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La advertencia de los maestros antes del regreso a clases tras los terremotos

La advertencia de los maestros antes del regreso a clases tras los terremotos

La Federación Venezolana de Maestros (FVM) exigió este domingo garantías de seguridad e infraestructura en el reinicio de las clases previsto para el lunes

Luis Sambrano
Por

Luis Sambrano

Fundador y editor5 jul. 2026

Caracas, Venezuela – El inminente regreso a clases en Venezuela, tras los devastadores terremotos que sacudieron el país el pasado 24 de junio, ha desatado una ola de preocupación y advertencias por parte de la Federación Venezolana de Maestros (FVM). Con un saldo trágico de al menos 3.342 muertos y 16.740 heridos, y con cientos de edificaciones comprometidas, la FVM ha alzado su voz para exigir garantías de seguridad e infraestructura, poniendo en el centro del debate la vida de miles de niños, niñas, adolescentes y el personal educativo. La urgencia de la situación se ve magnificada por el colapso de una escuela en Caracas días después de los sismos, un sombrío recordatorio de la vulnerabilidad de las estructuras en un país ya agobiado por años de desinversión y deterioro.

El llamado de la FVM no es meramente una solicitud administrativa; es un grito de alarma que resuena en los pasillos de una nación donde la precariedad de la infraestructura pública es una constante. La organización ha sido enfática: "no se obligue al reinicio ni a la continuidad de actividades escolares sin una debida evaluación técnica, estructural y patológica de las edificaciones". Esta exigencia, lejos de ser un capricho, se fundamenta en la cruda realidad de que muchas edificaciones escolares venezolanas, incluso antes de los sismos, presentaban graves deficiencias estructurales, producto de la falta de mantenimiento, la corrupción y la escasez de recursos.

La federación advierte que cualquier intento de reanudar las actividades académicas en espacios que carezcan de una certificación formal de habitabilidad, emitida por ingenieros, técnicos y organismos de protección civil competentes, sería una "irresponsabilidad que pone en riesgo inminente a los niños, niñas, adolescentes y al personal docente". La gravedad de esta afirmación es tal que la FVM ya ha señalado directamente al Ministro de Educación y a las autoridades que forzaran este retorno, atribuyéndoles la "responsabilidad legal, civil y penal" ante cualquier contingencia. Esta postura no solo subraya la desconfianza en la capacidad o voluntad del Estado para garantizar la seguridad, sino que también busca establecer un precedente de rendición de cuentas en un contexto donde la impunidad suele ser la norma.

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El antecedente inmediato que alimenta esta preocupación es el colapso parcial de un área de salones del Colegio Agustiniano San Judas Tadeo en Caracas, ocurrido el pasado viernes. Aunque, milagrosamente, no hubo fallecidos en el derrumbe de la estructura educativa, los escombros cayeron sobre viviendas precarias ubicadas en el barranco adyacente, dejando al menos un herido. Este incidente, que tuvo lugar nueve días después de los sismos de magnitud 7,2 y 7,5 que causaron estragos, es una prueba palpable de que los daños estructurales pueden manifestarse días o semanas después de un evento sísmico, y que la evaluación exhaustiva es indispensable.

Las clases fueron suspendidas en todo el país por la vicepresidenta Delcy Rodríguez desde el jueves de la semana pasada, un día después de los terremotos que afectaron a cientos de edificios y causaron el colapso total de 190, principalmente en el estado costero de La Guaira. El Ministerio de Educación anunció un reinicio gradual a partir del 6 de julio en las zonas no afectadas, manteniendo la suspensión en los sectores golpeados. Además, se ordenó incorporar la gestión de riesgos como un tema de estudio, una medida que, si bien es pertinente, resulta insuficiente ante la magnitud de la crisis de infraestructura. La FVM fue clara al expresar que la respuesta del Estado "no puede limitarse a un reajuste técnico y administrativo del calendario escolar", enfatizando que "la crisis actual trasciende los cierres de actas y las planificaciones de aula, es un problema de seguridad nacional y de preservación de la vida".

Contexto de una Crisis Estructural y Social Profunda

La advertencia de los maestros no puede entenderse sin el telón de fondo de la compleja realidad venezolana. El país ha experimentado una prolongada crisis económica y social que ha mermado severamente la capacidad del Estado para mantener y desarrollar su infraestructura. Las escuelas públicas, en particular, han sido víctimas de años de desinversión, falta de mantenimiento preventivo y correctivo, y una gestión ineficiente. Muchas edificaciones escolares datan de hace décadas, con materiales que han excedido su vida útil y diseños que no cumplen con las normativas sísmicas modernas, o que simplemente no han sido reforzadas.

La escasez de recursos, la fuga de cerebros (incluyendo ingenieros y técnicos especializados), la corrupción endémica y la burocracia han creado un caldo de cultivo para la vulnerabilidad. En un escenario de normalidad, la rehabilitación de la infraestructura escolar sería un desafío formidable; en el contexto de una emergencia sísmica y una crisis humanitaria compleja, se convierte en una tarea titánica. La capacidad del Estado para movilizar equipos de evaluación técnica calificados, garantizar la imparcialidad de sus informes y, lo más importante, ejecutar las reparaciones o reconstrucciones necesarias, es objeto de un profundo escepticismo por parte de la sociedad civil y los gremios.

