El presidente de la Cámara Española de Comercio en México (Camescom), Antonio Basagoiti Pastor (d), llega con el ministro de Asuntos Exteriores de España, José Manuel Albares, a una reunión con empresarios en la Cámara de Comercio de España este martes, en Ciudad de México (México). EFE/José Méndez / José Méndez (EFE)
España está echando el resto —en términos de diplomacia política— para atraer al mayor número posible de dirigentes de Latinoamérica y el Caribe a la trigésima Cumbre Iberoamericana, de la que este año somos anfitriones en Madrid. Y es que este foro, que nació hace casi 30 años, fue durante sus primeros años de vida uno de los principales encuentros de dirigentes latinoamericanos junto a España y Portugal, en los que se debatían problemas sociales, educativos y estructurales, y se proponían ideas que muchos luego implementaban. La Cumbre era un evento de carácter anual.
Pero empezaron las sanciones contra Cuba, los bloqueos contra regímenes que no cumplían las reglas del juego democrático. En un determinado momento se juntaron líderes populistas como Fidel Castro y Hugo Chávez, y muchos de ustedes aún recordarán aquel «¿por qué no te callas?» que soltó el monarca español, Juan Carlos de Borbón, ante una de las diatribas verbales del líder del chavismo venezolano.
Ahora ese mismo chavismo, que dirige Delcy Rodríguez tras la detención de Nicolás Maduro y apadrinado con el visto bueno de Washington, ha comenzado incluso a recibir visitas de Estado. José Manuel Albares se está trabajando a nivel diplomático las diferencias políticas para atraer a Madrid al mayor número de mandatarios, independientemente de sus ideologías. El lunes estuvo en Puerto Rico y, aunque no es un Estado independiente como tal, ha invitado a su gobernadora a que asista a la Cumbre. Al día siguiente viajó a República Dominicana, donde entregó la invitación a Luis Abinader, el presidente, y le confirmaron in situ que asistirá. Y solo 12 horas después viaja a México con el mismo objetivo: invitar a Sheinbaum al encuentro de Madrid. A todos los recibirá con la alfombra roja desplegada.
Quiere devolver a las Cumbres Iberoamericanas el verdadero poder que tenían antes y por eso confirma que se invitará a todos, incluida Delcy Rodríguez. Y si se les invita, es para que vengan. Obviamente habrá ausencias ya declaradas, como la de Daniel Ortega, de Nicaragua, cuya deriva dictatorial le ha convertido en un paria internacional. Tampoco es factible que Díaz-Canel, el presidente de Cuba, vaya a aterrizar en Madrid, aunque se le garantice el acceso. Hace muchos años que el mandatario del castrismo ya no acude a estos eventos.


