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Denuncian que en Hospital de Machiques en Zulia "dejan morir a la gente"

Denuncian que en Hospital de Machiques en Zulia "dejan morir a la gente"

“Este hospital es un desastre, no sirve, dejan morir a la gente”, este fue el grito enardecido de una mujer a las puertas del

Luis Sambrano
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Luis Sambrano

Fundador y editor7 jul. 2026

El grito desesperado de una mujer a las puertas del Hospital II Nuestra Señora del Carmen, en Machiques de Perijá, estado Zulia, no fue solo una expresión de dolor individual, sino el eco desgarrador de una crisis que carcome las entrañas del sistema de salud venezolano. "Este hospital es un desastre, no sirve, dejan morir a la gente", clamó la ciudadana, con la rabia y la impotencia de quien ve la vida de un ser querido pendiendo de un hilo ante la indiferencia y el colapso institucional. Su denuncia, que rápidamente se hizo viral en redes sociales, expone una vez más la cruda realidad que enfrentan miles de venezolanos: centros hospitalarios que, lejos de ser bastiones de vida, se han convertido en escenarios de muerte y desesperanza por la falta crónica de personal, insumos y una gestión eficiente.

La indignación de esta mujer zuliana se originó al presenciar cómo un niño, en estado delicado, era trasladado en ambulancia hacia Maracaibo sin el acompañamiento de una enfermera y, lo que es aún más grave, sin la administración de inyecciones que pudieran estabilizarlo durante el trayecto. Este incidente, que pudo haber tenido consecuencias fatales, subraya la precariedad de los servicios de emergencia y la falta de protocolos básicos de atención en un centro de salud que, paradójicamente, apenas el 21 de junio pasado, fue objeto de un pomposo anuncio por parte de la Gobernación chavista del Zulia. El gobernador Luis Caldera había presentado un "plan de recuperación de la infraestructura" y la incorporación del hospital al "Plan Quirúrgico Nacional", asegurando que era "fundamental para los planes de recuperación nutricional infantil". La realidad, sin embargo, desmiente categóricamente esta narrativa oficial. "¿Dónde están las enfermeras de aquí?", cuestionó la mujer, señalando la brecha abismal entre el discurso político y la vivencia cotidiana de los ciudadanos.

El Espejo de una Crisis Nacional: La Ruina del Sistema Sanitario Venezolano

El caso del Hospital de Machiques no es una anomalía aislada, sino un microcosmos de la profunda y prolongada crisis que ha desmantelado el sistema de salud pública en Venezuela. Durante las últimas dos décadas, lo que alguna vez fue una red de hospitales y ambulatorios con cierto nivel de funcionamiento ha sido sistemáticamente desmantelado por la desinversión, la corrupción, la mala gestión y el éxodo masivo de profesionales.

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La infraestructura hospitalaria, en muchos casos construida hace décadas, se encuentra en un estado deplorable. Filtraciones, fallas eléctricas constantes, equipos médicos dañados o inexistentes, y quirófanos inoperativos son la norma, no la excepción. La falta de mantenimiento preventivo y correctivo ha llevado a que edificios enteros se deterioren a la vista de todos, poniendo en riesgo tanto a pacientes como al personal. En Machiques, el anuncio de un plan de recuperación de infraestructura sin abordar la escasez de personal e insumos es una muestra de una política pública superficial, enfocada más en la imagen que en la solución de problemas estructurales.

Pero la carencia más crítica y dolorosa es la de recursos humanos. Médicos, enfermeras, técnicos y especialistas han abandonado el país en cifras alarmantes, huyendo de salarios miserables que no les permiten cubrir ni las necesidades básicas, de condiciones laborales infrahumanas y de la frustración de no poder ejercer su profesión con dignidad y eficacia. La denuncia de la mujer en Machiques sobre la ausencia de enfermeras es un reflejo de esta diáspora. Los hospitales operan con plantillas mínimas, sobrecargando al personal restante y comprometiendo gravemente la calidad de la atención. La escasez de enfermeras, en particular, es crítica, pues son el pilar fundamental del cuidado directo al paciente, y su ausencia puede ser la diferencia entre la vida y la muerte.

A esto se suma la endémica falta de insumos médicos y medicamentos. Desde los fármacos más básicos, como analgésicos y antibióticos, hasta materiales quirúrgicos, suturas, gasas o reactivos para laboratorio, la escasez es generalizada. Los pacientes y sus familiares se ven obligados a recorrer farmacias y el mercado negro, a veces sin éxito, para conseguir lo que el hospital debería proveer. En muchos casos, deben adquirir los insumos para su propia cirugía o tratamiento, lo que representa una carga económica insostenible para la mayoría de los venezolanos, que viven con salarios mínimos. La situación del niño en Machiques, sin una inyección vital para su traslado, es una clara evidencia de esta carencia.

