Durante más de tres décadas, en los barrios venezolanos se ha estado registrando algo más que datos: emociones, vínculos y formas de sobrevivir en medio de la precariedad. En ese territorio cotidiano, el Centro de Investigaciones Populares se convirtió en un observatorio privilegiado para entender cómo piensa y siente en las zonas más populares.
Una de las investigadoras que ha acompañado ese proceso es Mirla Pérez. Su trabajo ha estado centrado en seguir la evolución emocional de quienes habitan las zonas más empobrecidas del país —un poco más de la mitad de la población—, a través de estudios cualitativos sostenidos en el tiempo: grupos focales, entrevistas en profundidad y monitoreos periódicos que permiten captar cambios sutiles pero decisivos.
Con el tiempo, el trabajo del centro trascendió el ámbito académico: sus lecturas sobre el comportamiento social sirvieron de referencia para élites, analistas y medios de comunicación interesados en entender la orientación de las mayorías en distintos momentos del país.
Pregunta. ¿Cómo interpreta el momento político actual la población venezolana más empobrecida?
Respuesta. La situación económica de las capas bajas de la población venezolana es ahora muy difícil. Si en las clases medias están luchando por no dejar de comer carne, la gente pobre no tiene qué comer. Este es un fenómeno reciente; en las últimas décadas, incluso con Hugo Chávez, mal que bien, en los barrios se comía. La gente no se muere de hambre porque los lazos solidarios siguen siendo muy fuertes en esos entornos, familiares, vecinales y religiosos. Contrariamente a lo que se cree, a la gente no le gusta depender de las ayudas oficiales. La gente las usa porque no consigue trabajo.
P. ¿Cuál es el arraigo actual del estado comunal en estos espacios, que fueron fuente de poderío electoral para el chavismo?
R. El estado comunal fue ingresando a la realidad de las barriadas venezolanas en 2006. Se fue perfeccionando con los años, pero ese diseño nunca encajó del todo en la realidad de las barriadas, cuya vida es comunitaria, no comunal. El modelo comunal terminó imponiéndose, y la vida comunitaria de las barriadas, pues sirviéndose de ellas en principio, instrumentalizando algunos de esos ofrecimientos de corte ideológico. Pero a la gente siempre le importaba que estos diseños comunales no interfirieran en su manera de vivir. Eso, y la crisis económica, hizo que muchas personas comenzaran a alejarse de estos ensayos. La participación comenzó a disminuir lentamente, hasta que llega el 2024, el año de las elecciones presidenciales, en el cual a todo el mundo le quedó claro cómo el llamado Poder Comunal fomentaba la delación, la represión y el control político.


