El costo del rescate: 1.200 dólares diarios por una máquina para salvar a los tuyos en La Guaira

El costo del rescate: 1.200 dólares diarios por una máquina para salvar a los tuyos en La Guaira

Un yorkshire diminuto y asustado salió con vida de los escombros diez días después del derrumbe, y el video corrió por las redes de

Redacción Libertad VZLA
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Redacción Libertad VZLA

Equipo editorial6 jul. 2026

LA GUAIRA, Venezuela – La imagen de un pequeño yorkshire diminuto y asustado emergiendo de los escombros diez días después del devastador doble terremoto del 24 de junio se convirtió en un efímero faro de esperanza en la tragedia que consume a La Guaira. Detrás de ese milagro, y de una operación de rescate privada que desafía la lógica y la capacidad del Estado, se encontraba Eliezer Alfonzo, “El Matatán”, una estrella del béisbol venezolano y de las Grandes Ligas. Su misión, tan personal como desesperada, era encontrar a su esposa Patricia y a su hija Eliana, de 16 años, sepultadas bajo las ruinas del hotel Eduard’s Suites. Una misión que, a pesar de la fama, el dinero y un ejército privado de rescatistas, terminó en el más desgarrador de los desenlaces: halladas sin vida.

El drama de Alfonzo no es solo el relato de una pérdida personal inmensurable; es el crudo reflejo de una Venezuela donde la capacidad del Estado para responder a una catástrofe de esta magnitud ha sido superada, o simplemente está ausente. Es la dolorosa evidencia de que, en momentos de máxima vulnerabilidad, la supervivencia y la posibilidad de un rescate digno se han convertido en un privilegio al alcance de pocos, medido en dólares diarios por el alquiler de maquinaria pesada.

Un Héroe Convertido en Comandante de Rescate Privado

Eliezer Alfonzo, conocido por sus jonrones y su liderazgo en el campo, se vio forzado a asumir un rol impensable: el de comandante de su propio campamento de rescate. Ante la inacción o las limitaciones de los organismos oficiales en las primeras y cruciales horas, la familia Alfonzo no esperó. Cavaron con las manos el primer día, en un acto primario de amor y desesperación. A partir del segundo día, la infraestructura de rescate de “El Matatán” empezó a tomar forma, una operación logística que rivalizaba con la que debería haber desplegado el Estado.

Desde Puerto La Cruz, a cinco horas de distancia por carretera, Alfonzo trajo maquinaria pesada: grúas, martillos hidráulicos, jumbos con pala y cuchillas para retirar escombros. Contrató a hombres acostumbrados a trabajar bajo tierra en las minas de oro de Tumeremo, en el sur del país, una mano de obra calificada en entornos hostiles. Mantuvo a su equipo de 50 hombres alimentados y con suero vitamínico, operando las máquinas desde las seis de la mañana hasta las dos de la madrugada, bajo luminarias que permitían excavar en la oscuridad. El costo de esta operación era astronómico para el contexto venezolano: unos 1.200 dólares diarios por cada máquina, una suma que pocos en el país podrían afrontar.

La hermana del beisbolista, Hensily Alfonzo, relató cómo la propia familia tuvo que dirigir las excavadoras, ya que los operadores carecían de experiencia en cómo abordar un edificio colapsado. "Acabamos ordenando el tráfico nosotros, por instinto", cuenta, una frase que encapsula la improvisación y la valentía forzada ante la adversidad. La historia de Alfonzo es un testimonio de la resiliencia venezolana, pero también de la profunda herida que revela la ausencia de un sistema de respuesta robusto y equitativo.

El Contexto de la Tragedia: Una Venezuela Vulnerable y Desasistida

El doble terremoto del 24 de junio ha dejado una cicatriz imborrable en la memoria del país. El balance oficial, actualizado días después, era escalofriante: 3.342 fallecidos, 16.740 heridos y 17.345 personas que perdieron sus viviendas. La Guaira, el estado costero, se llevó la peor parte, con 8 de cada 10 edificios totalmente derrumbados en la zona.

Esta tragedia no es un evento aislado en la historia reciente de Venezuela. Rememora, con dolorosa similitud, la "Tragedia de Vargas" de 1999, cuando deslizamientos de tierra y lluvias torrenciales arrasaron gran parte de este mismo estado, dejando un número incalculable de muertos y desaparecidos. En aquel entonces, la respuesta estatal fue también cuestionada, aunque la magnitud del evento fue diferente. Sin embargo, lo que ha cambiado drásticamente en las últimas dos décadas es la capacidad del Estado venezolano para movilizar recursos, coordinar esfuerzos y brindar asistencia humanitaria efectiva.

