Muere la primera mujer en cárcel La Crisálida por falta de atención médica
Caracas.- La crisis sanitaria en las cárceles venezolanas cobró una nueva vida. El Observatorio Venezolano de Prisiones (OVP) informó este 20 de junio sobre el fallecimiento de Fabiana Desirée Páez Fernández, quien se encontraba recluida en el Centro de Formación para Procesadas Femeninas La Crisálida, en Los Teques, estado Miranda. Páez Fernández presentaba insuficiencia respiratoria
Caracas, Venezuela. La vida de Fabiana Desirée Páez Fernández se extinguió en el Centro de Formación para Procesadas Femeninas La Crisálida, en Los Teques, estado Miranda, marcando una dolorosa primicia: es la primera muerte documentada en este penal desde su inauguración en 2018. Su deceso, ocurrido este mes de junio, no es un hecho aislado, sino la trágica culminación de una negligencia sistemática que carcome los cimientos del sistema penitenciario venezolano y pone en entredicho el compromiso del Estado con los derechos humanos fundamentales. La denuncia, elevada por el Observatorio Venezolano de Prisiones (OVP), pinta un cuadro desolador de las condiciones de reclusión y la falta de atención médica que impera tras las rejas.
Fabiana Páez Fernández padecía de insuficiencia respiratoria y otras patologías que, según el OVP, no recibieron la atención médica integral y oportuna que su condición requería. Su muerte no es solo una estadística, sino el testimonio más reciente de un sistema que condena a los privados de libertad a una lenta agonía, despojándolos de su dignidad y del derecho más básico: el derecho a la salud y a la vida. Este lamentable suceso eleva a 26 la cifra de personas fallecidas bajo custodia del Estado en lo que va de año, evidenciando una crisis humanitaria que se agrava día a día, lejos de la mirada pública y de la rendición de cuentas.
La Crisálida: Un Centro de Detención Convertido en Jaula de Agonía
La Crisálida, que en 2018 fue concebida como un centro para procesadas femeninas, se ha transformado en un epicentro de violaciones a los derechos humanos. Ubicada en la antigua sede del Internado Judicial de Los Teques, alberga actualmente a aproximadamente 320 mujeres, entre las cuales se encuentran tanto presas políticas como presas sociales. La sobrepoblación es un problema crónico que se ha exacerbado con las detenciones masivas ocurridas en el contexto de las tensiones políticas y electorales recientes, generando un hacinamiento crítico que sobrepasa cualquier estándar internacional de reclusión digna.
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Las condiciones de vida reportadas por el OVP son infrahumanas. La escasez de recursos básicos es tan severa que las reclusas recibían apenas un envase de agua para su aseo personal y el lavado de su ropa. Esta carencia no solo atenta contra la higiene y la salud de las internas, sino que también las expone a enfermedades infecciosas y a la proliferación de patologías cutáneas y respiratorias, creando un caldo de cultivo para tragedias como la de Fabiana Páez. La falta de acceso a agua potable, saneamiento adecuado y atención médica son violaciones directas de las Reglas Mínimas de las Naciones Unidas para el Tratamiento de los Reclusos, conocidas como las Reglas Mandela, que establecen principios fundamentales para el trato humano de las personas privadas de libertad.
El fallecimiento de Fabiana Páez Fernández no es un caso aislado, sino parte de un patrón alarmante. El OVP ha documentado otras muertes recientes bajo custodia estatal, como la de Yosevet de Jesús Lozada en la cárcel de Rodeo III y la de Alberto Rafael Solarte Cabrera en el Centro de Reclusión Dr. Francisco Delgado (antigua cárcel de El Marite), en el estado Zulia. Estos decesos son un eco constante de un sistema penitenciario en colapso, donde la salud y la vida de los reclusos se encuentran en constante peligro.
Un Patrón de Negligencia y Violación Sistemática de Derechos Humanos
La alarmante cifra de 26 muertes de personas privadas de libertad bajo responsabilidad del Estado venezolano en lo que va de año, se suma a un historial documentado de negligencia. El informe anual del OVP de 2023 ya revelaba que el 95% de los 181 fallecidos en prisión ese año no recibieron la atención médica necesaria. Este porcentaje escalofriante subraya una política de desatención que, lejos de ser un incidente aislado, es una práctica institucionalizada.
La crisis sanitaria en las cárceles venezolanas es un reflejo magnificado de la crisis humanitaria compleja que atraviesa el país. La escasez de medicamentos, la fuga de personal médico, el deterioro de la infraestructura hospitalaria y la falta de insumos básicos que afectan a la población general, se agudizan exponencialmente dentro de los muros penitenciarios. Los centros de reclusión, que deberían ser lugares de resguardo y rehabilitación, se han convertido en focos de enfermedad y muerte, donde la condena judicial se transforma en una pena de muerte silenciosa.
