Expertos coinciden en que recuperación del servicio de agua pasa por una reforma institucional urgente
Especialistas advirtieron que la crisis del agua potable en Venezuela responde al colapso del modelo centralizado de gestión pública. Aseguraron que sin reformas institucionales y apertura a nuevos esquemas será difícil recuperar el servicio. Caracas. La crisis del agua potable en Venezuela no responde únicamente a la falta de infraestructura o recursos, sino también a […]
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Crónica Uno
29 may. 2026
La sed de Venezuela, una herida abierta en la cotidianidad de millones, no se cura solo con tuberías nuevas o más bombas. La raíz de la severa crisis del agua potable en el país reside, según especialistas, en un modelo de gestión profundamente centralizado que ha sofocado cualquier intento de solución. La recuperación de este servicio vital, señalan voces expertas, pasa necesariamente por una urgente y profunda reforma institucional que abra las puertas a esquemas administrativos más eficientes y humanos.
Esta fue una de las conclusiones más contundentes de un reciente foro que congregó a destacados profesionales para debatir sobre la urgente necesidad de un nuevo marco regulatorio para los servicios públicos venezolanos. Allí, el ingeniero José María De Viana, quien fuera presidente de Hidrocapital, y el abogado y profesor universitario Luis Alfonso Herrera, coincidieron en que el deterioro que hoy padece el suministro de agua no es resultado de la escasez de recursos o de la falta de capacidad técnica, sino de una gestión ineficaz que ha bloqueado cualquier camino hacia la viabilidad.
La Paradoja de un País Sediento
La discusión sobre la recuperación de los servicios públicos se da en un contexto de fallas persistentes y devastadoras para la población. Las cifras del Observatorio Venezolano de Servicios Públicos (OVSP) para 2023 pintan un panorama desolador: menos de una cuarta parte de los hogares venezolanos disfruta de un suministro de agua continuo. La inmensa mayoría de las familias se ve obligada a vivir bajo esquemas de racionamiento severo, a almacenar agua en tanques improvisados o, en el peor de los casos, a depender de la compra de costosos viajes en camiones cisterna. Este escenario, que se repite día tras día, ha llevado a que más del 60% de los ciudadanos evalúe negativamente el servicio, una muestra palpable del descontento y la frustración que permea la sociedad.
El impacto en la vida diaria es incalculable. Madres que no pueden lavar la ropa de sus hijos, restaurantes que luchan por mantener la higiene, hospitales que operan en condiciones precarias. La falta de agua no es una simple molestia; es un atentado contra la dignidad, la salud y el desarrollo social y económico.
Para José María De Viana, la solución a la crisis hídrica no puede desvincularse de otro colapso fundamental: el eléctrico. "La electricidad es el servicio de los servicios", afirmó el ingeniero, subrayando que la energía es la arteria principal que irriga el funcionamiento de todo lo demás: desde el bombeo y potabilización del agua hasta la recolección de desechos, las telecomunicaciones y la distribución de gas doméstico. Sin una red eléctrica robusta y confiable, los sistemas de bombeo que elevan el agua a las comunidades, especialmente en zonas altas y periféricas, simplemente no pueden operar.
De Viana describió una profunda paradoja energética que azota a Venezuela: un país bendecido con las mayores reservas de hidrocarburos del hemisferio occidental, pero que sufre el peor suministro eléctrico de la región. El exdirectivo de Hidrocapital lamentó que el país haya pasado de tener uno de los sistemas eléctricos más eficientes del continente en los años 90 a uno de los más deficientes y vulnerables en la actualidad. "El colapso no es técnico ni de recursos; es un fracaso totalmente institucional", sentenció, apuntando directamente a la gestión como el principal culpable.
La reconstrucción, según De Viana, exige un cambio radical: desmantelar el monopolio estatal, reintroducir mecanismos de mercado que permitan tarifas reales y sostenibles, y garantizar una transparencia administrativa que hoy brilla por su ausencia. Es un esfuerzo titánico, reconoció, que requerirá al menos una década de trabajo sostenido y compromiso inquebrantable.
La Memoria de una Gestión Eficiente: El Espejo de los 90
Luis Alfonso Herrera trajo a colación un antecedente crucial: la experiencia de Venezuela con modelos descentralizados en la década de 1990. Recordó cómo la transformación del antiguo Instituto Nacional de Obras Sanitarias (INOS) en empresas hidrológicas autónomas como Hidrocapital, permitió una gestión más ágil y efectiva. Estas nuevas entidades, regidas por el derecho mercantil y no por el administrativo, gozaron de mayor autonomía financiera y administrativa, lo que se tradujo en una mejora tangible del servicio.
De Viana, quien vivió esa transformación desde la primera línea, rememoró cómo, durante sus primeros meses al frente de Hidrocapital, el desabastecimiento crónico de agua era la principal preocupación de los caraqueños. Sin embargo, gracias a una gerencia calificada y una visión clara, lograron revertir esa situación en poco tiempo. "El problema del agua pasó del puesto uno al puesto diez en las preocupaciones de la ciudad", afirmó, destacando que la optimización del servicio no solo satisfizo las necesidades de los usuarios, sino que también generó una disposición a pagar tarifas actualizadas y justas. La gente estaba satisfecha porque, simplemente, al abrir el grifo, tenía agua a cualquier hora.
Este recuerdo contrasta brutalmente con el panorama actual, donde millones de venezolanos son rehenes de un suministro intermitente, forzados a almacenar agua por días o semanas, y a lidiar con la incertidumbre constante.
Hacia un Futuro Sostenible: Cooperación Público-Privada y Tarifas Reales
Herrera enfatizó que el modelo actual, donde el Estado asume la totalidad de los gastos operativos, es inviable a largo plazo. En un país cuya economía depende en gran medida de los mercados internacionales, especialmente en el ámbito energético, depender únicamente de las fluctuaciones presupuestarias del Estado es una receta para la inestabilidad. Los países desarrollados, subrayó, han demostrado que la cooperación público-privada es la vía más eficiente para construir políticas estables y sostenibles en el tiempo.
Los expertos aclararon que abrir el espacio al capital privado no implica una privatización indiscriminada orientada únicamente a maximizar ganancias. Se trata, más bien, de integrar la eficiencia y la capacidad de inversión del sector privado en un marco regulatorio que garantice la transparencia, la calidad del servicio y la sostenibilidad a largo plazo, siempre bajo la supervisión de un Estado que cumpla su rol de garante del bienestar público.
La recuperación del sistema hídrico requiere un mantenimiento sostenido, una modernización urgente de las redes, la reducción de las inmensas pérdidas de agua y, fundamentalmente, esquemas financieros que permitan garantizar la continuidad operativa. La visión compartida por De Viana y Herrera es clara: sin una reconstrucción institucional profunda, sin la voluntad política de desmantelar monopolios y sin la valentía de implementar tarifas reales y mecanismos de mercado transparentes, el grifo seguirá cerrado para la mayoría de los venezolanos, y la sed de cambio seguirá siendo una demanda insatisfecha.
El camino hacia la recuperación del agua potable en Venezuela es largo y complejo, pero los especialistas coinciden en que la primera piedra debe ser una reforma institucional valiente. Solo así se podrá devolver a los ciudadanos el derecho fundamental a un servicio digno y continuo, y con él, la esperanza de un futuro más próspero y saludable para todos.