Los recientes movimientos telúricos que sacudieron a Venezuela el pasado 24 de junio han abierto un "nuevo periodo político" en el país, un escenario que, según la presidenta de la Oficina de Washington para América Latina (WOLA), Carolina Jiménez Sandoval, podría obligar a Estados Unidos a replantear su estrategia de tres fases para la nación caribeña, que contempla la estabilización, la recuperación económica y una eventual transición. Esta reevaluación se fundamenta tanto en la magnitud de la inversión necesaria para la reconstrucción como en la flagrante incapacidad demostrada por la administración de Nicolás Maduro, a través de la gestión atribuida a Delcy Rodríguez, para manejar una crisis humanitaria de esta envergadura.
Un Estado Ausente y la Profundidad de la Crisis Humanitaria
La emergencia sísmica no solo reveló la vulnerabilidad geográfica de Venezuela, sino que expuso con cruda realidad la fragilidad institucional y la precariedad de la capacidad de respuesta del Estado. Carolina Jiménez Sandoval, en sus análisis, ha enfatizado que el país se encuentra en una coyuntura donde las dos primeras fases del plan estadounidense —estabilización y recuperación económica— se tornan prácticamente inalcanzables bajo las condiciones actuales. La administración venezolana, en lugar de ofrecer una respuesta coordinada y efectiva, fue percibida como un "gran ausente", dejando a su suerte a miles de afectados que clamaban por ayuda inmediata.
La evidencia recogida tras los sismos apunta a una serie de fallas críticas. Se reportó la obstaculización de la ayuda humanitaria, una práctica lamentablemente recurrente en Venezuela; la militarización de las zonas de desastre, lo que en muchos casos entorpeció las labores de rescate y asistencia; y una notoria falta de presencia y asistencia de funcionarios gubernamentales en los lugares más golpeados para coordinar las operaciones de búsqueda y rescate de víctimas. "No hay una víctima, un sobreviviente que diga que se sintió protegido o acompañado", declaró Sandoval, describiendo un "terrible sentimiento de abandono y desprotección" que permeó entre la población afectada. Esta primera gran falla en la defensa de la vida resalta la profunda crisis de gobernabilidad y la falta de legitimidad de las instituciones estatales, elementos indispensables para cualquier proceso de reconstrucción o recuperación.




