Madre de repatriado que murió en terremotos: si no pagaba la cremación me daban las cenizas de cualquiera
Caracas.- Oswadeliz Núñez, madre de Daniel Núñez, quien formaba parte del grupo de 139 repatriados que llegaron a Venezuela el 24 de junio en el vuelo 164 procedente de Miami y estuvo entre las víctimas fatales del doble terremoto que azotó a Venezuela en horas de la tarde, hizo uso de sus redes sociales para
Caracas, Venezuela – La tragedia de los terremotos que sacudieron a Venezuela el pasado 24 de junio ha revelado no solo la vulnerabilidad sísmica del país, sino también la cruda realidad de un sistema estatal que, incluso en los momentos más oscuros, parece incapaz de garantizar la dignidad mínima a sus ciudadanos. La voz de Oswadeliz Núñez, madre de Daniel Núñez, un joven repatriado que encontró la muerte bajo los escombros, se alza como un desgarrador testimonio de desidia, desinformación y, lo más alarmante, una presunta extorsión para asegurar la entrega de las cenizas de su propio hijo. Su denuncia no solo expone un caso individual de dolor, sino que destapa las profundas fallas y la corrupción que permean programas gubernamentales vitales y servicios públicos esenciales en Venezuela.
Daniel Núñez era uno de los 139 venezolanos que regresaron al país en el vuelo 164 desde Miami, un grupo de compatriotas que, bajo el amparo del programa "Vuelta a la Patria", buscaban un nuevo comienzo en su tierra natal. Lo que Daniel encontró fue la muerte y lo que su madre enfrentó fue un laberinto burocrático y moral que culminó con una acusación escalofriante: "Si no pagaba la cremación, me daban las cenizas de cualquiera". Esta frase, más que una anécdota, es un eco de la desesperación y la indignación que se vive en un país donde la confianza en las instituciones ha sido erosionada hasta sus cimientos.
El Programa "Vuelta a la Patria": Una Promesa Rota
El programa "Vuelta a la Patria" fue lanzado por el gobierno de Nicolás Maduro con la promesa de facilitar el retorno de miles de venezolanos que emigraron en busca de mejores oportunidades y que, por diversas razones, deseaban regresar. Presentado como un gesto humanitario y una muestra de la "recuperación" del país, el programa ha sido objeto de críticas por su opacidad, la falta de seguimiento a los repatriados y, en algunos casos, la instrumentalización política de la ayuda. La experiencia de Daniel Núñez y su familia pone en entredicho no solo la eficiencia, sino la verdadera intención humanitaria de esta iniciativa.
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Daniel llegó a Venezuela al mediodía del 24 de junio. Su madre esperaba su reencuentro, un momento de alivio y esperanza tras la separación. Sin embargo, en lugar de ser entregado a su familia, Daniel fue trasladado a un hotel, bajo la justificación de un "show" o protocolo, según relató su madre. "Mi hijo no era un delincuente", exclamó Oswadeliz, reprochando que no le avisaran a los familiares y que no permitieran a Daniel ir directamente a su hogar. La última comunicación con su hijo fue a las 5:25 p.m., minutos antes de que los terremotos sacudieran la región. Daniel le dijo que estaba en un hotel y esperaba salir al día siguiente. Esa llamada sería la última.
El doble terremoto que golpeó a Venezuela en la tarde del 24 de junio, con epicentro en el estado Miranda, causó conmoción y devastación, especialmente en las zonas costeras. La infraestructura precaria y la falta de preparación ante desastres naturales en muchas regiones del país agravaron los efectos del sismo. En este contexto de caos y angustia, la búsqueda de desaparecidos se convirtió en una carrera contra el tiempo, revelando la fragilidad de los sistemas de respuesta y la angustia de las familias.
La Búsqueda y la Mentira del SEBIN
La muerte de Daniel Núñez, producto de un traumatismo generalizado al caerle una placa en la cabeza, según su acta de defunción, fue el inicio de un calvario aún mayor para su madre. Durante cinco días, Oswadeliz y sus allegados buscaron a Daniel incansablemente en hospitales y morgues, aferrándose a la esperanza que les había sido infundida por una fuente oficial: funcionarios del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) les habían asegurado que Daniel había sido rescatado con vida.
Esta desinformación deliberada o producto de una negligencia criminal prolongó la agonía de la familia Núñez, haciéndolos recorrer de morgue en morgue, de hospital en hospital, en una búsqueda infructuosa y dolorosa. La madre de Daniel, una abogada de profesión, se vio atrapada en una telaraña de burocracia y falsas esperanzas tejida por las mismas instituciones que supuestamente deberían proteger y asistir a los ciudadanos. La credibilidad de las fuerzas de seguridad del Estado, ya mermada por años de denuncias de violaciones a los derechos humanos, recibe otro golpe devastador con esta acusación de engaño en un momento de extrema vulnerabilidad.