Años de crisis económica, hiperinflación, corrupción y desinversión han mermado drásticamente las instituciones públicas. Los equipos de rescate y protección civil, que alguna vez fueron referentes en la región, hoy enfrentan escasez de personal capacitado, falta de equipos modernos, y una burocracia paralizante. La fuga de cerebros ha afectado a todos los sectores, incluyendo a profesionales clave en la gestión de desastres. La infraestructura del país, desde las carreteras hasta los hospitales, se encuentra en un estado precario, lo que dificulta aún más la respuesta rápida y eficiente ante una emergencia. En este contexto, la dependencia de iniciativas privadas, como la de Alfonzo, se vuelve una necesidad desesperada.

Implicaciones: Una Sociedad Fracturada por la Desigualdad en la Tragedia

La historia de Eliezer Alfonzo revela profundas implicaciones sociales, económicas y políticas para Venezuela.

Socialmente, la tragedia ha expuesto una dolorosa dualidad: aquellos con recursos pueden intentar comprar velocidad y tiempo, mientras la inmensa mayoría de los afectados queda a la merced de una respuesta estatal deficiente o inexistente. "Muchas personas decían: cuando Eliezer consiga lo que tenga que conseguir, nosotros nos vamos, porque no contamos con nadie", cuenta Hensily, ilustrando la desesperación de vecinos que dependían de las máquinas de un particular. Esta desigualdad en la posibilidad de rescate no solo es un golpe a la dignidad humana, sino que profundiza las brechas sociales existentes, creando una "justicia" de clase incluso en la adversidad más extrema. La confianza en las instituciones públicas se erosiona aún más, dejando a los ciudadanos con una sensación de abandono y desamparo. La resiliencia comunitaria, aunque admirable, no puede ni debe sustituir la obligación del Estado.

Económicamente, el costo de la ineficacia estatal se traduce directamente en un gasto insostenible para los individuos. Los 1.200 dólares diarios por máquina, en un país donde el salario mínimo no alcanza los 10 dólares mensuales, representan una fortuna inalcanzable para la mayoría. Esto no solo afecta la fase de rescate, sino que augura un futuro incierto para la reconstrucción. ¿Quién asumirá el costo de levantar miles de viviendas? ¿Cómo se recuperarán las familias que lo perdieron todo sin un apoyo estatal robusto? La tragedia se convierte en una espiral de empobrecimiento para los más vulnerables, y una carga económica desproporcionada para aquellos que, como Alfonzo, tienen la capacidad de actuar. Además, la "economía informal de desastre" que surge, con la contratación de mineros y la logística privada, aunque funcional a corto plazo, es un síntoma de una falla sistémica, no una solución sostenible.

Políticamente, la situación plantea serias interrogantes sobre la capacidad y la voluntad del gobierno para proteger a sus ciudadanos. La ausencia de una respuesta estatal contundente en las primeras horas críticas, y la necesidad de un ciudadano prominente de organizar una operación paralela, es una crítica implícita y devastadora a la gestión pública. Cuestiona la transparencia en la asignación de recursos para la prevención y respuesta de desastres, así como la rendición de cuentas por la falta de preparación. La tragedia de La Guaira se convierte en un símbolo más del colapso de los servicios públicos en Venezuela, donde hasta la vida misma parece tener un precio que el Estado no puede o no quiere pagar. La situación también pone de manifiesto la necesidad urgente de una infraestructura de emergencia moderna, bien equipada y con personal capacitado, algo que solo puede lograrse con una voluntad política genuina y una inversión significativa.

La Fragilidad de la Esperanza y la Lucha por la Verdad

Eliezer Alfonzo, a pesar de sus recursos y su fama, no pudo evitar el desenlace más cruel. "Estoy devastado", confesaba a EL PAÍS. "Me siento impotente por no ver el resultado de tanto esfuerzo". Sus palabras resuenan con la frustración de miles de venezolanos que, en medio de la adversidad, se sienten solos y desasistidos. El hallazgo de pertenencias de su hija y esposa –un teléfono, una maleta, un reloj– en los escombros, antes de la confirmación de sus muertes, añadió una capa más de desgarro a la espera. "No puedo decir que me he sentido desatendido porque yo hice el movimiento que tenía que hacer. Pero pienso que la búsqueda hubiese sido algo más grande si hubiese habido más apoyo", sentenció.

La tragedia de La Guaira es un doloroso recordatorio de la fragilidad de la vida y la esperanza en un país donde las crisis se superponen. Es un llamado de atención sobre la urgente necesidad de reconstruir no solo edificios, sino la confianza en las instituciones, la capacidad del Estado para proteger a sus ciudadanos y la equidad en el acceso a la asistencia en momentos de catástrofe. En "Libertad VZLA", seguiremos informando y exigiendo respuestas, porque solo a través de la verdad y la rendición de cuentas podremos aspirar a una Venezuela donde la vida de sus ciudadanos no tenga un precio inalcanzable. El costo del rescate de los tuyos no debería ser una factura impagable, sino una garantía fundamental de la sociedad.

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