La Conversa de ARI | Terremotos en Venezuela podrían llevar a EE.UU. a replantear su plan de tres fases

La Conversa de ARI | Terremotos en Venezuela podrían llevar a EE.UU. a replantear su plan de tres fases

Carolina Jiménez Sandoval, presidenta de la Oficina de Washington para América Latina (WOLA) señaló que el país entró en un “nuevo periodo político”, el cual está condicionado por la inversión que necesita Venezuela para su recuperación y, por otro lado, la incapacidad que demostró la administración de Delcy Rodríguez para gestionar la crisis tras el

Redacción Libertad VZLA
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Equipo editorial8 jul. 2026

Los recientes movimientos telúricos que sacudieron a Venezuela el pasado 24 de junio han abierto un "nuevo periodo político" en el país, un escenario que, según la presidenta de la Oficina de Washington para América Latina (WOLA), Carolina Jiménez Sandoval, podría obligar a Estados Unidos a replantear su estrategia de tres fases para la nación caribeña, que contempla la estabilización, la recuperación económica y una eventual transición. Esta reevaluación se fundamenta tanto en la magnitud de la inversión necesaria para la reconstrucción como en la flagrante incapacidad demostrada por la administración de Nicolás Maduro, a través de la gestión atribuida a Delcy Rodríguez, para manejar una crisis humanitaria de esta envergadura.

Un Estado Ausente y la Profundidad de la Crisis Humanitaria

La emergencia sísmica no solo reveló la vulnerabilidad geográfica de Venezuela, sino que expuso con cruda realidad la fragilidad institucional y la precariedad de la capacidad de respuesta del Estado. Carolina Jiménez Sandoval, en sus análisis, ha enfatizado que el país se encuentra en una coyuntura donde las dos primeras fases del plan estadounidense —estabilización y recuperación económica— se tornan prácticamente inalcanzables bajo las condiciones actuales. La administración venezolana, en lugar de ofrecer una respuesta coordinada y efectiva, fue percibida como un "gran ausente", dejando a su suerte a miles de afectados que clamaban por ayuda inmediata.

La evidencia recogida tras los sismos apunta a una serie de fallas críticas. Se reportó la obstaculización de la ayuda humanitaria, una práctica lamentablemente recurrente en Venezuela; la militarización de las zonas de desastre, lo que en muchos casos entorpeció las labores de rescate y asistencia; y una notoria falta de presencia y asistencia de funcionarios gubernamentales en los lugares más golpeados para coordinar las operaciones de búsqueda y rescate de víctimas. "No hay una víctima, un sobreviviente que diga que se sintió protegido o acompañado", declaró Sandoval, describiendo un "terrible sentimiento de abandono y desprotección" que permeó entre la población afectada. Esta primera gran falla en la defensa de la vida resalta la profunda crisis de gobernabilidad y la falta de legitimidad de las instituciones estatales, elementos indispensables para cualquier proceso de reconstrucción o recuperación.

La reconstrucción post-sismo no es meramente una cuestión de infraestructura; es un desafío que exige condiciones de gobernabilidad que permitan a las autoridades gozar del respaldo ciudadano. Sin confianza en las instituciones y sin seguridad jurídica, la inversión a largo plazo, tan crucial para una recuperación genuina, es inviable. Las grandes corporaciones petroleras y mineras, por ejemplo, evitan inversiones multimillonarias en un entorno de alto riesgo político y legal. Antes de los terremotos, Venezuela ya necesitaba ingentes recursos para su recuperación económica; la devastación causada por los sismos no hace sino agravar esta necesidad, empujando al país a un abismo aún más profundo si no se abordan las causas estructurales de su ineficacia estatal.

La Política Exterior de EE. UU. en la Encrucijada

La postura de Estados Unidos hacia Venezuela, particularmente la de la administración de Donald Trump, ha sido objeto de crecientes críticas internas y externas, y la reciente crisis sísmica añade una nueva capa de complejidad a este debate. Jiménez Sandoval observa que, si bien en un inicio pudo haber existido un "agradecimiento colectivo" hacia Trump por su política de presión que se percibía como una vía para la salida de Nicolás Maduro, este sentimiento ha mutado en desconfianza ante la ausencia de cambios políticos concretos y de una verdadera apertura democrática. La retórica de Trump, que en ocasiones parecía respaldar indirectamente a la administración de Delcy Rodríguez (en el contexto del régimen de Maduro), ha profundizado la desconfianza de los venezolanos.

Esta situación ha encontrado eco en el Congreso estadounidense, donde congresistas de diversas facciones han manifestado su descontento con la política de Trump hacia Venezuela. La ineficacia del régimen para gestionar la crisis tras los terremotos ha proporcionado una "plataforma adicional" para que estos legisladores intensifiquen su presión, buscando un cambio en la actitud de Washington y un cese al apoyo implícito o explícito que, a su juicio, se le ha otorgado a la administración chavista. La legitimidad del "gobierno interino" respaldado por EE. UU. también ha comenzado a erosionarse, afectando la credibilidad de la propia estrategia estadounidense. Este panorama obliga a Washington a una reevaluación profunda, no solo de sus fases de intervención, sino de la efectividad y el impacto de su diplomacia en el terreno.

El Desafío de la Reconstrucción y el Rol de la Sociedad Civil

El "nuevo periodo político" en Venezuela, marcado por la devastación sísmica y la ineficacia gubernamental, demanda una perspectiva a largo plazo que trascienda la coyuntura inmediata. La reconstrucción del país, en su sentido más amplio —no solo material, sino social e institucional—, se presenta como una tarea hercúlea. La presidenta de WOLA subraya que la inversión necesaria para la recuperación económica y la reconstrucción post-sismo es masiva, y que esta inversión solo será efectiva si se acompaña de un restablecimiento de la seguridad jurídica y la credibilidad en las autoridades, condiciones que actualmente brillan por su ausencia. Las inversiones a corto plazo, si bien pueden aliviar momentáneamente, no resuelven los problemas estructurales que impiden un desarrollo sostenible.

En este contexto de abandono estatal, la sociedad civil venezolana emerge como un actor crucial. Sandoval enfatiza la necesidad de un monitoreo constante sobre la atención que reciben los damnificados, especialmente aquellos reubicados en albergues temporales. Es imperativo evaluar las condiciones de estos espacios, el acceso a la educación para los niños, la atención sanitaria y alimentaria, y, a largo plazo, garantizar una vivienda digna para las familias que perdieron sus hogares. La resiliencia y la organización comunitaria serán fundamentales para mitigar los efectos de la inacción gubernamental y para sentar las bases de una recuperación que, de otro modo, se antoja lejana.

La convergencia de una crisis humanitaria exacerbada por desastres naturales y la profunda ineficacia del Estado venezolano ha obligado a una relectura de la compleja situación del país. La comunidad internacional, y en particular Estados Unidos, se ve instada a una revisión crítica de sus estrategias, reconociendo que la legitimidad y la capacidad de las instituciones son prerrequisitos ineludibles para cualquier avance. Mientras tanto, la sociedad venezolana, abandonada a su suerte, enfrenta un futuro incierto, donde la autoorganización y la presión cívica son las únicas herramientas para reclamar la dignidad y la protección que un Estado ausente les niega.

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