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“Nos dan teteros preparados, pero apenas podemos lavar los envases”, refugiada en el Parque del Oeste

“Nos dan teteros preparados, pero apenas podemos lavar los envases”, refugiada en el Parque del Oeste

Hasta este jueves más de mil niños, niñas y adolescentes (entre ellos lactantes), permanecen en carpas y durmiendo sobre colchonetas . Caracas. Alexandra le dio pecho a su bebé de cinco meses y la puso a reposar en sus piernas. La joven, cansada, estaba sentada en una silla de plástico dentro del campamento morado, un espacio […] La entrada “Nos dan teteros preparados, pero apenas podemos lavar los envases”, refugiada en el Parque del Oeste aparece primero en Crónica Uno - Los hechos como son

Luis Sambrano
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Luis Sambrano

Fundador y editor4 jul. 2026

En el corazón de Caracas, un espacio que alguna vez fue sinónimo de recreación y esparcimiento se ha transformado en el hogar improvisado para cientos de familias venezolanas. El Parque del Oeste Alí Primera, epicentro de la vida social en Catia, ahora alberga un campamento de refugiados donde madres como Alexandra y Daniela luchan día a día por la supervivencia de sus hijos, enfrentando la precariedad y el trauma de haberlo perdido todo tras los devastadores terremotos del pasado 24 de junio. La imagen de una madre con su bebé en brazos, intentando conciliar el sueño sobre una colchoneta húmeda, encapsula la cruda realidad de una emergencia que puso al descubierto las vulnerabilidades más profundas de una sociedad ya golpeada.

El Parque: De Oasis Urbano a Refugio Precario

Los sismos que sacudieron con fuerza el centro del país hace semanas reabrieron heridas antiguas y crearon nuevas cicatrices en el tejido social. En parroquias densamente pobladas como Sucre, en Caracas, y en amplias zonas del estado La Guaira, miles de viviendas, muchas de ellas construidas sin las medidas de seguridad adecuadas, sufrieron daños estructurales graves. Techos que amenazaban con colapsar y paredes agrietadas obligaron a familias enteras a abandonar sus hogares en la oscuridad de la noche, llevando consigo solo lo esencial. Fue así como el Parque del Oeste Alí Primera se convirtió en un centro de contingencia, un "campamento morado" donde la esperanza se mezcla con la desesperación.

Alexandra, una joven madre de Propatria, llegó al parque con su bebé de apenas cinco meses. Su casa, su refugio, había quedado destrozada. "Agarré pocas cosas, unas cobijitas y la ropita de la bebé. Estamos aquí solas", relata con la voz cansada, mientras mece a su pequeña en sus piernas. La vida en el campamento, aunque ofrece una relativa seguridad frente a las constantes réplicas, está lejos de ser un alivio. Las condiciones de hacinamiento son una constante, y la falta de servicios básicos continuos, especialmente el agua corriente, convierte cada jornada en un desafío. "En estos días, con la lluvia se me mojó la colchoneta y no podía dormir así con la pequeña. Tuve que pelear por otra", confiesa, revelando la lucha diaria por una dignidad mínima en medio de la intemperie. La grama, que antes invitaba al descanso, ahora es el suelo sobre el que duermen, expuestos al sol inclemente, las moscas y los zancudos, una realidad que irrita y afecta a los más pequeños.

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El Dilema de la Alimentación Infantil: Entre la Urgencia y la Salud

La alimentación de los lactantes se ha convertido en uno de los desafíos más complejos y sensibles dentro del campamento. Alexandra, por ejemplo, combina la lactancia materna con la leche de fórmula. Si bien reciben teteros ya preparados, la tarea de esterilizar los biberones por su cuenta se vuelve una odisea. "Solo puedo lavarlos con un poco de agua, y me resulta imposible esterilizarlos como acostumbraba en mi casa", explica, evidenciando el riesgo latente de enfermedades en un entorno donde la higiene es precaria.

A pocos pasos, Daniela Rodríguez, una joven madre proveniente de La Guaira, comparte un testimonio diferente. Su hija, de un año, se alimenta exclusivamente de leche materna. "No toma más nada, solo teta, hasta para dormir", dice, aferrando a su pequeña al pecho. Aunque la lactancia materna ofrece una barrera natural contra muchas de las adversidades del campamento, Daniela también enfrenta la precariedad del entorno. "No todos los días la he podido bañar, hay mucha dificultad para asearse", confiesa, reflejando el agotamiento emocional y físico que conlleva vivir en estas condiciones.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) subraya la importancia vital de la lactancia materna en situaciones de emergencia. Proporciona nutrición confiable y protección contra enfermedades infecciosas sin necesidad de agua potable, utensilios o electricidad, elementos escasos en el parque. Sus principios rectores para la alimentación en emergencias recomiendan la lactancia exclusiva hasta los seis meses y fomentar la lactancia frecuente hasta los dos años o más. Además, advierten sobre la necesidad de controlar estrictamente la distribución y uso de fórmulas lácteas en estos entornos. Sin embargo, la realidad en el campamento se impone. Carla, quien está embarazada de ocho meses y tiene una niña de un año, agradece la llegada de las fórmulas y los teteros preparados. "Los hacen en la cocina y los traen listos para dárselos, además nos regalan fórmulas para reforzar, no me puedo quejar. Nos están dando la colaboración", afirma, mostrando la gratitud por una ayuda que, aunque rompa los manuales internacionales, es un salvavidas inmediato.

La Fragilidad de la Salud y la Dignidad en la Adversidad

Más allá de la disponibilidad de alimentos, el estrés físico, emocional y psicológico del desplazamiento impacta directamente en la producción de leche materna, una situación alarmante si se considera que esta se adapta a las necesidades del niño y aporta anticuerpos esenciales. Un informe de UNICEF de 2021, "Los obstáculos ocultos de la lactancia materna para las madres refugiadas", advierte que una producción insuficiente puede tener consecuencias devastadoras para el desarrollo físico y mental de los niños, incluyendo el retraso en el crecimiento.

La crisis de salubridad agrava aún más el panorama. La ausencia de agua potable directa o almacenada adecuadamente expone a madres y bebés a brotes de diarrea y vómitos, amenazas constantes en un ambiente de hacinamiento. Afortunadamente, "aquí están pendientes de los niños, si tienen algún síntoma de inmediato los atienden y les dan medicinas", asegura una de las afectadas, lo que demuestra que, dentro de la precariedad, existe un esfuerzo por mitigar los riesgos más inmediatos. Sin embargo, el suelo y el clima dictan la rutina: los bebés, irritados por el calor y el sol, duermen sobre colchonetas tendidas directamente sobre la grama, expuestos a los elementos, en una imagen que grita la necesidad de soluciones más dignas y sostenibles.

La historia de Alexandra, Daniela y Carla es la de cientos de madres venezolanas que, tras la furia de la naturaleza, se encuentran en una encrucijada. Su resiliencia es innegable, su amor por sus hijos, la fuerza que las impulsa a seguir adelante. Pero la vida en un campamento, por más bien intencionada que sea la ayuda, no puede ser una solución a largo plazo. Es un recordatorio doloroso de la fragilidad humana ante el desastre y de la urgente necesidad de garantizar no solo la supervivencia, sino también la dignidad y el bienestar integral de los más vulnerables, especialmente de los niños, cuyo futuro depende de las condiciones que les ofrezcamos hoy. La reconstrucción de sus vidas, de sus hogares, y la garantía de un entorno seguro y saludable, son tareas pendientes que exigen atención inmediata y sostenida.