La vigésima tercera edición de la Copa Mundial de Fútbol finalizó con la coronación de España, que obtuvo su segundo título tras derrotar a Argentina en el partido decisivo. Este torneo, que se extendió durante 40 días, funcionó como un espacio de tregua y distracción para diversas poblaciones afectadas por crisis humanitarias, conflictos armados y desastres naturales en distintos puntos del planeta. De acuerdo con un análisis publicado por el portal de periodismo ciudadano Runrun.es, el evento deportivo reflejó tanto el crecimiento de la disciplina en nuevos mercados como los severos desafíos logísticos de un torneo multisede y las tensiones que se trasladaron a las plataformas digitales.
El fútbol se consolida como la disciplina más practicada del mundo, con una masa de seguidores estimada entre 3.500 y 4.000 millones de personas de una población global de 8.000 millones, según los datos recopilados por el medio de comunicación de origen. Esta penetración cultural quedó evidenciada en la forma en que se consumieron los encuentros en contextos de alta vulnerabilidad. El reporte de Runrun.es documentó cómo los habitantes de la Franja de Gaza siguieron los partidos en medio de las ruinas, mientras que en Kiev, la capital ucraniana, la población se reunió en establecimientos comerciales para ver las transmisiones a pesar de los bombardeos rusos. Asimismo, en Bangladés se registraron movilizaciones masivas en apoyo a la selección argentina, y en Venezuela, comunidades afectadas por sismos recientes también buscaron espacios de esparcimiento en torno a la competencia.
El debate sobre la expansión del formato y el crecimiento en Norteamérica
Uno de los puntos más discutidos por los especialistas deportivos antes y durante el torneo fue el incremento a 48 selecciones participantes. Aunque diversos sectores de la crítica especializada consideraron excesivo este número en comparación con los formatos históricos, el análisis de Runrun.es defiende la ampliación basándose en el rendimiento mostrado por selecciones de confederaciones tradicionalmente menos favorecidas.
El desempeño de los equipos de la Confederación Africana de Fútbol sirve como argumento para justificar la apertura del torneo. De las nueve selecciones de esa región que asistieron al evento, ocho lograron avanzar de la ronda de doce grupos a las fases de eliminación directa. Entre los hitos destacados de la competición se encuentran la eliminación de Uruguay, dos veces campeona del mundo, a manos de Cabo Verde; el partido disputado por el Congo, que estuvo cerca de superar a Portugal; y el empate técnico que Ghana le propinó a la selección de Inglaterra. Estos resultados demuestran un cierre en la brecha competitiva entre las potencias tradicionales y los países emergentes en el ámbito futbolístico.
De manera simultánea, el torneo evidenció la consolidación del fútbol en mercados donde históricamente no ha sido el deporte predominante, específicamente en Canadá y Estados Unidos. La asistencia multitudinaria a los estadios de estos países se vio potenciada por el impacto mediático y deportivo de la incorporación de Lionel Messi a la Major League Soccer (MLS) en el año 2023. Este factor ha permitido que el fútbol compita de manera más directa en niveles de audiencia y comercialización con disciplinas fuertemente arraigadas en el público norteamericano, tales como el béisbol, el baloncesto y el fútbol americano.



