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Mapas de Poder | ¿Qué sacan de las ruinas de Vargas?

Mapas de Poder | ¿Qué sacan de las ruinas de Vargas?

Mientras cientos de familias siguen esperando recuperar a sus seres queridos entre los escombros que dejó el doblete sísmico en La Guaira, una serie de denuncias comenzó a repetirse en distintos edificios: sobrevivientes y vecinos aseguran que, antes que rescatar personas, algunas autoridades retiraban cajas fuertes, maletas y otras pertenencias. ¿Se trata de hechos aislados

Luis Sambrano
Por

Luis Sambrano

Fundador y editor5 jul. 2026

La Guaira bajo escombros: ¿Rescate de vidas o saqueo de fortunas?

Caracas, Venezuela. En medio del dolor y la desesperación que siguen al doblete sísmico que sacudió La Guaira, dejando a cientos de familias en la angustia de buscar a sus seres queridos entre las ruinas, una sombra aún más perturbadora se cierne sobre la tragedia. Denuncias recurrentes desde el epicentro del desastre apuntan a una realidad macabra: mientras la prioridad humanitaria era el rescate de vidas, algunas autoridades habrían estado, presuntamente, dedicadas a la extracción de cajas fuertes, maletas y otras pertenencias de valor de los edificios colapsados.

Esta alarmante situación, que plantea la escalofriante pregunta de si se trata de hechos aislados o de un patrón sistemático de saqueo en medio de la desgracia, es el foco de la más reciente investigación de "Mapas de Poder", el programa insignia de El Pitazo. Un trabajo periodístico que no solo busca reconstruir una cronología de los primeros días post-terremoto, sino también desentrañar por qué el estado Vargas ha sido, históricamente, un epicentro estratégico para ocultar bienes de alto valor, y cómo estas "caletas" han evolucionado hasta convertirse en complejos sistemas para resguardar desde efectivo hasta criptomonedas e información sensible. La revelación de estas prácticas, de confirmarse, no solo representa una traición a la confianza pública en un momento de vulnerabilidad extrema, sino que expone las profundas grietas de corrupción e impunidad que carcomen las instituciones venezolanas.

La Guaira: Un escenario de tragedia y un enclave estratégico

El "doblete sísmico" que azotó La Guaira ha sumido a la región en una crisis humanitaria y de infraestructura. La imagen de edificios derrumbados, calles intransitables y la búsqueda desesperada de sobrevivientes y cuerpos entre los escombros es una estampa de devastación que, lamentablemente, no es ajena a la historia de este estado costero. Vargas, con su ubicación privilegiada como puerta de entrada y salida del país, su puerto internacional y su cercanía a la capital, Caracas, ha sido siempre un punto neurálgico para el comercio legítimo, pero también, y de forma preocupante, para actividades ilícitas.

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Esta dualidad histórica es crucial para entender la gravedad de las denuncias. La Guaira no es solo un destino turístico o un centro poblado; es un territorio con una densidad de propiedades de alto valor, algunas de ellas utilizadas como residencias de verano, oficinas discretas o, presumiblemente, como escondites para activos derivados de la corrupción, el narcotráfico y otras operaciones clandestinas. La tragedia de 1999, que arrasó gran parte del estado y lo reconfiguró urbanísticamente, ya había puesto de manifiesto la vulnerabilidad de la zona y la complejidad de su reconstrucción, un proceso que, como muchos otros en Venezuela, estuvo plagado de señalamientos de irregularidades.

En este contexto de reciente desastre, las acusaciones de que ciertos individuos, investidos de autoridad, hayan priorizado la recuperación de objetos de valor sobre la búsqueda de vidas humanas, es un golpe demoledor para la moral pública. Testimonios de sobrevivientes y vecinos, recogidos por el equipo de El Pitazo, pintan un cuadro donde la lógica humanitaria fue pervertida por la avidez. La pregunta central que guía la investigación es lapidaria: ¿se trata de la acción aislada de unos pocos desalmados, o existe un esquema organizado que se activa ante la calamidad para capitalizar la desgracia ajena? La mera posibilidad de un patrón sugiere una estructura de corrupción tan arraigada que se atreve a operar incluso en la hora más oscura de una comunidad.

La evolución de las "caletas": Del efectivo a la criptomoneda

El término "caleta" ha adquirido una connotación particular en el argot venezolano, refiriéndose a escondites de dinero o bienes de alto valor, a menudo asociados a actividades ilícitas o a la necesidad de proteger capitales en un entorno de inestabilidad económica y política. Tradicionalmente, una caleta era un hueco en la pared, un doble fondo o un compartimento secreto para guardar fajos de billetes o joyas. Sin embargo, como bien señala la investigación de "Mapas de Poder", la naturaleza de estas "caletas" ha evolucionado significativamente en la Venezuela contemporánea.

En un país con una economía dolarizada de facto, con hiperinflación persistente durante años y controles de capital que han incentivado el mercado negro, la necesidad de "caletear" dinero es una realidad tanto para el ciudadano común que desconfía de los bancos, como para aquellos involucrados en esquemas de corrupción o lavado de dinero. Pero la modernización ha traído nuevas formas de ocultamiento. Hoy, una "caleta" puede no ser un espacio físico, sino una billetera de criptomonedas, un disco duro con información encriptada o un complejo entramado de activos digitales. Estos nuevos formatos, mucho más difíciles de rastrear y de incautar, añaden una capa de complejidad a la investigación de delitos financieros y a la recuperación de bienes robados o malversados.

