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Lentitud y reclamos marcan la acreditación de voluntarios en el Poliedro de Caracas

Lentitud y reclamos marcan la acreditación de voluntarios en el Poliedro de Caracas

El Gobierno venezolano instó a los ciudadanos a no trasladarse hasta La Guaira, para no congestionar las vías e interferir en las labores de rescate. Desde el viernes pasado los voluntarios deben un salvoconducto para movilizarse. En el Poliedro de Caracas se puede hacer el registro que respalda la plataforma Patria, para trasladarse como voluntario […] La entrada Lentitud y reclamos marcan la acreditación de voluntarios en el Poliedro de Caracas aparece primero en Crónica Uno - Los hechos como son

Luis Sambrano
Por

Luis Sambrano

Fundador y editor28 jun. 2026

La Guaira, un estado que ha visto su costa y sus comunidades sacudidas hasta los cimientos, busca desesperadamente levantarse de los escombros tras los devastadores terremotos del 24 de junio. Mientras la cifra de fallecidos se eleva a 1450, según reportes oficiales, miles de sus habitantes y voluntarios se encuentran inmersos en una agotadora espera en el Poliedro de Caracas, intentando obtener un salvoconducto que les permita regresar a sus hogares o prestar ayuda en medio de la tragedia.

El Rugido de la Tierra y la Urgencia del Regreso

La magnitud de la catástrofe que azotó el litoral venezolano el pasado 24 de junio, con dos sismos de 7.2 y 7.5, dejó una estela de destrucción incalculable, convirtiendo a La Guaira en el epicentro de la devastación. El impacto fue inmediato y profundo, desdibujando paisajes y vidas. Ante la magnitud del desastre y la necesidad apremiante de organizar las labores de rescate y asistencia, las autoridades gubernamentales instaron a la población a no dirigirse de forma espontánea hacia la zona afectada, con el fin de evitar el colapso de las vías y facilitar el trabajo de los equipos de emergencia.

Esta directriz, aunque comprensible en su intención de ordenar el caos inicial, generó un nuevo desafío para miles de personas: ¿cómo regresar a casa, cómo auxiliar a los suyos, cómo proteger lo poco que quedaba, si el acceso estaba restringido? La respuesta oficial fue la habilitación de un punto de registro en el Poliedro de Caracas, en la parroquia Coche, donde se expedirían salvoconductos respaldados por la plataforma Patria. El objetivo era claro: gestionar el flujo de personas y vehículos, permitiendo el paso solo a quienes contaran con la debida acreditación. Desde el viernes 26 de junio, la autopista Caracas-La Guaira se transformó en una vía exclusiva para ambulancias, vehículos con insumos médicos y funcionarios del Estado, sellando el paso a la gran mayoría de ciudadanos que anhelaban llegar al litoral.

La jornada de registro en el Poliedro, que comenzó oficialmente la tarde del 26 de junio y se extendió hasta las diez de la noche, se convirtió rápidamente en un reflejo de la urgencia y la desesperación que embargaba a la población. El presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, informó el 28 de junio que la cifra de fallecidos ascendía a 1450, una estadística sombría que subraya la magnitud de la tragedia y la necesidad imperiosa de una respuesta ágil y eficiente. A pesar de la afirmación de Rodríguez de que el operativo en el Poliedro había puesto fin al "desorden inicial" y se llevaba a cabo "casi con completo éxito", la realidad sobre el terreno para muchos ciudadanos era una larga y angustiosa espera.

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En los espacios del Poliedro, la atmósfera era de cansancio y preocupación, pero también de una tenaz determinación. Decenas de personas, muchas de ellas obligadas a regresar a Caracas tras ser impedidas de pasar por la autopista, aguardaban bajo el cielo caraqueño. Sus historias eran un eco de la misma necesidad: acceder a La Guaira, a sus hogares, a sus familias. Yenny Ortiz, residente de Tanaguarenas, era una de ellas. Desde tempranas horas de la mañana, se había trasladado a la capital junto a su esposo y su hijo de quince años. Su plan era sencillo, pero vital: dejar al adolescente con parientes en Caracas y regresar de inmediato a Tanaguarenas para resguardar su apartamento, que había quedado vulnerable tras los sismos.

"Necesito sacar el permiso del carro y el salvoconducto para mí y mi esposo", explicó Yenny, con la voz cargada de la ansiedad de quien teme por su patrimonio y su seguridad. "No quiero tomar riesgos en las alcabalas, porque no están dejando pasar a nadie sin los papeles". Su relato era el de muchos: la burocracia se interponía entre ellos y la urgencia de sus vidas. La Guaira no solo era un lugar, era su hogar, sus recuerdos, su futuro incierto.

A su lado, otra vecina de Tanaguarenas compartía una situación similar, aunque con un matiz de mayor precariedad. Ella, junto a su esposo, había optado por pasar las noches a la intemperie en los espacios del Parque Generalísimo Francisco de Miranda, el Parque del Este, y durante el día intentaba regresar a su urbanización para cuidar sus bienes. "Necesito ir a mi apartamento a sacar cosas", dijo, mientras esperaba sentada en una de las áreas verdes, observando a su esposo avanzar lentamente en la larga fila para solicitar el código QR que le abriría las puertas de su propia casa. Estas historias personales dibujaban un panorama de vidas fragmentadas, de decisiones difíciles tomadas en medio de la emergencia, y de la frustración ante un sistema que, si bien buscaba organizar, también imponía barreras significativas.

Entre la Lentitud y la Esperanza de la Reconstrucción

El proceso de acreditación en el Poliedro, lejos de ser expedito, se desarrollaba con una notable lentitud que contrastaba con la prisa de quienes lo necesitaban. Un funcionario de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) en el lugar detalló que el ingreso al recinto se realizaba por grupos, permitiendo el paso de entre cincuenta y cien personas cada media hora. Esta cadencia, aunque necesaria para mantener el orden en un espacio tan concurrido, se traducía en horas y horas de espera bajo el sol, o en la penumbra de la noche, para los aspirantes al salvoconducto. El funcionario también aclaró que los niños, niñas y adolescentes estaban exentos de tramitar el salvoconducto, una pequeña luz en la complejidad del proceso, aliviando una preocupación para las familias con menores.

A pesar de las dificultades y la percepción de un avance pausado, el operativo en el Poliedro continuaba su curso. Según las cifras ofrecidas por Jorge Rodríguez, un total de 7876 personas habían recibido su salvoconducto para trasladarse al litoral hasta la tarde del domingo. Este número, si bien representa un esfuerzo considerable, debe contextualizarse dentro de la magnitud de la población afectada y la vasta cantidad de voluntarios que aún esperaban contribuir. La coordinación entre la necesidad humanitaria y las medidas de control seguía siendo un delicado equilibrio.

La Guaira, con sus heridas abiertas, resiste. La valentía de su gente, que se niega a abandonar lo que queda de sus vidas, es un testimonio inquebrantable de resiliencia. Sin embargo, el camino hacia la recuperación es largo y empedrado. La eficiencia en el acceso, la agilización de los permisos y una comprensión profunda de las necesidades de quienes lo han perdido todo son cruciales. Mientras tanto, en las colas del Poliedro, la esperanza y la paciencia se entrelazan en la espera de un papel que, más allá de un QR, representa la llave para regresar a casa, para empezar a reconstruir lo que la tierra les arrebató. La promesa de orden y éxito debe materializarse en una ayuda tangible y rápida para quienes más lo necesitan.