El discurso oficial de "recuperación" y "planes quirúrgicos nacionales" choca frontalmente con esta realidad. Si bien se anuncian con frecuencia programas y dotaciones, la experiencia demuestra que estos suelen ser intermitentes, insuficientes y, a menudo, opacados por la opacidad en la gestión de los recursos y la persistencia de las fallas de fondo. La población, como la mujer de Machiques, ya no cree en los comunicados de prensa; cree en lo que ve y vive en carne propia.

Implicaciones: Un Tejido Social Desgarrado y un Estado Ausente

Las implicaciones de esta crisis sanitaria son multidimensionales y devastadoras para la sociedad venezolana.

Implicaciones Sociales

La más evidente es la violación sistemática del derecho humano a la salud. Un Estado que no puede garantizar la atención médica básica a sus ciudadanos está fallando en una de sus funciones primordiales. Esto se traduce en un aumento de la mortalidad y morbilidad por causas prevenibles o tratables, especialmente entre los sectores más vulnerables: niños, ancianos y personas de bajos recursos. La frase "dejan morir a la gente" es una acusación directa y una realidad palpable para muchos.

La pérdida de confianza en las instituciones públicas es profunda. Cuando un ciudadano no puede confiar en que un hospital le brindará atención en una emergencia, se genera un sentimiento de desamparo y desesperanza que erosiona el tejido social. Las familias se ven forzadas a tomar decisiones desesperadas, a endeudarse o a migrar en busca de atención médica, desintegrando núcleos familiares y generando un costo social incalculable. La salud se convierte en un privilegio, no en un derecho, profundizando la desigualdad social.

El impacto psicológico en la población es inmenso. La angustia de enfermarse o de que un familiar lo haga, sabiendo que no hay recursos para atenderlo, es una carga emocional constante. Para el personal de salud que aún permanece en el país, la frustración y el estrés de trabajar en condiciones tan precarias, viendo morir a pacientes por falta de lo más básico, es una forma de tortura moral que lleva a muchos a la depresión y al burnout.

Implicaciones Políticas

La brecha entre el discurso oficial y la realidad palpable en las calles y hospitales de Venezuela es una fuente constante de deslegitimación para el gobierno. Los anuncios de "recuperación" y "avances" pierden toda credibilidad cuando la gente experimenta lo contrario. El video de la mujer en Machiques, viralizado en redes sociales, es una poderosa herramienta de contrainformación que expone la ineficacia de la gestión y la desconexión con las necesidades reales de la población.

La falta de rendición de cuentas es otro problema grave. A pesar de las denuncias constantes, rara vez se ven investigaciones transparentes o responsables políticos asumiendo las consecuencias por el deterioro de los servicios públicos. La centralización del poder y la opacidad en el manejo de los recursos dificultan la auditoría y la exigencia de responsabilidades. La protesta ciudadana, como la de Machiques, se convierte en uno de los pocos mecanismos para visibilizar estas fallas, en un contexto de restricción de la libertad de expresión y persecución a la prensa independiente.

Implicaciones Económicas

La crisis sanitaria tiene un impacto económico directo e indirecto. La fuga de cerebros en el sector salud representa una pérdida irrecuperable de capital humano y conocimiento especializado, que tardará décadas en reconstruirse. Formar un médico o una enfermera es una inversión significativa para el Estado, que se pierde cuando estos profesionales emigran.

Además, la población enferma o mal atendida es una fuerza laboral menos productiva. Las enfermedades crónicas no tratadas, las complicaciones por falta de atención adecuada y la incapacidad para trabajar debido a problemas de salud afectan la productividad económica del país. El gasto de bolsillo en salud, que recae desproporcionadamente en los ciudadanos, desvía recursos que podrían destinarse a otras necesidades básicas o a la inversión productiva. La existencia de un mercado negro de medicamentos, si bien puede aliviar la escasez para algunos, también genera distorsiones económicas y expone a la población a productos de dudosa calidad.

La Voz de la Gente: Un Llamado Ineludible

El clamor de la mujer en el Hospital de Machiques no es un incidente aislado, sino la viva expresión de una tragedia nacional que se desarrolla a diario en cada rincón de Venezuela. Es un recordatorio doloroso de que, más allá de las cifras macroeconómicas o los discursos políticos, la vida humana está en juego. La salud no es un capricho; es un derecho fundamental, y su garantía es una prueba de la capacidad y la voluntad de un gobierno para proteger a sus ciudadanos.

Desde "Libertad VZLA", reafirmamos nuestro compromiso con la verdad y la denuncia de estas realidades. La voz de esta mujer, amplificada por las redes sociales y el periodismo independiente, debe ser escuchada y atenderse con la urgencia que amerita. Es imperativo que las autoridades asuman su responsabilidad, no con planes de fachada, sino con soluciones integrales que aborden la raíz de la crisis: la falta de inversión sostenida, la recuperación de los salarios del personal de salud, la dotación constante de insumos y medicamentos, y una gestión transparente y eficiente. La vida de los venezolanos no puede seguir siendo moneda de cambio en un sistema colapsado. El grito de Machiques es un llamado a la acción, un recordatorio de que la dignidad humana exige respuestas, no promesas vacías.