Familias de jóvenes asesinados demandan a Maduro en EE. UU. por ejecuciones extrajudiciales en Caracas

Las familias de cinco jóvenes asesinados en Caracas durante operativos policiales entre 2017 y 2020 presentaron una demanda federal en Brooklyn, Estados Unidos, contra Nicolás Maduro, a quien acusan de autorizar ejecuciones extrajudiciales cometidas por fuerzas de seguridad venezolanas, según una publicación del medio The New York Times. El caso, amparado en la Ley de

Redacción Libertad VZLA
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Equipo editorial1 jul. 2026

Familias de Víctimas de Ejecuciones Extrajudiciales Llevan a Nicolás Maduro ante la Justicia de EE. UU.: Un Grido por la Impunidad

CARACAS, VENEZUELA – En un movimiento sin precedentes que busca romper el cerco de la impunidad, familias de jóvenes venezolanos presuntamente asesinados en operaciones policiales entre 2017 y 2020 han presentado una demanda federal en Brooklyn, Estados Unidos, contra Nicolás Maduro. La acusación es grave y directa: Maduro habría autorizado ejecuciones extrajudiciales perpetradas por fuerzas de seguridad del Estado, en un patrón sistemático de violaciones a los derechos humanos que ha conmocionado a la nación y ha sido objeto de escrutinio internacional.

La acción legal, amparada en la Ley de Protección a las Víctimas de Tortura de Estados Unidos, representa un desafío formidable. Busca responsabilizar directamente a un jefe de Estado en ejercicio (o que lo fue durante los hechos) ante un tribunal extranjero, una situación poco común en el ámbito de la justicia internacional y que subraya la desesperación de las víctimas ante la falta de vías de reparación en su propio país. Según un reporte de The New York Times, la demanda articula un desgarrador relato de cómo la violencia estatal se infiltró en los barrios más vulnerables de Caracas, dejando un rastro de muerte y desolación.

El Patrón de la Violencia: OLP, FAES y la Sombra de la Ejecución

La demanda detalla un modus operandi escalofriante: agentes policiales armados irrumpiendo al amanecer en viviendas de barrios populares, sometiendo a hombres y adolescentes, y ejecutándolos en el lugar. Las escenas de brutalidad se complementaban, en muchos casos, con el saqueo de las propiedades de las víctimas, despojando a las familias no solo de sus seres queridos, sino también de sus escasas pertenencias de valor.

Uno de los testimonios más desgarradores es el de una madre, identificada como "Jane Doe 1" en la demanda, quien relató al The New York Times el asesinato de su hijo de 20 años, "John Doe 3", en su propia casa en 2017. Los agentes, según su relato, no solo lo ejecutaron, sino que luego simularon un enfrentamiento para justificar la muerte. "No estoy pidiendo nada, estoy exigiendo. A mí el Estado me mató a mi hijo", declaró la mujer, encapsulando el dolor y la determinación de quienes buscan justicia.

Estas muertes, según la acción judicial, no fueron incidentes aislados, sino parte de una ofensiva policial impulsada desde las más altas esferas del poder. La demanda vincula directamente estas tragedias con la llamada Operación de Liberación y Protección del Pueblo (OLP), una iniciativa lanzada en 2015 con el pretexto de combatir la delincuencia, que rápidamente se transformó en un instrumento de represión y control social, especialmente en las zonas populares. Posteriormente, muchas de estas funciones fueron asumidas por las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES), un cuerpo de seguridad que se ganó una reputación infame por su presunta participación en ejecuciones extrajudiciales y violaciones de derechos humanos.

La OLP y las FAES operaron en un contexto de creciente polarización política y crisis económica en Venezuela, donde el gobierno de Maduro enfrentaba una fuerte oposición interna y presiones internacionales. En lugar de abordar las causas estructurales de la criminalidad o la inestabilidad, estas operaciones se centraron en una táctica de mano dura que, según organizaciones de derechos humanos y ahora esta demanda, resultó en miles de muertes bajo circunstancias dudosas.

El Clamor por Justicia en un Sistema Judicial Cuestionado

Los demandantes —tres madres, un padre y una mujer que perdió a sus dos hermanos— han recurrido a seudónimos para protegerse de posibles represalias. Si bien muchos han denunciado públicamente los crímenes en Venezuela, sus abogados del Centro Guernica 37, una organización jurídica internacional que impulsa el caso, consideran que señalar directamente al entonces jefe del Estado venezolano eleva significativamente los riesgos. Este temor no es infundado en un país donde la independencia judicial ha sido sistemáticamente cuestionada y donde los defensores de derechos humanos a menudo enfrentan intimidación y persecución.