La Guaira, con su flujo constante de personas y mercancías, sus propiedades de lujo y su relativa discreción en comparación con el bullicio de Caracas, se presta perfectamente como un escenario para este tipo de operaciones. Si a esto le sumamos el caos y la falta de supervisión efectiva que sigue a un desastre natural, el terreno se vuelve fértil para que estas "caletas" sean "rescatadas" por quienes conocen su existencia y tienen la capacidad de acceder a ellas, incluso bajo la fachada de labores de auxilio. Las denuncias sobre "custodia especial" de ciertos edificios y las "restricciones de acceso" a determinadas zonas, como el caso del "Hotel Santuario", no hacen sino reforzar la idea de que existían intereses muy particulares en juego, más allá de la asistencia humanitaria.

Implicaciones: Un golpe a la moral, la política y la economía

Las repercusiones de estas denuncias, de confirmarse, son profundas y multifacéticas, afectando la fibra social, la credibilidad política y la ya precaria economía venezolana.

En el ámbito social, la revelación de que funcionarios o cuerpos de seguridad habrían aprovechado la tragedia para saquear propiedades es un acto de inhumanidad que erosiona lo que queda de confianza en las instituciones del Estado. Para las familias que lo han perdido todo, la idea de que su dolor y su vulnerabilidad fueron explotados es una herida que difícilmente sanará. Genera un profundo sentimiento de desamparo, de que el Estado, en lugar de ser un protector, se convierte en un depredador en el momento de mayor necesidad. Esto puede derivar en una mayor desafección ciudadana, resentimiento y, en última instancia, en un quiebre del tejido social. La moral pública se ve devastada cuando aquellos que deberían ser ejemplos de servicio y sacrificio se muestran como agentes de la codicia.

Políticamente, estas acusaciones refuerzan la narrativa de un Estado sumido en la corrupción y la impunidad. La capacidad de algunos actores para operar con tal descaro en medio de una crisis humanitaria sugiere una red de complicidad y una ausencia de controles internos que es alarmante. Si las autoridades no pueden garantizar la seguridad y el bienestar de sus ciudadanos ni siquiera en momentos de desastre, su legitimidad se ve gravemente comprometida. Esto alimenta la percepción de un sistema donde la ley se aplica de forma selectiva, donde la justicia es un privilegio y donde la rendición de cuentas es una quimera. La falta de transparencia en la gestión de la emergencia, las restricciones a la prensa y la opacidad en la cadena de mando, son caldo de cultivo para que tales abusos florezcan.

Económicamente, las "caletas" son un síntoma de una economía enferma. Representan capitales que no están circulando en la economía formal, evadiendo impuestos y contribuyendo a la informalidad. Si estos bienes son producto de la corrupción o el crimen organizado, su "rescate" en medio de un desastre significa que fortunas ilícitas están siendo protegidas o movidas, perpetuando ciclos de lavado de dinero y enriquecimiento ilícito. En un país con una crisis económica crónica, donde los recursos son escasos y la inversión es vital, la existencia y protección de estos activos "caleteados" desvía fondos que podrían ser destinados a la reconstrucción, la salud o la educación. Además, la impunidad en torno a estos actos envía un mensaje desalentador a cualquier posible inversor o a la ciudadanía que busca construir un futuro más próspero.

El rol inquebrantable del periodismo independiente

Frente a este panorama desolador, el trabajo de medios como El Pitazo, a través de programas como "Mapas de Poder", se vuelve no solo relevante, sino absolutamente indispensable. En un entorno donde la información oficial es a menudo escasa, sesgada o inexistente, el periodismo independiente asume la tarea de ser los ojos y oídos de la sociedad. Recorrer las zonas afectadas, recopilar testimonios de primera mano, reconstruir cronologías y exponer las interrogantes que surgen en el terreno, es un acto de valentía y un compromiso irrenunciable con la verdad.

Desde "Libertad VZLA", reconocemos y celebramos la labor de investigación profunda que permite a la ciudadanía entender las complejas tramas de poder que operan en las sombras, incluso en los momentos de mayor vulnerabilidad. La investigación de "Mapas de Poder" no es solo un reportaje; es una herramienta para la exigencia de justicia y la demanda de rendición de cuentas. Es un recordatorio de que las investigaciones no terminan con la publicación de una nota, sino que a menudo, es allí donde verdaderamente comienzan, abriendo el camino para el debate público y, esperamos, para la acción.

La sociedad venezolana merece respuestas. Merece saber qué sucedió en La Guaira, quiénes son los responsables de estas presuntas acciones deleznables y qué medidas se tomarán para que no se repitan. La transparencia, la verdad y la justicia son pilares fundamentales para la reconstrucción de cualquier nación, y más aún, de una que ha sido tan golpeada por la adversidad y la corrupción. Es el deber de la prensa libre mantener encendida la luz sobre estos oscuros episodios, para que las ruinas de Vargas no solo cuenten la historia de un desastre natural, sino también la de un saqueo moral y material que clama por ser desenmascarado.