La partida física de Carmen Navas, ocurrida la noche del domingo 17 de mayo, apenas cuarenta y ocho horas después de un emotivo servicio religioso en memoria de su hijo, Víctor Quero, se erige como un desgarrador símbolo de la profunda crisis de justicia y derechos humanos que azota a Venezuela. Su fallecimiento, descrito por allegados como un lento apagarse tras casi año y medio de incansable búsqueda y dolor, resonó en la conciencia colectiva como la confirmación de una realidad implacable: en el país, la justicia para las víctimas y sus familias es una quimera inalcanzable, a menudo hasta el último aliento.
Una Búsqueda Incesante y el Eco de la Impunidad
El peregrinaje de Carmen Navas durante un año y medio fue el de una madre venezolana más, forzada a convertirse en investigadora, en abogada de su propio dolor, en clamor viviente ante la indiferencia institucional. Su voz, quebrada por el llanto pero firme en su fe, expresó en la misa de su hijo la fortaleza que la sostuvo: "Dios me dio la fortaleza para encontrar a mi hijo hasta el final". Esta declaración, lejos de ser un cierre, se convirtió en el preludio de su propia despedida, dejando en el aire la amarga pregunta sobre qué significa "el final" cuando la verdad y la reparación nunca llegan.
La historia de Carmen Navas y Víctor Quero no es un caso aislado, sino un reflejo de una problemática sistémica que ha desdibujado los cimientos del estado de derecho en Venezuela. Innumerables familias han enfrentado la desaparición forzada, las ejecuciones extrajudiciales y la tortura, y luego se han topado con un muro de impunidad y revictimización por parte de las estructuras que deberían garantizar la justicia. La búsqueda de un ser querido se transforma en una odisea solitaria y desgastante, donde el duelo se pospone indefinidamente ante la necesidad imperiosa de obtener respuestas.
La frase "la tragedia de la familia Quero Navas confirma que la justicia en Venezuela murió" no es una mera expresión de lamento, sino una cruda sentencia sobre la desarticulación del sistema judicial. Cuando las instituciones encargadas de investigar, enjuiciar y sancionar son percibidas como cómplices, ineficaces o directamente obstructivas, la confianza ciudadana se desvanece por completo. En un contexto donde la rendición de cuentas es la excepción y no la regla, el camino de una madre como Carmen Navas, en su búsqueda de la verdad, se convierte en un acto de resistencia civil en sí mismo, pero también en un testimonio de la vulnerabilidad extrema de los ciudadanos frente a un aparato estatal que no responde a sus demandas más básicas.



