La Guaira, Venezuela – La devastación causada por los recientes sismos del 24 de junio en Venezuela ha dejado tras de sí no solo escombros, sino también un profundo dolor y una clamorosa exigencia de dignidad por parte de las víctimas. En la urbanización Palmar Este de Caraballeda, estado La Guaira, la familia Núñez se enfrenta a una angustiosa espera, suplicando el apoyo oficial para rescatar los cuerpos de dos seres queridos que yacen bajo los restos de lo que fue su hogar, un drama que subraya la percibida ineficiencia y desatención estatal en momentos de catástrofe.
El Rugido de la Tierra y la Tragedia de Palmar Este
El 24 de junio quedará grabado en la memoria de Patricia Núñez como el día en que la tierra, con dos potentes movimientos telúricos de magnitud 7.2 y 7.5, se abrió bajo sus pies, transformando su vida en una pesadilla. En medio del estruendo y la inestabilidad, Patricia, una docente y empleada pública, logró escapar de su vivienda en la urbanización Palmar Este, parroquia Caraballeda, justo cuando la estructura cedía. El caos y el polvo eran tales que la magnitud de la tragedia solo se hizo evidente al salir de lo que quedaba de su casa.
Dentro de los escombros quedaron atrapadas dos personas: Dora Monasterios, su suegra de 83 años, y Gerardo Aguilar, un amigo y vecino de 90 años. El esposo y la hija de Patricia habían salido a realizar una compra, salvándose por una casualidad del destino. La desesperación de la familia fue inmediata. Los gritos de "¡Dora!", "¡Señor Aguilar!" resonaron en el aire, mezclados con la angustia por "¡Nikita!", su perrita que también había quedado sepultada. El milagro de Nikita, quien emergió de los escombros días después, aturdida pero ilesa, solo sirvió para acentuar la esperanza y, a la vez, la tristeza de la familia, pues Patricia cree que la perra pudo haber acompañado a su suegra, quien quizás sobrevivió por un tiempo bajo las ruinas. Este detalle, tan conmovedor como desgarrador, alimenta la convicción de que una respuesta más rápida podría haber cambiado el desenlace para sus seres queridos. La escena de la familia buscando desesperadamente ayuda en las horas subsiguientes, viendo cómo eran los propios ciudadanos y parientes quienes removían los escombros en Tanaguarenas, pintaba un cuadro desolador de la ausencia institucional en los momentos más críticos.




