Barquisimeto, Lara – Los ecos del doble terremoto que sacudió el estado Lara el pasado 24 de junio no solo han remecido la tierra, sino también la conciencia colectiva sobre la imperiosa necesidad de una cultura de prevención de riesgos en Venezuela. En un pronunciamiento que trasciende la mera alarma, la plataforma de la sociedad civil Creemos Alianza Ciudadana Lara, en conjunto con un bloque robusto de organizaciones aliadas –que incluye gremios profesionales, universidades, ONG de derechos humanos y sindicatos–, ha lanzado un llamado urgente y técnicamente fundamentado al Estado y a la ciudadanía larense. Su mensaje es claro: la gestión de riesgos debe dejar de ser una reacción post-desastre para convertirse en un compromiso permanente de planificación, formación y cooperación multisectorial.
El temblor del 24 de junio, aunque no causó daños estructurales mayores reportados de inmediato, sirvió como un crudo recordatorio de la vulnerabilidad sísmica de una región que yace sobre una de las fallas geológicas más activas del país, la Falla de Boconó. Este evento natural, en un contexto de infraestructura pública deteriorada y una institucionalidad debilitada, ha catalizado la voz de la sociedad civil organizada, que se erige como guardián de la seguridad y la resiliencia de la población.
Un Contexto Geológico y Social Crítico
Venezuela, y particularmente el occidente del país donde se asienta Lara, está geológicamente marcada por la presencia de importantes sistemas de fallas tectónicas. La Falla de Boconó, que atraviesa el territorio venezolano desde el Táchira hasta el Mar Caribe, es una de las principales y más estudiadas. Su actividad sísmica es una constante, y la historia del país está salpicada de eventos telúricos que han dejado huellas profundas, desde el devastador terremoto de Caracas en 1967 hasta eventos más recientes que, aunque de menor magnitud, mantienen latente la amenaza.
Este contexto geológico intrínseco se superpone con una realidad social y política compleja. Durante años, la inversión en mantenimiento de infraestructura, la actualización de normativas de construcción y la fiscalización de su cumplimiento han sido temas relegados en la agenda pública. La crisis económica prolongada, la fuga de talentos y la priorización de otras áreas han contribuido a un deterioro progresivo de edificaciones, puentes, escuelas y hospitales, muchos de los cuales fueron construidos bajo estándares que hoy podrían ser considerados obsoletos o sin el debido control de calidad.
Comentarios de la comunidad
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Es en este escenario donde la iniciativa de Creemos Alianza Ciudadana Lara y sus aliados cobra una relevancia vital. Reconocen que la empatía por las familias que sufrieron momentos de angustia e incertidumbre debe traducirse en acciones concretas. Su propuesta no es solo un reclamo, sino un esquema constructivo que busca articular la capacidad del Estado, la academia, el sector privado y las comunidades para fortalecer la seguridad y la resiliencia del estado Lara, y por extensión, de toda Venezuela.
Los Pilares de la Prevención: Una Exigencia Multisectorial
El pronunciamiento de las organizaciones larenses, respaldado por la autoridad técnica del Colegio de Ingenieros del estado Lara, arquitectos y psicólogos, subraya la urgencia de una articulación efectiva. La gestión del riesgo, insisten, no es responsabilidad exclusiva de un solo actor, sino un compromiso compartido que requiere la confluencia de voluntades y experticias.
1. El Rol del Estado y las Instituciones:
El llamado es firme hacia la Gobernación del estado Lara, las alcaldías, Protección Civil y los entes de gestión de riesgos. Se les exhorta a coordinar técnicamente con la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis) para reforzar la evaluación de infraestructuras. Esta auditoría es prioritaria, especialmente en centros asistenciales de salud, instituciones educativas y universidades, donde la vida de miles de personas está en juego. La exigencia va más allá: se demanda el cumplimiento estricto de las normativas sismorresistentes, un punto crítico en un país donde la permisividad y la corrupción han socavado la calidad de las construcciones. La capacidad del Estado para garantizar la seguridad de sus ciudadanos se mide, en gran parte, por su diligencia en estas materias.
2. La Academia como Motor de Conocimiento y Formación:
Las universidades son catalogadas como pilares fundamentales del desarrollo de una sociedad resiliente. La invitación es a potenciar la investigación científica, la extensión universitaria y la formación ética de profesionales orientados al servicio público. En un país donde la inversión en ciencia y tecnología ha disminuido drásticamente y las universidades enfrentan serias limitaciones presupuestarias, este llamado resuena como un recordatorio de su rol insustituible. La generación de conocimiento sobre vulnerabilidad sísmica, nuevos materiales y técnicas de construcción, así como la formación de ingenieros, arquitectos y planificadores urbanos con una sólida ética profesional, son esenciales para el futuro.