El Estado venezolano, al privar de libertad a una persona, asume la responsabilidad ineludible de garantizar su vida, su integridad física y mental, y su acceso a la salud. El incumplimiento de esta obligación constitucional y de los tratados internacionales de derechos humanos ratificados por Venezuela, como el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y la Convención Americana sobre Derechos Humanos, configura una grave violación de los derechos fundamentales. La falta de atención médica adecuada no solo es una omisión, sino una forma de trato cruel, inhumano y degradante.
Implicaciones: Más Allá de los Muros de la Prisión
La muerte de Fabiana Desirée Páez Fernández y el patrón de decesos en las cárceles venezolanas tienen profundas implicaciones en múltiples esferas:
1. Implicaciones Humanitarias y de Derechos Humanos: Cada muerte bajo custodia estatal es una mancha indeleble en la conciencia de la nación y una afrenta directa a la dignidad humana. Las organizaciones internacionales de derechos humanos, como la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, han expresado reiteradamente su preocupación por la situación en las cárceles venezolanas. La impunidad ante estas muertes erosiona aún más el ya debilitado estado de derecho en el país y fomenta un ciclo de abusos. La comunidad internacional tiene la obligación moral y legal de seguir monitoreando y denunciando estas violaciones.
2. Implicaciones Políticas y Legales: La persistencia de estas condiciones y muertes evidencia la incapacidad o la falta de voluntad del gobierno para abordar la crisis penitenciaria. Esto genera un escrutinio internacional cada vez mayor y puede fortalecer los argumentos para investigaciones y acciones ante instancias como la Corte Penal Internacional, que ya examina la situación de Venezuela. Internamente, la falta de transparencia y la ausencia de rendición de cuentas por parte de las autoridades penitenciarias y de justicia, profundizan la desconfianza ciudadana en las instituciones del Estado. La inclusión de "presas políticas" en La Crisálida, en el contexto de las detenciones post-electorales, añade una capa de preocupación sobre la instrumentalización del sistema judicial y penitenciario para reprimir la disidencia.
3. Implicaciones Sociales y de Salud Pública: La crisis carcelaria no es un problema aislado de los reclusos; es un problema de salud pública y social que afecta a toda la nación. Las enfermedades que se propagan en las prisiones, la falta de higiene y la desnutrición pueden tener ramificaciones fuera de los muros, afectando a las familias de los internos y a la sociedad en general. Además, la deshumanización de los privados de libertad perpetúa un ciclo de violencia y marginalización que dificulta cualquier proceso de reinserción social. La sociedad venezolana, ya golpeada por una profunda crisis económica y social, ve cómo sus ciudadanos, incluso aquellos que han cometido errores, son abandonados a su suerte en condiciones que desafían cualquier principio de humanidad.
4. Implicaciones para la Justicia y la Rehabilitación: Un sistema penitenciario que no garantiza la vida y la salud de sus internos no puede cumplir con su función de justicia y rehabilitación. La sobrepoblación y el hacinamiento impiden cualquier programa de formación o reinserción. La prioridad se reduce a la supervivencia, no a la resocialización. Esto significa que, incluso aquellos que eventualmente recuperen su libertad, lo harán con traumas físicos y psicológicos profundos, y con pocas herramientas para reintegrarse productivamente a la sociedad.
Un Llamado Urgente a la Humanidad y la Justicia
La muerte de Fabiana Desirée Páez Fernández en La Crisálida es un grito silencioso que resuena en los pasillos de la injusticia venezolana. El Observatorio Venezolano de Prisiones ha exigido al Estado garantizar atención médica especializada y urgente para la población de La Crisálida y de todos los centros de reclusión del país, con el fin de evitar nuevas tragedias. Esta exigencia no es solo de una organización no gubernamental; es un clamor por la humanidad y la justicia que debe ser escuchado y atendido de manera inmediata.
Como "Libertad VZLA", reiteramos nuestro compromiso inquebrantable con la libertad de expresión y la defensa de los derechos humanos. Es nuestra labor denunciar estas realidades, dar voz a quienes han sido silenciados y exigir transparencia y rendición de cuentas a las autoridades. La vida de Fabiana Páez Fernández, y la de tantos otros que han perecido en las cárceles venezolanas, no puede ser en vano. Su memoria debe ser un catalizador para un cambio urgente y profundo en un sistema penitenciario que ha olvidado su propósito fundamental y que, en lugar de justicia, reparte sufrimiento y muerte. La humanidad de una sociedad se mide por cómo trata a sus más vulnerables, y en Venezuela, el espejo de sus cárceles refleja una imagen perturbadora y dolorosa.