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La experiencia de México para sanar el trauma tras los terremotos: “La gente necesita certezas y espacios para llorar juntos”

La experiencia de México para sanar el trauma tras los terremotos: “La gente necesita certezas y espacios para llorar juntos”

En las calles agrietadas de La Guaira, llenas de edificios desplomados, y en los albergues improvisados de Caracas miles de personas sufren el terror

Luis Sambrano
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Luis Sambrano

Fundador y editor3 jul. 2026

Las calles de La Guaira, antes vibrantes con el pulso caribeño, hoy se quiebran bajo el peso de edificios desplomados y el silencio fantasmal de la desolación. En los albergues improvisados de Caracas, miles de miradas perdidas reflejan el terror más primario: el miedo a que la tierra, esa base inmutable de nuestra existencia, vuelva a traicionarlos. Dos sismos consecutivos de magnitud 7.2 y 7.5 han sacudido el norte de Venezuela, dejando una estela de destrucción palpable, pero también una herida mucho más profunda y menos visible: el trauma psicológico de una población ya exhausta por años de crisis. La magnitud de la catástrofe no solo se mide en la cifra de víctimas o en el volumen de escombros, sino en el impacto duradero en el sistema nervioso de quienes lo han perdido todo, o casi todo.

La experiencia de naciones como México, marcada por la memoria imborrable de sus propios terremotos en 1985 y 2017, nos enseña una lección crucial: la atención psicológica urgente es una prioridad de rescate tan vital como la remoción de escombros. En un país como Venezuela, donde la infraestructura de salud mental ya era precaria y la sociedad vive bajo una tensión constante, la necesidad de abordar este trauma invisible se vuelve aún más imperativa.

Un País Doblemente Expuesto: El Trauma en un Contexto de Crisis Crónica

Los sismos que golpearon Venezuela la semana pasada no encontraron un terreno social y emocional virgen. Por el contrario, impactaron una nación ya fragmentada, con una población que ha enfrentado una década de colapso económico, hiperinflación, migración masiva, escasez de alimentos y medicinas, y una profunda polarización política. Como bien explica María Amparo Oliver, académica de la Especialidad en Intervención Psicosocial en Emergencias de la Universidad Iberoamericana en Ciudad de México, una crisis como esta "siempre conecta y despierta las vulnerabilidades de otros momentos en donde la persona ha estado en riesgo". Esto significa que los damnificados venezolanos no solo cargan con el terror del evento actual, sino que se ven "doblemente expuestos", reabriendo heridas de vulnerabilidad previa que pudieron quedar sin resolver.

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Las cifras preliminares, reportadas por el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, son devastadoras: 188 fallecidos, 1.520 heridos y al menos 346 construcciones, entre edificios, hospitales y centros comerciales, afectadas. Pero estas estadísticas, por sí solas, no capturan el dolor silencioso de las familias que han perdido a sus seres queridos, sus hogares, sus recuerdos, o la angustia de quienes viven en albergues improvisados, con el constante temor a una réplica. La Guaira, con su densa población costera y edificaciones a menudo precarias, ha sido particularmente castigada, reviviendo en muchos la memoria de tragedias pasadas, como la de Vargas en 1999, que dejó decenas de miles de muertos y desaparecidos, y cuyo trauma colectivo aún resuena en la psique nacional.

La capacidad de respuesta del Estado venezolano, ya mermada por años de desinversión y deterioro institucional, se enfrenta a un desafío monumental. La provisión de asistencia humanitaria, la reconstrucción de infraestructuras y, crucialmente, la atención a la salud mental, requieren una movilización de recursos y una coordinación que, en el contexto actual del país, son difíciles de garantizar. Es aquí donde la experiencia de otras naciones, y la voz de los expertos, adquieren un valor incalculable.

Las Lecciones de México: Certezas, Comunidad y la Sanación Colectiva

México, con su larga y dolorosa historia de terremotos, ha desarrollado un conocimiento profundo sobre cómo abordar el trauma post-catástrofe. La clave, según los especialistas, radica en la acción temprana y en un enfoque que va más allá de lo individual para abrazar lo colectivo. María Amparo Oliver enfatiza la importancia de una atención pertinente y bien hecha para evitar que la población quede afectada de forma “nociva” y permanente. Su trabajo con supervivientes en Oaxaca, Ciudad de México y otros países latinoamericanos le ha enseñado que, al conversar con los damnificados, estos "típicamente retoman los otros traumas de su vida", aquellos que se reactivaron ante la "exposición crítica de estar totalmente en un estado de indefensión muy grande".

La experiencia mexicana subraya un concepto central para la emergencia actual en Venezuela: reconstruir el tejido comunitario, devolver a las personas certezas y la capacidad de gestionar su propia recuperación. Para restablecer el concepto de seguridad, los especialistas utilizan técnicas como el grounding o aterrizaje, cuyo objetivo es "traer a las personas al aquí y al ahora", ya que el impacto del susto es tan grande que el sobreviviente siente que el peligro sigue activo. La recuperación, afirma Oliver, se manifiesta en pequeñas acciones cotidianas dentro de los albergues, como organizar el espacio personal o "poner el lugar bonito". El fin último es que el individuo recupere su "sentido de agencia", reencontrándose con sus capacidades y recursos personales para una reconstrucción saludable.

