación de medidas correctivas. La priorización de la evaluación y el aseguramiento del agua en los grandes refugios es una medida urgente, pero la escala del problema sugiere que la solución requerirá un esfuerzo coordinado y masivo.

La propuesta de vacunaciones selectivas contra enfermedades transmitidas por mosquitos u otros vectores en lugares de hacinamiento es un testimonio de la complejidad de la emergencia. Dengue, chikungunya y zika son enfermedades endémicas en Venezuela y su riesgo se incrementa exponencialmente en condiciones de insalubridad y con la acumulación de desechos y aguas estancadas, comunes en situaciones de desastre.

Implicaciones: Un Vistazo al Abismo

Las implicaciones de esta alerta son profundas y multifacéticas, afectando la esfera social, económica y política de una nación ya de por sí fragilizada.

Implicaciones Sociales: La consecuencia más directa es el sufrimiento humano. Brotes de enfermedades pueden llevar a un aumento significativo de la morbilidad y la mortalidad, especialmente entre los grupos más vulnerables: niños, ancianos y personas con enfermedades preexistentes o inmunocomprometidas. Esto no solo genera una crisis de salud pública, sino que también tiene un impacto psicológico y social devastador en las comunidades afectadas, que ya lidian con el trauma de los terremotos y la pérdida de sus hogares y medios de vida. La confianza en las instituciones se erosiona aún más, y la desesperación puede conducir a mayores movimientos migratorios internos o hacia el exterior, exacerbando la crisis migratoria regional.

Implicaciones Económicas: Un brote epidémico representa una carga económica monumental para cualquier país, y más aún para Venezuela, cuya economía se encuentra en una recesión prolongada. Los costos asociados al tratamiento de miles de enfermos, la compra de medicamentos, equipos y vacunas, así como la implementación de campañas de salud pública, son inmensos. Además, la pérdida de productividad debido a la enfermedad y el ausentismo laboral, junto con la posible interrupción de las cadenas de suministro y el comercio, pueden profundizar la crisis económica. La necesidad de ayuda humanitaria internacional se vuelve más apremiante, pero su gestión y distribución pueden ser complejas en un entorno de desconfianza política.

Implicaciones Políticas: La capacidad del gobierno para responder de manera efectiva a esta crisis será escrutada a nivel nacional e internacional. La falta de transparencia, la politización de la ayuda humanitaria y la histórica renuencia a reconocer la magnitud de las crisis internas podrían obstaculizar una respuesta rápida y eficaz. Esta situación refuerza la narrativa de una "crisis humanitaria compleja" en Venezuela, lo que podría intensificar la presión internacional y la demanda de una mayor apertura para la entrada de ayuda. La credibilidad del Estado en la protección de sus ciudadanos se pone en juego, y la gestión de esta emergencia podría tener repercusiones significativas en el panorama político interno y externo. Para medios como "Libertad VZLA", la responsabilidad de informar con veracidad y objetividad, así como de exigir rendición de cuentas, se vuelve más crucial que nunca en un contexto donde la información oficial puede ser limitada o sesgada.

Conclusión: Un Llamado Urgente a la Acción y la Transparencia

La alerta de la OMS/OPS sobre el aumento del riesgo de brotes de enfermedades en Venezuela tras los terremotos no es solo una advertencia sanitaria; es un reflejo de la profunda crisis multifactorial que atraviesa el país. Los sismos han actuado como un catalizador, exponiendo las heridas abiertas de un sistema de salud desmantelado y una infraestructura básica precaria.

Es imperativo que el Estado venezolano, en conjunto con organismos internacionales y la sociedad civil, actúe con la máxima urgencia y transparencia. Esto implica no solo la movilización inmediata de recursos para la atención de los damnificados, el aseguramiento de la calidad del agua y la implementación de campañas de vacunación masivas, sino también una apertura genuina a la cooperación humanitaria internacional, sin politizaciones ni dilaciones.

El pueblo venezolano, que ha demostrado una resiliencia admirable frente a incontables adversidades, merece una respuesta que esté a la altura de la magnitud de esta nueva amenaza. La vida y la salud de miles de ciudadanos penden de un hilo, y la historia juzgará la capacidad de sus líderes para protegerlos en este momento crítico. La libertad de expresión y el periodismo independiente, en este contexto, son herramientas vitales para asegurar que la verdad prevalezca y que las acciones necesarias se tomen sin demora.