Además, Venezuela se encuentra en una zona de alta actividad sísmica. La historia del país está marcada por terremotos devastadores, como el de Caracas en 1967. A pesar de esta realidad geológica, la cultura de prevención y la inversión en edificaciones sismorresistentes han sido inconsistentes. Los recientes sismos no son un evento aislado, sino una reiteración de la necesidad imperativa de una política de Estado robusta en materia de gestión de riesgos y desastres naturales, que vaya más allá de la reacción ante la tragedia y se centre en la mitigación y la preparación.

La crisis educativa en Venezuela, con salarios docentes que no cubren las necesidades básicas, la migración masiva de profesionales y la deserción estudiantil, se agrava aún más con la amenaza de infraestructuras inseguras. Los maestros, que ya luchan por impartir clases en condiciones precarias (sin agua, electricidad, materiales didácticos o incluso pupitres), ahora se enfrentan a la posibilidad de hacerlo en edificios que podrían no soportar una réplica o futuros movimientos telúricos. Esto no solo afecta su seguridad física, sino que también impacta su salud mental y su ya deteriorada moral.

Implicaciones: Más Allá de las Aulas

Las implicaciones de esta situación son multifacéticas, abarcando esferas sociales, políticas y económicas que afectan el tejido mismo de la nación.

Implicaciones Sociales: La principal y más grave implicación es el riesgo inminente para la vida y la integridad física de la comunidad educativa. La posibilidad de que un edificio escolar colapse con niños y personal dentro es una pesadilla que el Estado debe evitar a toda costa. Más allá de lo físico, el trauma psicológico de los terremotos, sumado a la incertidumbre sobre la seguridad escolar, puede tener efectos devastadores a largo plazo en la salud mental de niños y adolescentes, afectando su desarrollo y capacidad de aprendizaje. La interrupción prolongada de las clases, o el temor a asistir a ellas, exacerbará la ya grave crisis educativa, profundizando las brechas de conocimiento y oportunidades, especialmente para los sectores más vulnerables de la población que dependen exclusivamente de la educación pública. La confianza pública en las instituciones del Estado, ya erosionada, se verá aún más comprometida si no se percibe una respuesta efectiva y transparente.

Implicaciones Políticas: La exigencia de la FVM pone a prueba la capacidad de respuesta y la credibilidad del gobierno. La advertencia sobre la responsabilidad legal, civil y penal de las autoridades es un desafío directo a la cúpula ministerial y a la gestión del Estado. En un contexto de polarización política, la forma en que el gobierno maneje esta crisis de infraestructura escolar será un indicador crucial de su compromiso con el bienestar ciudadano y su eficacia administrativa. Una respuesta deficiente podría generar un mayor descontento social y alimentar la crítica interna y externa sobre la gobernabilidad del país. Por otro lado, la actuación de gremios independientes como la FVM demuestra la vital importancia de la sociedad civil organizada como contrapeso y mecanismo de exigencia en un entorno donde los canales institucionales de participación y control suelen estar limitados.

Implicaciones Económicas: La reconstrucción y rehabilitación de la infraestructura escolar representa una carga económica monumental para un país que se encuentra en una profunda recesión y bajo severas sanciones. Los recursos necesarios para evaluaciones técnicas exhaustivas, reparaciones estructurales, refuerzos sísmicos o, en el peor de los casos, la construcción de nuevas escuelas, son inmensos y escasos. Esta situación podría desviar fondos de otras áreas críticas o depender en gran medida de la ayuda humanitaria internacional, cuya gestión y distribución también han sido históricamente complicadas en Venezuela. Además, la interrupción del calendario escolar afecta la productividad laboral, ya que muchos padres se ven obligados a quedarse en casa para cuidar a sus hijos o buscar alternativas costosas.

Un Llamado a la Conciencia y la Acción

La Federación Venezolana de Maestros ha puesto el dedo en la llaga de una crisis que trasciende la emergencia sísmica para revelar las profundas debilidades estructurales y de gobernanza en Venezuela. Su advertencia no es solo sobre los ladrillos y el cemento, sino sobre la vida de la generación futura y la capacidad del Estado para protegerla.

Desde "Libertad VZLA", hacemos un llamado imperativo a las autoridades a escuchar y actuar con la máxima diligencia y transparencia. La vida de los estudiantes y el personal educativo no puede ser objeto de cálculos políticos o de negligencia administrativa. Es fundamental que se realicen evaluaciones estructurales rigurosas e independientes, que sus resultados sean públicos y que se tomen las decisiones basadas en criterios técnicos y de seguridad, no en plazos arbitrarios. La incorporación de la gestión de riesgos en el pensum escolar es un paso positivo, pero solo tendrá sentido si se ancla en una política de Estado integral que priorice la seguridad de las infraestructuras y la preparación ante desastres.

La crisis post-terremotos es una oportunidad dolorosa, pero ineludible, para que Venezuela reevalúe su compromiso con la educación, la seguridad ciudadana y la construcción de un futuro más resiliente. La comunidad internacional, las organizaciones no gubernamentales y la sociedad civil venezolana deben mantenerse vigilantes, exigiendo que la prioridad sea siempre la preservación de la vida y el bienestar de los más vulnerables. El regreso a clases no puede ser un salto al vacío; debe ser un retorno a la seguridad, la esperanza y la garantía de un futuro para nuestros niños.