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Gochos regalan sus cosechas para ayudar a víctimas del sismo 

Gochos regalan sus cosechas para ayudar a víctimas del sismo 

Por: Rosalinda Hernández Hasta hace apenas unos días, el terreno en donde Jonathan Pérez instalaba su feria de hortalizas, frutas, víveres y verduras, olía a tierra fresca, a queso recién bajado de los andes venezolanos. La rutina diaria se movía entre el bullicio de los vecinos eligiendo la papa, la cebolla, los tomates para el

Luis Sambrano
Por

Luis Sambrano

Fundador y editor4 jul. 2026

El reciente desastre sísmico que sacudió el centro y la costa venezolana el pasado 24 de junio ha revelado la profunda fragilidad de un país ya golpeado por años de crisis. Más allá de la devastación inmediata y la pérdida de vidas humanas, la tragedia ha paralizado arterias vitales del abastecimiento alimentario, exponiendo la vulnerabilidad de la cadena de suministro y la resiliencia, a menudo heroica, de sus ciudadanos. La generosidad de los "ferieros" andinos, conocidos popularmente como "gochos", que donaron sus cosechas a las víctimas, contrasta con el severo impacto económico que amenaza con agudizar la escasez y la inflación en la región capital.

La Solidaridad Andina Frente a la Devastación Inmediata

La mañana del 25 de junio, el paisaje en Naiguatá y Catia La Mar era desolador. Donde antes resonaba el bullicio de los mercados y el aroma a tierra fresca, ahora se percibía el miedo y la incertidumbre. Jonathan Pérez, un "feriero" de los Andes venezolanos que semanalmente surtía su puesto en Naiguatá con miles de kilos de hortalizas, frutas y víveres, presenció cómo su negocio se transformaba en un refugio improvisado. Bajo los mismos toldos que días antes resguardaban sus productos, ahora dormían entre 40 y 50 sobrevivientes, niños, adultos y ancianos que lo habían perdido todo.

La respuesta de Pérez fue inmediata y conmovedora. Sin dudarlo, decidió regalar todo lo que le quedaba: quesos, panes andinos, papas, auyamas y cientos de pulpas de fruta. Un gesto que, aunque no compensa la magnitud de la catástrofe, ofreció un respiro de esperanza y sustento a quienes se enfrentaban a la nada. En Catia La Mar, Geovany Gómez, otro "feriero" tachirense que abastecía el sector de Guaracarumbo, replicó la solidaridad. Ante la emergencia y la ausencia de compradores, Gómez entregó las aproximadamente ocho toneladas de alimentos que tenía acumuladas, aunque lamentablemente una parte significativa de la mercancía se perdió irremediablemente.

Estos comerciantes, los "gochos" como se les conoce en toda Venezuela, son la columna vertebral de un sistema de distribución informal pero esencial. Viajan semanalmente desde estados andinos como Táchira, Mérida y Trujillo, con sus camiones repletos de productos agrícolas, para venderlos en los mercados a cielo abierto de la costa y el centro del país. Su presencia es tan habitual que su ausencia se siente de inmediato, no solo en la falta de sus productos, sino en el vacío de la interacción humana que generan. La tragedia, que los sorprendió en plena jornada de San Juan, los confrontó con una realidad que trascendía cualquier cálculo económico. "Uno ni siquiera se ha puesto a pensar en el dinero", afirmó Gómez, reflejando la prioridad humana ante la devastación.

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El Desgarro de las Rutas de Abastecimiento: Un Impacto Silencioso pero Profundo

La generosidad de los ferieros, si bien vital en la emergencia, no puede ocultar las graves consecuencias a largo plazo que la interrupción de las rutas de abastecimiento representa para la seguridad alimentaria de la región capital y el estado La Guaira. Los terremotos no solo derribaron edificaciones; también fracturaron las vías de comunicación que conectan la prolífica producción agrícola andina con los grandes centros de consumo.

