Un memorial digital, impulsado por Monitor de Víctimas y con la colaboración de El Pitazo, Runrun.es y CONNECTAS, ha sido presentado para compilar los nombres de más de 1.000 personas que fallecieron en Venezuela. La iniciativa busca preservar la memoria de los individuos detrás de las cifras, proporcionando una lista preliminar de 1.055 nombres verificados. Este esfuerzo subraya la importancia de identificar a cada persona más allá de la estadística, en un contexto donde la información detallada sobre tragedias puede ser escasa o difícil de obtener.
La Construcción de un Archivo de Memoria
El proceso de creación de este memorial se basó en una metodología rigurosa para la recopilación y verificación de datos. La información inicial provino de diversas fuentes abiertas y testimonios directos. Se utilizaron obituarios publicados, así como mensajes difundidos en plataformas de redes sociales como Instagram, TikTok, Facebook y X. Adicionalmente, se consultaron grupos de WhatsApp donde familiares, amigos y empresas compartieron información sobre las personas afectadas. Este enfoque de periodismo ciudadano y colaborativo permitió acceder a datos que, de otra manera, podrían permanecer dispersos o inaccesibles.
La verificación de cada nombre fue un paso fundamental para la fiabilidad del memorial. Los datos recabados en redes sociales y a través de contactos directos fueron contrastados con información disponible en plataformas oficiales. Específicamente, se menciona la consulta a la página del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS), así como a otros medios de comunicación y perfiles en redes sociales de personas cercanas a los fallecidos. Este proceso de doble verificación busca asegurar la precisión y la autenticidad de cada registro incluido en la lista.
La relevancia de esta iniciativa radica en su capacidad para ofrecer un registro nominal en un país donde la transparencia de los datos oficiales es un desafío constante. Al nombrar a cada persona, el memorial no solo honra su recuerdo, sino que también contribuye a una documentación histórica que puede ser crucial para futuras investigaciones y para el reconocimiento de los impactos de eventos que afectan a la población. La participación de diversos medios y organizaciones en este proyecto colaborativo ilustra un modelo de periodismo resiliente que busca llenar los vacíos informativos y ofrecer una narrativa centrada en las víctimas.