El Centro Guernica 37 ha sido enfático en su postura: la demanda busca demostrar que "nadie está por encima de la ley". La organización y las familias solicitan indemnizaciones punitivas y compensatorias, pero más allá de la compensación económica, lo que realmente anhelan es la verdad, la justicia y un precedente que frene la impunidad. La determinación de estas familias para enfrentar lo que describen como un sistema judicial venezolano dominado por la impunidad es el motor que las ha llevado a buscar amparo en tribunales internacionales.

Los relatos de los demandantes pintan un cuadro desolador de la violencia y la arbitrariedad. Uno de ellos narra cómo la policía no solo arrebató la vida de su ser querido, sino que también robó la consola de videojuegos de su nieta y la ropa de su hijo, al punto de que tuvo que comprarle un traje para enterrarlo. Otro relata cómo su hijo fue abatido en 2020 durante una irrupción policial sin orden judicial, una práctica que se convirtió en una constante en los operativos de las FAES.

El Respaldo de Informes Internacionales y la Indiferencia Oficial

Las denuncias de las familias no son un eco solitario. Informes de la Oficina de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos han respaldado estas acusaciones de manera contundente. Entre 2018 y 2019, las fuerzas de seguridad venezolanas habrían matado al menos a 6.856 personas en supuestos "enfrentamientos", muchos de los cuales, según las investigaciones, fueron manipulados con armas "sembradas" en las escenas o disparos en las paredes para simular resistencia de las víctimas. Estos informes señalan un patrón de ejecuciones extrajudiciales generalizado y sistemático, con una aparente anuencia o, al menos, pasividad de las autoridades superiores.

A pesar de la creciente evidencia y el clamor internacional, Nicolás Maduro elogió públicamente a las FAES en diversas ocasiones, prometiendo apoyo logístico y moral a sus agentes. Esta actitud, según los críticos, no solo ignoró las graves acusaciones, sino que también pudo haber envalentonado a los perpetradores y consolidado la percepción de impunidad. En Venezuela, si bien algunos agentes de bajo rango fueron detenidos en relación con estos crímenes, los casos a menudo se dilataron, fueron anulados o los fiscales que intentaban avanzar en las investigaciones eran apartados de sus cargos. Para las familias, esta obstrucción a la justicia en su propio país fue el detonante final que las impulsó a buscar vías en instancias internacionales, convencidas de que en su país no encontrarían la justicia que sus seres queridos merecen.

Implicaciones: Un Precedente para la Rendición de Cuentas Global

Esta demanda tiene múltiples implicaciones, tanto a nivel legal como político y social. En el ámbito legal, se suma a un creciente número de precedentes en Estados Unidos donde se ha intentado responsabilizar a altos funcionarios extranjeros por violaciones de derechos humanos. La Ley de Protección a las Víctimas de Tortura (TVPA, por sus siglas en inglés) permite a las víctimas de tortura y ejecuciones extrajudiciales buscar reparaciones civiles en tribunales estadounidenses, incluso si los actos se cometieron en el extranjero. Este caso podría sentar un precedente importante para la aplicación de esta ley en situaciones donde un jefe de Estado es directamente señalado. La dificultad, sin embargo, radica en la doctrina de la inmunidad soberana, aunque la TVPA ha sido diseñada para superar algunas de estas barreras cuando se trata de crímenes atroces contra el derecho internacional.

Políticamente, la demanda refuerza la narrativa internacional sobre las violaciones de derechos humanos en Venezuela y la presunta responsabilidad de la cúpula del gobierno. Independientemente del resultado judicial, el mero hecho de que un jefe de Estado sea demandado en un tribunal extranjero por tales acusaciones ya es un golpe a su legitimidad y a la imagen del país en el escenario global. Podría intensificar las presiones sobre el gobierno venezolano y alentar a otras víctimas a buscar justicia por vías similares. Para la oposición y la sociedad civil venezolana, la demanda representa un rayo de esperanza y una reafirmación de que la lucha por los derechos humanos no tiene fronteras.

Socialmente, el caso es un poderoso símbolo de la resiliencia y la determinación de las víctimas. Al usar seudónimos y enfrentar los riesgos inherentes, estas familias no solo buscan justicia para sus hijos y hermanos, sino que también alzan la voz por los miles de venezolanos que han sufrido en silencio. Su valentía es un recordatorio de que, a pesar del miedo y la impunidad, el deseo de verdad y justicia persiste, y que las heridas dejadas por la violencia estatal no se curan sin rendición de cuentas. La frase "Nadie está por encima de la ley" resuena con fuerza, no solo como un principio jurídico, sino como un clamor moral.

Un Camino Largo, una Esperanza Inquebrantable

La demanda contra Nicolás Maduro en una corte de Brooklyn es un paso audaz y significativo en la búsqueda de justicia para las víctimas de presuntas ejecuciones extrajudiciales en Venezuela. Es un grito contra la impunidad que ha prevalecido durante años en el

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