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Médicos advierten que el problema más urgente son las infecciones por heridas

Médicos advierten que el problema más urgente son las infecciones por heridas

Advierten que los extensos daños a la infraestructura podrían alimentar brotes de enfermedades en las comunidades más afectadas.

Luis Sambrano
Por

Luis Sambrano

Fundador y editor2 jul. 2026

Una semana ha transcurrido desde que la tierra venezolana se sacudió con una furia inusitada, dejando tras de sí un rastro de destrucción y desesperación. Los "terremotos gemelos" del 24 de junio no solo derribaron estructuras y cobraron vidas, sino que han desnudado una realidad aún más cruda: la fragilidad de un sistema de salud que, ya en terapia intensiva, ahora enfrenta una amenaza silenciosa pero letal. Médicos y trabajadores humanitarios advierten que, más allá de los traumas iniciales, el problema más urgente son las infecciones por heridas y las enfermedades asociadas a las precarias condiciones de los miles de desplazados, una crisis que, de no ser controlada, podría sumar muchas más víctimas a las ya devastadoras cifras.

Con al menos 2.295 muertos y más de 11.000 heridos, según cifras oficiales, la magnitud de la tragedia es innegable. Sin embargo, la atención se desplaza ahora hacia una segunda ola de emergencia, una que se gesta en los refugios improvisados, en la falta de agua potable y en la acumulación de escombros y residuos. Tal como lo señaló la agencia AP, miles de venezolanos duermen a la intemperie o en albergues atestados, una situación que, para el Dr. Eugenio Cova, jefe de la unidad de traumatología del Hospital del Oeste “Dr. José Gregorio Hernández” en Caracas, representa un cambio de fase en la crisis médica. "Ya pasamos el período de los traumas complejos —que van a seguir llegando—, pero ahora vienen complicados con infecciones", sentenció Cova, poniendo el foco en la exposición prolongada de los heridos a un entorno contaminado.

Un Sistema de Salud al Límite, Antes y Después del Desastre

La advertencia de los médicos no surge en un vacío. El sistema de salud venezolano ha estado en colapso progresivo durante más de una década, mucho antes de que estos sismos históricos golpearan el país. Años de profunda crisis económica, caracterizados por la hiperinflación, la corrupción y la desinversión estatal, han desmantelado lo que alguna vez fue una robusta red de atención sanitaria. La escasez crónica de medicamentos, insumos médicos básicos como antibióticos, analgésicos, sueros, jeringas y guantes, se ha convertido en la norma, no en la excepción. Los quirófanos operan con equipos obsoletos o inoperantes, y las unidades de cuidados intensivos carecen de la capacidad necesaria para atender casos complejos.

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Esta precariedad se ha visto agravada por la masiva emigración de profesionales de la salud. Miles de médicos, enfermeros y especialistas han abandonado el país en busca de mejores condiciones de vida y de trabajo, huyendo de salarios irrisorios que no les permiten cubrir sus necesidades básicas y de la frustración de no poder ejercer su profesión con dignidad y con los recursos necesarios. Los hospitales públicos, que antes contaban con personal altamente calificado, ahora luchan por mantener sus servicios con plantillas reducidas y agotadas. La infraestructura hospitalaria, por su parte, sufre de un deterioro alarmante: fallas en el suministro de agua y electricidad, falta de mantenimiento, y la proliferación de condiciones insalubres son una constante.

En este contexto, la emergencia post-terremoto es un golpe devastador. Los heridos llegan a centros de salud que ya estaban desbordados, sin capacidad para absorber una afluencia tan masiva de pacientes. Las heridas abiertas, las fracturas expuestas y los traumas por aplastamiento requieren atención inmediata, pero la falta de material para curas, la escasez de antibióticos para prevenir o tratar infecciones, y la insuficiencia de personal para realizar cirugías y seguimientos, convierten la recuperación en un desafío titánico. Las infecciones nosocomiales, aquellas adquiridas en el hospital, también representan un riesgo elevado en un entorno con higiene deficiente y sobrecarga de pacientes.

La Peligrosa Realidad de los Refugios y la Proliferación de Enfermedades

La situación fuera de los hospitales no es menos crítica. Los miles de desplazados, como Charles Cordero en La Guaira, cuya casa presenta daños y desconoce cuándo podrá regresar, se encuentran en una situación de extrema vulnerabilidad. Duermen en polideportivos abarrotados, en campamentos improvisados o incluso a la intemperie. Las imágenes de personas descansando en el suelo de un polideportivo, como las compartidas por EFE, ilustran la dramática realidad.