Homero Rivas González, un taxista de Naiguatá, experimentó de primera mano las repercusiones de esta interrupción. Al regresar a su comunidad después de trasladar a una familia a Caracas que había perdido sus bienes, se encontró con la ausencia de los "gochos" y sus puestos. Tuvo que desplazarse hasta Catia para conseguir hortalizas y verduras básicas como cebolla, tomate, papa y zanahoria. El costo fue alarmante: más de 20.000 bolívares, equivalentes a 25 dólares, a los que se sumaron siete dólares adicionales en otro local, totalizando 32 dólares por una compra esencial que apenas una semana antes habría sido considerablemente más económica. Este incremento dramático ilustra la inmediata presión inflacionaria y la escasez que ya se cierne sobre los consumidores.

La interrupción no es trivial. Gerson Pabón, presidente de la Asociación de Productores de Papa del estado Táchira (Apropatáchira), ha detallado la magnitud del problema. La ruta andino-costera, que habitualmente es transitada por unos 35 ferieros provenientes de localidades como El Cobre y La Grita, ha quedado severamente comprometida. Se estima que al menos 25 camiones exclusivos del Táchira no podrán realizar sus viajes durante las próximas semanas, e incluso un mes, mientras se evalúan los daños viales y se restablece el paso. Esta paralización logística se traduce en una reducción crítica e inédita en el suministro: más de 525 toneladas de rubros agrícolas y hortalizas dejarán de ingresar semanalmente a la región capital y a La Guaira, considerando que cada camión transporta una capacidad promedio de 15 toneladas. Este déficit masivo de productos frescos amenaza con empujar aún más al alza los precios y a profundizar la ya grave crisis de acceso a alimentos.

Cifras de una Catástrofe en un País Vulnerable

Las consecuencias de los sismos, más allá de la tragedia humana y la disrupción alimentaria, tienen un impacto macroeconómico devastador para Venezuela. Los organismos internacionales ya han comenzado a divulgar las primeras estimaciones, pintando un panorama sombrío para una economía ya mermada. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ha calculado que los daños físicos ascienden a 6.700 millones de dólares, una cifra alarmante que representa casi el 6% del Producto Interno Bruto (PIB) del país.

Por su parte, el Centro Nacional de Información sobre Terremotos del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) ha proyectado que las pérdidas económicas podrían alcanzar hasta el 7% del PIB venezolano, un porcentaje significativo considerando que el PIB del país ha sido estimado entre 10.000 y 100.000 millones de dólares. Estas cifras no solo reflejan la magnitud de la destrucción de infraestructuras, sino también el costo de la paralización de actividades económicas y la interrupción de cadenas productivas esenciales.

La vulnerabilidad económica del país agrava el impacto de estos números. Venezuela, que ha experimentado una contracción económica sin precedentes en la última década, se enfrenta ahora a la necesidad de reconstrucción y reactivación en un contexto de recursos limitados y elevada inflación. La caída del consumo, tanto por la contención de los compradores como por el colapso de las rutas, ya se ha manifestado en el desplome de las ventas de hortalizas en el Táchira, uno de los principales estados productores, con una reducción de entre el 20% y el 30% en la Bolsa Agrícola de La Grita el pasado 28 de junio. Esta dualidad de oferta reducida y demanda contenida, sumada a la destrucción de bienes y la inestabilidad de precios, configura un escenario de inmensos desafíos.

La tragedia sísmica del 24 de junio es una herida profunda que se suma a las múltiples crisis que atraviesa Venezuela. La solidaridad de los "gochos" es un testimonio de la resiliencia del pueblo venezolano, pero la paralización de las rutas de abastecimiento y las multimillonarias pérdidas económicas pronostican un futuro inmediato de mayores dificultades. La reconstrucción no solo será física, sino también económica y social, en un país que se enfrenta a la urgente necesidad de restaurar su capacidad productiva y garantizar la seguridad alimentaria de sus ciudadanos. La recuperación de estas arterias vitales será crucial para mitigar el impacto de esta catástrofe en la vida diaria de millones de venezolanos.