Gabina Villagrán, académica de la Facultad de Psicología de la UNAM, complementa esta visión al explicar que una de las lecciones fundamentales aprendidas en México es que el trauma, aunque se experimente individualmente, encuentra su cura en lo colectivo, trabajando en "grupos de apoyo". La clave reside en el contacto entre personas: "El apoyo que se da entre los seres humanos, porque la sanación viene de la interacción social".

El trauma de un terremoto es lo que en la técnica psicológica se conoce como Somatic Experience, un "evento inescapable". El sistema nervioso entra en un estado de alerta que puede derivar en "desregulación emocional", sentimientos de culpa o somatización. Sin embargo, Villagrán enfatiza la resiliencia intrínseca del cuerpo: "El sistema nervioso es algo que está preparado para sobrevivir". El problema radica en que, ante el impacto, "se queda, digamos, la energía apretada en el cuerpo", lo que impide que el organismo complete los movimientos necesarios para procesar la amenaza. Por ello, la experta recomienda que el consuelo no se base solo en frases hechas, sino en una "presencia compasiva y empática", permitiendo a la persona "llorar, gritar, quejarse, maldecir, para lo que la persona quiera hacer".

Implicaciones Profundas para la Sociedad Venezolana

La catástrofe sísmica en Venezuela tiene implicaciones que trascienden lo inmediato, afectando el tejido social, la ya frágil economía y el panorama político del país.

Sociales: La emergencia agudiza la fragmentación social. Las comunidades, ya debilitadas por la migración y la desintegración familiar, enfrentan ahora el desafío de reconstruir no solo sus hogares, sino sus lazos. La salud mental de la población, ya comprometida por años de crisis, podría deteriorarse aún más, disparando casos de ansiedad, depresión, estrés postraumático y otras condiciones. La confianza en las instituciones, ya en mínimos históricos, se pondrá a prueba en la capacidad de respuesta del gobierno y en la transparencia de la ayuda. La sociedad civil organizada, a menudo la primera en responder en contextos de crisis en Venezuela, jugará un papel crucial, pero sus capacidades también son limitadas.

Económicas: La reconstrucción de viviendas, infraestructura vial y servicios públicos en las zonas afectadas representa una carga económica inmensa para un país con una economía devastada. Los recursos son escasos, la inversión pública es casi inexistente y la capacidad de endeudamiento es nula. Esto podría llevar a una mayor dependencia de la ayuda internacional, que a menudo viene con condiciones y puede ser objeto de politización. La pérdida de medios de vida para miles de personas agravará la pobreza y la inseguridad alimentaria, empujando a más venezolanos a la desesperación o a la migración interna y externa.

Políticas: La respuesta del gobierno ante la emergencia es un momento crítico para la legitimidad y la confianza. La gestión de la crisis, la asignación de recursos y la coordinación de la ayuda humanitaria serán observadas con lupa. En un entorno polarizado, la catástrofe podría ser utilizada para fines políticos, desviando la atención de las necesidades reales o exacerbando divisiones en lugar de fomentar la unidad. La libertad de prensa, pilar fundamental de "Libertad VZLA", adquiere una relevancia particular; el acceso a información veraz y la capacidad de los medios para reportar sin censura son esenciales para garantizar la transparencia, la rendición de cuentas y para que las voces de los afectados sean escuchadas. Es vital que el periodismo independiente pueda documentar no solo la devastación, sino también la respuesta y las necesidades de la población, sin restricciones.

El Largo Camino Hacia la Recuperación y la Necesidad de Libertad

La recuperación de Venezuela tras estos terremotos será un camino largo y arduo, que va mucho más allá de la reconstrucción física. Se trata de sanar las heridas invisibles del trauma, de reconstruir la confianza en un futuro incierto y de restaurar el sentido de agencia en una población que ha sido repetidamente despojada de su autonomía. Las lecciones de México son un faro de esperanza y una guía pragmática: la atención psicológica temprana, la creación de espacios para el duelo colectivo, el fomento de la resiliencia comunitaria y una presencia empática son fundamentales.

Para "Libertad VZLA", nuestro compromiso es seguir informando, exigiendo transparencia y dando voz a quienes han sido silenciados. En un momento de tal vulnerabilidad, la libertad de expresión es más que un derecho; es una herramienta esencial para la recuperación, para asegurar que la ayuda llegue a donde se necesita y que el trauma colectivo no sea olvidado ni instrumentalizado. Venezuela necesita certezas, espacios para llorar juntos y, sobre todo, la libertad para reconstruir no solo sus edificios, sino también su espíritu y su futuro. La sanación del trauma invisible es un pilar fundamental en la reconstrucción de una nación.