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"Nos revisaron prácticamente todas las fotos": la denuncia de un rescatista chileno durante labores humanitarias

"Nos revisaron prácticamente todas las fotos": la denuncia de un rescatista chileno durante labores humanitarias

El rescatista chileno Francisco Larmanda, integrante de la organización Topos Chile, denunció que cuatro miembros de su equipo no pudieron regresar a la zona

Luis Sambrano
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Luis Sambrano

Fundador y editor2 jul. 2026

La Guaira, Venezuela – En medio de la devastación causada por los recientes terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 que sacudieron la costa venezolana el pasado 24 de junio, una sombra de desconfianza y control estatal ha empañado los esfuerzos de auxilio internacional. Francisco Larmanda, integrante de la organización chilena Topos Chile, ha alzado su voz para denunciar una serie de incidentes alarmantes que revelan la profunda paranoia del régimen venezolano, incluso cuando la vida de sus ciudadanos pende de un hilo. Su testimonio no solo expone la obstrucción a la labor humanitaria, sino que también subraya una constante preocupación en Venezuela: la prevalencia del control político y militar sobre las necesidades más apremiantes de la población.

La denuncia de Larmanda, hecha pública en una entrevista con la periodista Carla Angola, detalla cómo cuatro miembros cruciales de su equipo —dos médicos y dos ingenieros estructurales— fueron impedidos de reingresar a la zona de operaciones en La Guaira tras salir temporalmente, a pesar de la urgencia de su experticia en un escenario de desastre. "Nosotros somos 44. De los 44 perdimos a 4 porque salieron de la zona y los militares no los dejaron entrar", relató el rescatista, frustrado por la ineficacia de sus gestiones, que incluyeron intentos de diálogo con altos mandos militares sin éxito.

Este incidente, de por sí grave, no fue el único. Larmanda describió otro episodio donde la documentación de un rescate vital fue comprometida. Tras lograr sacar a un adolescente de 14 años con graves lesiones por aplastamiento, un "síndrome compartimental" que ponía en riesgo su vida, era imperativo compartir un video del estado del joven con un médico ubicado al otro lado de un punto de control. Sin embargo, un militar confiscó el teléfono, revisando "prácticamente todas las fotos" antes de devolverlo. Una acción que, más allá de la invasión a la privacidad, retrasó una evaluación médica crítica en una situación de vida o muerte. "El militar que estaba afuera nos quitó el teléfono para revisar qué estábamos grabando", afirmó Larmanda, describiendo la tensión y el absurdo de la situación.

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La Sombra de la Desconfianza: Un Patrón Recurrente

La explicación extraoficial que recibieron los rescatistas sobre la prohibición de acceso y el celo en la revisión de sus materiales fue la "paranoia con el tema del espionaje". Una excusa que, si bien suena inverosímil en el contexto de una misión humanitaria, resuena con fuerza en la Venezuela contemporánea. El régimen ha cultivado durante años una narrativa de asedio y conspiración externa, donde cualquier presencia extranjera, sea periodística, humanitaria o diplomática, es vista con recelo y potencial amenaza. La confusión de la bandera chilena con la estadounidense, un "error tan básico" según Larmanda, es un reflejo de esta mentalidad: cualquier símbolo que pueda asociarse a una potencia extranjera es susceptible de generar sospecha, incluso cuando la evidencia apunta a una misión de auxilio desinteresado.

Esta "paranoia" no es un fenómeno nuevo ni aislado. Desde hace más de una década, el gobierno venezolano ha implementado una política de estricto control sobre la cooperación internacional y las organizaciones no gubernamentales (ONGs). Muchas ONGs internacionales han enfrentado obstáculos burocráticos, restricciones de movimiento y, en algunos casos, la expulsión directa. La narrativa oficial a menudo las tilda de "agentes de injerencia" o "financiadoras de la oposición", desvirtuando su labor y dificultando la llegada de ayuda vital a una población que, incluso antes de los terremotos, ya enfrentaba una compleja emergencia humanitaria.

En un país donde la militarización de la sociedad es palpable, con la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) asumiendo roles que tradicionalmente corresponden a la administración civil, la presencia de "un laurel en la gorra, una estrella en su hombro o un arma" puede transformar una situación de auxilio en un campo minado de burocracia y autoritarismo. Larmanda lo resumió con precisión: "Cuando llegamos a una situación de desastre (...) llegamos a una sociedad colapsada. A un policía colapsado, un bombero, un militar (...) y si a eso le sumamos que la persona tiene un laurel en su gorra, una estrella en su hombro o un arma, las cosas se ponen un poco más complejas." La emergencia humanitaria de La Guaira, lejos de ser un catalizador para la cooperación irrestricta, se ha convertido en otro escenario donde el control estatal y la desconfianza priman sobre la vida humana.