3. La Expertise de los Gremios Profesionales:
El reconocimiento al valor técnico del Colegio de Ingenieros, Arquitectos y demás ramas profesionales de Lara es explícito. Estos gremios pueden proveer diagnósticos objetivos e independientes en materia de patología estructural, calidad de los materiales de construcción y vulnerabilidad sísmica. En un contexto donde la confianza en las instituciones públicas puede estar erosionada, la independencia y la experticia de los gremios son fundamentales para ofrecer evaluaciones creíbles y propuestas de solución. La promoción de brigadas voluntarias de evaluación técnica y orientación comunitaria es una muestra de cómo la sociedad civil organizada puede complementar y fortalecer las capacidades estatales.
4. La Ciudadanía como Primera Línea de Defensa:
La prevención, recalcan las organizaciones, nace en los hogares. La sociedad larense es exhortada a organizarse, a capacitarse en programas preventivos, a identificar responsablemente situaciones de vulnerabilidad en su entorno, a diseñar planes comunitarios de emergencia y a respetar las directrices de los organismos competentes. La autogestión y la conciencia ciudadana son elementos cruciales en cualquier estrategia de reducción de riesgos. Un ciudadano informado y preparado es menos vulnerable y más resiliente.
5. El Papel Ético de los Medios de Comunicación:
Finalmente, se solicita a las instituciones del Estado y a los medios de comunicación actuar bajo estrictos principios éticos, garantizando el acceso a información veraz, oportuna y manejada con sensibilidad. En tiempos de crisis o incertidumbre, la desinformación o el pánico pueden ser tan destructivos como el evento mismo. La transparencia y la responsabilidad en la comunicación son fundamentales para resguardar la dignidad de la población en todas las fases de prevención, respuesta y recuperación.
Análisis de Implicaciones: El Costo de la Negligencia
La ausencia de una cultura de prevención de riesgos tiene implicaciones profundas y multifacéticas para Venezuela:
Implicaciones Sociales: La consecuencia más dramática es la pérdida de vidas humanas y el sufrimiento. Además, un desastre puede generar desplazamientos masivos, pérdida de hogares y medios de subsistencia, trauma psicológico colectivo y la desintegración del tejido social. Las comunidades más vulnerables, a menudo las que habitan en estructuras precarias o en zonas de alto riesgo, son las primeras y más afectadas, profundizando las desigualdades existentes.
Implicaciones Económicas: El costo de la reconstrucción post-desastre es exponencialmente mayor que la inversión en prevención. Un terremoto de magnitud significativa no solo destruiría infraestructura, sino que paralizaría la actividad económica, afectaría cadenas de suministro, generaría desempleo y requeriría recursos masivos para la recuperación, recursos que Venezuela, en su actual coyuntura económica, difícilmente podría afrontar. La prevención es, en esencia, una inversión estratégica que protege el capital humano y físico del país.
Implicaciones Políticas e Institucionales: La negligencia en la gestión de riesgos expone la debilidad y la irresponsabilidad del Estado. La falta de cumplimiento de normativas, la corrupción en la construcción y la incapacidad para coordinar esfuerzos erosionan la confianza ciudadana en las instituciones. Por el contrario, un Estado proactivo en prevención demuestra capacidad de gobernanza, compromiso con el bienestar de su población y fortalece la legitimidad. La sociedad civil, al levantar esta voz, no solo demanda seguridad, sino también rendición de cuentas y una mejor gestión pública. La articulación de estas organizaciones representa un contrapeso necesario y una fuente de soluciones técnicas en un contexto de polarización política.
Conclusión: Un Compromiso con el Futuro
La iniciativa de Creemos Alianza Ciudadana Lara y sus aliados no es solo una respuesta a un evento sísmico reciente; es un llamado a la acción fundamental para el futuro de Lara y de Venezuela. Reafirmando su compromiso de servir como un espacio neutral de articulación social, estas organizaciones ponen a disposición sus capacidades para promover mesas de diálogo interinstitucional, jornadas de sensibilización, programas de formación en gestión de riesgo y redes de voluntariado comunitario.
La construcción de una cultura preventiva es un proyecto a largo plazo que requiere perseverancia, recursos y, sobre todo, una voluntad política y ciudadana inquebrantable. En un país que ha enfrentado y sigue enfrentando múltiples desafíos, la prevención de desastres naturales se alza como una prioridad ineludible. Es una inversión en vidas, en patrimonio, en estabilidad económica y en la cohesión social. La exhortación de Lara resuena como un recordatorio de que la seguridad de una nación se cimenta no solo en la reacción ante la adversidad, sino en la capacidad de anticiparla y prepararse para ella, robusteciendo de manera definitiva la cultura preventiva que Venezuela tanto necesita.