Los familiares de las víctimas del colapso de las torres de la OPPE 26, en el estado Vargas (La Guaira), organizaron un centro de acopio autogestionado para coordinar la búsqueda de los cuerpos que aún permanecen bajo los escombros. Este espacio, denominado por la propia comunidad como "Máquina de Guerra", funciona como un punto de préstamo de herramientas de construcción y seguridad en la entrada del urbanismo siniestrado, casi un mes después del suceso. De acuerdo con los testimonios de los afectados recabados en el lugar del desastre, la iniciativa surgió ante la necesidad de agilizar los trabajos de remoción de concreto y optimizar los recursos disponibles para las labores de rescate.
Organización civil en el epicentro del desastre
El centro de acopio comunitario se estableció en el acceso principal a las estructuras colapsadas de la OPPE 26. En un lapso de cuatro días, según explicaron los organizadores de la iniciativa, el punto de control se transformó en un almacén improvisado que resguarda implementos esenciales como discos de corte, palas, guantes de protección, martillos, tobos, cascos y otros materiales requeridos para perforar las placas de concreto armado. La dinámica de funcionamiento se basa en un sistema de registro estricto para garantizar que los implementos regresen a su destino y puedan ser utilizados por otros grupos de trabajo en las siguientes jornadas.
La logística del espacio está a cargo de voluntarios y de los propios familiares que permanecen en el área desde el inicio de la emergencia. El procedimiento de préstamo consiste en registrar la identidad de cada trabajador mediante su cédula de identidad, documento que queda en resguardo del centro de acopio mientras se utilizan las herramientas. Al finalizar las extensas jornadas de excavación, que suelen prolongarse hasta las tres o cuatro de la mañana, los voluntarios devuelven los documentos de identidad a medida que reciben los picos, palas e insumos de vuelta.
Esta estructura de trabajo resolvió una de las principales dificultades físicas que enfrentaban los rescatistas civiles durante las primeras tres semanas posteriores al desplome. Anteriormente, los familiares debían caminar una distancia de 1200 metros bajo las altas temperaturas de la costa de La Guaira para trasladarse desde la OPPE 26 hasta el campo de Golf de Caraballeda, lugar donde se encuentra el refugio temporal y donde se les facilitaban algunos implementos básicos. Este trayecto diario generaba un desgaste físico adicional que reducía el tiempo efectivo de trabajo en el sitio del colapso.


