Los recientes movimientos telúricos del 24 de junio, que resultaron en más de 4.000 personas fallecidas y aproximadamente 19.000 damnificadas, han vuelto a poner de manifiesto una condición geográfica de Venezuela que, según historiadores de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), ha sido relegada en la memoria colectiva: su carácter sísmico. Los investigadores Tomás Straka y María Soledad Hernández enfatizan la importancia de fortalecer la educación y la memoria histórica como pilares fundamentales para preparar a la ciudadanía ante la recurrencia de estos fenómenos naturales.
La Memoria Histórica y la Percepción del Riesgo Sísmico
En una entrevista divulgada por El Ucabista, los especialistas señalaron que, a lo largo de poco más de dos siglos, Venezuela ha sido escenario de al menos seis terremotos de gran magnitud. Tres de estos eventos tuvieron un impacto directo en la capital, Caracas, incluyendo los sismos de 1812, 1900 y 1967. Otros movimientos significativos se registraron en El Tocuyo en 1950 y en Cariaco en 1997, además del evento más reciente del 24 de junio.
Tomás Straka, historiador de la UCAB, explicó que la percepción generalizada de los terremotos como sucesos excepcionales se debe, en parte, a la considerable extensión de tiempo que suele transcurrir entre un sismo de gran escala y el siguiente. Este lapso dificulta la transmisión directa de las experiencias entre generaciones. Según Straka, los terremotos de gran envergadura no son frecuentes, espaciándose aproximadamente por medio siglo o un siglo completo, lo que interfiere con la narración en primera persona y la capacidad de legar esas vivencias a las generaciones subsiguientes.
Esta interrupción en la memoria colectiva, a juicio de Straka, evidencia deficiencias en el sistema educativo del país. Por su parte, María Soledad Hernández, también investigadora de la UCAB, afirmó que la instrucción sobre desastres naturales debe integrarse de manera permanente en los currículos escolares. Hernández argumenta que los textos escolares deben incluir secciones dedicadas a los desastres naturales, no con el propósito de generar temor en los niños, sino para equiparlos con el conocimiento necesario que permita prevenir futuras tragedias.