En estos entornos, la falta de acceso a agua potable es uno de los factores de riesgo más alarmantes. El agua contaminada es el caldo de cultivo ideal para enfermedades gastrointestinales como el cólera, la fiebre tifoidea, la hepatitis A y las diarreas agudas, que pueden ser mortales, especialmente para niños y ancianos. La Guaira, una zona costera, es particularmente susceptible a la interrupción de servicios básicos en caso de desastres naturales.

Además, las pésimas condiciones sanitarias se extienden a la gestión de residuos. Veronique Durroux, portavoz de la agencia humanitaria de la ONU para América Latina y el Caribe, lo ha advertido claramente: "La gestión de residuos es un problema. La gestión de escombros, cuando se ve la magnitud de la devastación, es muy preocupante". La acumulación de basura y escombros no solo dificulta el paso y las labores de rescate, sino que crea focos de insalubridad que atraen roedores e insectos, aumentando el riesgo de brotes de enfermedades transmitidas por vectores, como el dengue, el zika o la malaria, dependiendo de la región y la época del año. El calor tropical de Venezuela exacerba estas condiciones, acelerando la descomposición y la proliferación de patógenos. Las infecciones respiratorias también son una amenaza en espacios cerrados y superpoblados.

Implicaciones: Más Allá de la Tragedia Inmediata

La crisis sanitaria post-terremoto en Venezuela tiene profundas implicaciones a nivel social, económico y político, que van mucho más allá de la emergencia inmediata.

Sociales: La salud pública se encuentra en un punto de inflexión. Si no se logra contener la propagación de infecciones y enfermedades, el país podría enfrentar una epidemia de proporciones catastróficas. La población, ya debilitada por años de malnutrición y estrés, es particularmente vulnerable. Además, el desplazamiento masivo de personas generará problemas de vivienda a largo plazo, interrupción de la educación para miles de niños y un trauma psicológico colectivo que requerirá años de atención. La confianza en las instituciones del Estado se erosiona aún más cuando la respuesta a una catástrofe natural parece insuficiente o ineficiente.

Económicas: La reconstrucción del país será una tarea monumental en una economía ya devastada. El costo de rehabilitar infraestructuras dañadas, de atender la crisis sanitaria y de reubicar a las familias será astronómico. La pérdida de vidas y el número de heridos que quedarán con discapacidades limitarán la productividad de la fuerza laboral, impactando aún más la ya anémica economía. La dependencia de la ayuda humanitaria internacional, aunque necesaria, pone de manifiesto la incapacidad del Estado para proteger a sus ciudadanos, y podría generar debates sobre la soberanía y la apertura del país a la cooperación externa en un contexto de sanciones y aislamiento.

Políticas: La gestión de esta crisis es una prueba de fuego para el gobierno. La transparencia en la información sobre las víctimas, los daños y la distribución de la ayuda es crucial, pero históricamente ha sido un punto débil en Venezuela, donde el acceso a datos fiables a menudo se ve obstaculizado. La capacidad del Estado para coordinar una respuesta efectiva, tanto a nivel nacional como con la comunidad internacional, determinará la percepción de su legitimidad y eficiencia. La presión interna y externa para una gestión transparente y humanitaria será inmensa. Para medios como "Libertad VZLA", la misión de reportar la verdad y dar voz a las víctimas se vuelve más vital que nunca, contrastando con posibles narrativas oficiales que minimicen la magnitud de la tragedia o exalten logros parciales.

Conclusión: La Urgencia de una Respuesta Integral

La emergencia desatada por los terremotos en Venezuela trasciende la catástrofe natural; es una crisis humanitaria que se cierne sobre un país ya de rodillas. La advertencia de los médicos sobre el inminente brote de infecciones no es un llamado de atención más, sino una alerta roja que exige una respuesta integral, coordinada y urgente. La vida de miles de venezolanos depende de ello.

Es imperativo que se establezcan corredores humanitarios expeditos, se garantice el acceso a agua potable y saneamiento en los refugios, se fortalezcan los centros de salud con insumos y personal, y se implementen campañas masivas de vacunación y prevención de enfermedades. La comunidad internacional tiene un papel crucial que desempeñar, pero la voluntad política del gobierno venezolano para aceptar y coordinar esta ayuda es fundamental.

Mientras la tierra se estabiliza, la amenaza invisible de la enfermedad se propaga, recordándonos que la resiliencia del pueblo venezolano, aunque admirable, no puede suplir la ausencia de un Estado fuerte y funcional que garantice los derechos básicos de sus ciudadanos, empezando por el derecho a la vida y a la salud. Desde "Libertad VZLA", seguiremos vigilantes, informando con la verdad y exigiendo la atención que esta crisis merece. La recuperación será larga y dolorosa, pero comienza por reconocer la magnitud de cada desafío, por pequeño o silencioso que parezca.