Implicaciones de una Obstrucción Inaceptable

Las denuncias de Topos Chile tienen profundas implicaciones en varios frentes, afectando no solo la respuesta inmediata a la catástrofe sino también la percepción global de Venezuela y el futuro de la ayuda humanitaria en el país.

1. Implicaciones Humanitarias: La consecuencia más directa y trágica de esta obstrucción es el impacto en las víctimas. Impedir el acceso a médicos e ingenieros estructurales en una zona de desastre es un sabotaje directo a los esfuerzos de rescate y atención médica. En situaciones de terremoto, cada minuto cuenta; la detección temprana de lesiones, la estabilización de estructuras y la atención especializada pueden significar la diferencia entre la vida y la muerte. La denuncia sobre el adolescente con síndrome compartimental ilustra la urgencia: el retraso en la evaluación médica por una revisión arbitraria de un teléfono es una flagrante violación de los principios de humanidad y neutralidad que rigen la ayuda humanitaria. Este tipo de incidentes no solo prolonga el sufrimiento de los afectados, sino que también puede aumentar la cifra de víctimas. Además, genera un efecto disuasorio para futuras misiones internacionales, que podrían dudar en enviar personal a un país donde su seguridad y la eficacia de su trabajo están comprometidas por la arbitrariedad de las autoridades.

2. Implicaciones Políticas y Geopolíticas: A nivel político interno, la actuación de los militares refuerza la imagen de un Estado que prioriza la seguridad y el control sobre el bienestar de sus ciudadanos. La insistencia en la "paranoia del espionaje" revela una profunda inseguridad del régimen, que ve amenazas incluso en aquellos que ofrecen ayuda desinteresada. Esto socava la confianza en las instituciones venezolanas, particularmente en la FANB, que en lugar de ser un facilitador, se convierte en un obstáculo para la recuperación nacional. Internacionalmente, este tipo de denuncias dañan aún más la reputación de Venezuela. En un momento en que el país necesita desesperadamente apoyo y solidaridad, la obstrucción a la ayuda humanitaria proyecta una imagen de intolerancia y autoritarismo. Esto puede tener repercusiones en la obtención de futuros fondos, recursos y cooperación internacional, aislando aún más a Venezuela en la escena global.

3. Implicaciones Sociales: Para la población venezolana, especialmente para los afectados en La Guaira, esta situación es devastadora. Ver cómo la ayuda que podría salvar vidas es obstaculizada por sus propias autoridades genera frustración, desesperanza y una profunda desconfianza en el sistema. La percepción de que el gobierno está más preocupado por controlar la información y las narrativas que por atender las necesidades urgentes de su gente erosiona aún más el ya frágil tejido social. Además, la militarización de la respuesta a desastres naturales, donde los militares asumen un rol dominante y autoritario, puede generar temor y resentimiento en lugar de la coordinación y el alivio que se esperan en estas circunstancias.

4. Implicaciones para la Libertad de Expresión y la Transparencia: El incidente de la revisión del teléfono móvil es un ataque directo a la documentación de los hechos y a la transparencia. En un desastre natural, la capacidad de registrar lo que sucede, tanto para fines médicos como para la rendición de cuentas, es crucial. La interferencia militar en la documentación de un rescate crítico es una extensión de la política de control de la información que el régimen ha aplicado sistemáticamente contra periodistas y ciudadanos. En un país donde la libertad de prensa es constantemente asediada, este episodio subraya cómo el control se extiende incluso a los esfuerzos humanitarios, buscando moldear la narrativa y ocultar posibles deficiencias o abusos. "Libertad VZLA" reitera la importancia inquebrantable de la documentación y el libre flujo de información, incluso, y quizás especialmente, en tiempos de crisis, para garantizar la transparencia y la rendición de cuentas.

Un Llamado a la Razón y la Humanidad

La denuncia de Topos Chile es un espejo que refleja las profundas contradicciones de un régimen que, por un lado, clama por soberanía, pero por el otro, impide la ayuda desinteresada en momentos de extrema necesidad. La tragedia de los terremotos en La Guaira debería ser un punto de unión, un momento para dejar de lado las diferencias políticas y priorizar la vida humana. Sin embargo, los testimonios de rescatistas como Francisco Larmanda demuestran que, incluso ante la adversidad más cruda, la lógica del control y la desconfianza prevalece.

Desde "Libertad VZLA", hacemos un llamado urgente a las autoridades venezolanas para que reconsideren sus políticas y permitan el acceso irrestricto y seguro a todas las organizaciones humanitarias. La vida de los venezolanos no puede ser rehén de la paranoia política. Es imperativo que se respeten los principios humanitarios de neutralidad, imparcialidad e independencia. Solo así se podrá garantizar una respuesta eficaz y humana a la devastación, y se podrá empezar a reconstruir no solo las infraestructuras, sino también la confianza en un país que merece toda la ayuda posible en sus momentos más difíciles. El bienestar de los ciudadanos debe ser la única prioridad, y la libertad de auxiliar, un derecho inalienable.