La Cremación: Un Acto de Dignidad Convertido en Extorsión
La parte más indignante del testimonio de Oswadeliz Núñez es, sin duda, la que concierne a la cremación de su hijo. Después de localizar finalmente el cuerpo de Daniel, la madre se encontró con un nuevo obstáculo, uno que raya en la perversión: para asegurar que le entregaran las cenizas correctas de su hijo, se le exigió un pago.
"Me decían que si yo lo hacía de manera gratuita y lo quería rápido, me podían entregar cualquier ceniza", relató la madre, citando a encargados en el Bolipuerto. Esta afirmación, que sugiere una práctica sistemática y depravada, implica que en el sistema público de cremación, la identificación de los restos no está garantizada a menos que se pague por un servicio privado. En un país donde la mayoría de la población lucha por cubrir sus necesidades básicas, esta situación convierte un rito funerario esencial en un lujo inalcanzable, y la dignidad de los difuntos en una mercancía.
Desesperada por asegurar los restos de su hijo, Oswadeliz tuvo que recurrir a funerarias privadas. Incluso así, le pedían esperar entre dos y tres días. Finalmente, en el Cementerio del Junquito, y a pesar de las mismas advertencias iniciales, logró que le entregaran las cenizas el mismo día, presumiblemente tras realizar el pago exigido. Este episodio no solo es un acto de inhumanidad, sino una clara señal de la corrupción endémica que ha permeado hasta los servicios más sensibles y fundamentales.
Implicaciones: Un Estado Fallido en la Dignidad y la Justicia
El caso de Daniel Núñez y el calvario de su madre tienen profundas implicaciones en varios niveles:
1. Implicaciones Sociales y Humanitarias: La historia es un recordatorio brutal del costo humano de la ineficiencia y la corrupción estatal. La muerte de Daniel, que según su madre pudo haberse evitado si se le hubiese permitido ir a casa, es una tragedia. Pero el trato posterior –la desinformación, la extorsión por las cenizas– es una afrenta a la dignidad humana. Refleja la deshumanización de los procesos estatales y el profundo dolor que se inflige a las familias ya de por sí devastadas por la pérdida. La situación de los repatriados, que regresan buscando seguridad y estabilidad, se ve comprometida por un sistema que los expone a riesgos y abusos.
2. Implicaciones Políticas y de Gobernabilidad: La denuncia de Oswadeliz Núñez pone al programa "Vuelta a la Patria" bajo un escrutinio severo. Si las acusaciones son ciertas, el programa no solo carece de la eficiencia necesaria para gestionar la llegada de ciudadanos, sino que también permite prácticas corruptas. La participación del SEBIN en la propagación de información falsa es extremadamente grave, socavando aún más la ya precaria confianza de la ciudadanía en las fuerzas de seguridad y en el gobierno en general. La falta de rendición de cuentas y la aparente impunidad de estas prácticas hablan de un estado que no cumple con sus responsabilidades básicas hacia sus ciudadanos, incluso en situaciones de emergencia y duelo.
3. Implicaciones Económicas: La obligación de pagar por un servicio que debería ser un derecho básico, o al menos gestionado con integridad, impone una carga económica adicional a familias que ya están en una situación vulnerable. En un contexto de crisis económica profunda, donde los costos funerarios son prohibitivos para muchos, la extorsión por las cenizas es una forma de mercantilización del dolor y la desesperación. Expone una economía informal de la corrupción que opera incluso en los servicios más sagrados, aprovechándose de la vulnerabilidad de las personas.
Un Grito por la Justicia y la Verdad
La abogada Oswadeliz Núñez, a pesar de su inmenso dolor, ha prometido luchar por la justicia. "Esto no se puede quedar así", ha declarado, y su llamado resuena con la necesidad imperiosa de transparencia y responsabilidad en Venezuela. Su testimonio no es solo el lamento de una madre, sino una acusación contundente contra un sistema que ha fallado en proteger a sus ciudadanos, en decir la verdad y en garantizar un final digno.
El caso de Daniel Núñez se suma a la larga lista de tragedias y abusos que han marcado la historia reciente de Venezuela. En un país donde la libertad de expresión y la prensa independiente son constantemente atacadas, historias como esta son vitales para exponer la realidad más allá de la narrativa oficial. "Libertad VZLA" reitera su compromiso con la verdad y con la denuncia de cualquier atropello a la dignidad humana, exigiendo que se investiguen las graves acusaciones de Oswadeliz Núñez y que se establezcan responsabilidades. La memoria de Daniel, y la de tantos otros que han sufrido en silencio, merece justicia, y la sociedad venezolana merece la verdad. La indignación que surge de la ceniza de esta tragedia debe ser el catalizador para un cambio profundo, donde la vida y la dignidad de cada ciudadano sean valores innegociables para el Estado.