Denuncian hostigamiento y confiscación de ayuda humanitaria en cinco estados

Denuncian hostigamiento y confiscación de ayuda humanitaria en cinco estados

Organizaciones de derechos humanos y dirigentes estudiantiles denunciaron un presunto patrón de hostigamiento contra iniciativas ciudadanas de ayuda humanitaria en al menos cinco estados del país. Entre el 25 y el 29 de junio reportaron cierres de centros de acopio, intimidación a voluntarios y la retención o confiscación de donaciones destinadas a las víctimas del

Redacción Libertad VZLA
Por

Redacción Libertad VZLA

Equipo editorial30 jun. 2026

Organizaciones de derechos humanos y el sector estudiantil han levantado una voz de alerta ante lo que describen como un patrón sistemático de hostigamiento y confiscación de ayuda humanitaria, obstaculizando la solidaridad ciudadana destinada a las víctimas del reciente terremoto que impactó el centro-norte de Venezuela. Entre el 25 y el 29 de junio, se documentaron cierres de centros de acopio, intimidación a voluntarios y la retención arbitraria de donaciones en al menos cinco estados del país, evidenciando una preocupante injerencia estatal en la respuesta humanitaria de la sociedad civil.

Un Patrón de Obstaculización en Medio de la Emergencia

La emergencia suscitada por el sismo que sacudió la región central del país, generando necesidades urgentes en comunidades ya vulnerables, ha sido el telón de fondo para una serie de acciones por parte de organismos de seguridad y autoridades civiles que han entorpecido la asistencia. Fundehullan y Tejiendo Redes, dos organizaciones dedicadas a la defensa de los derechos humanos, emitieron una alerta pública detallando estos incidentes, los cuales se extienden por Barinas, Portuguesa, Sucre y Yaracuy. Sus informes describen cómo la ayuda recolectada por ciudadanos y destinada a los damnificados fue interceptada o impedida de llegar a su destino.

El 25 de junio, en el municipio Obispos del estado Barinas, funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) habrían ordenado el cierre de un centro de acopio gestionado por la sociedad civil. Esta acción no solo detuvo la recepción de nuevas donaciones, sino que también impidió la distribución de los insumos ya almacenados, dejando a los voluntarios en una situación de impotencia y a los beneficiarios sin la ayuda esperada. Ese mismo día, en Guanarito, estado Portuguesa, activistas reportaron presiones de parte de funcionarios de Protección Civil, quienes exigieron la entrega de la ayuda recolectada bajo el argumento de que el Estado debía monopolizar y centralizar el acopio de toda la asistencia humanitaria. Esta justificación, que prioriza el control sobre la eficacia y la celeridad en la entrega de ayuda, ha sido una constante en la narrativa oficial frente a iniciativas ciudadanas.

La situación de hostigamiento se replicó el 26 de junio en Cumaná, estado Sucre, donde miembros del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) habrían intimidado a quienes gestionaban un centro de acopio. Este punto de recolección, organizado por ciudadanos y miembros de la tolda política Vente Venezuela, buscaba asistir directamente a los damnificados de la zona, lo que sugiere una posible motivación política detrás de la intervención de los cuerpos de seguridad. Al día siguiente, el 27 de junio, en el municipio Arístides Bastidas de Yaracuy, la denuncia fue aún más grave: trabajadores de la alcaldía presuntamente ingresaron a un centro de acopio ciudadano y retiraron sin autorización la ayuda humanitaria almacenada, configurando una virtual confiscación de bienes destinados a la solidaridad. Estos incidentes, documentados en un lapso de apenas cuatro días, pintan un panorama de una intervención estatal coordinada y sistemática contra la autonomía de la sociedad civil para responder a una crisis humanitaria.

La Centralización Forzada y el Hostigamiento a la Solidaridad Ciudadana

La recurrente invocación a la "centralización" de la ayuda por parte del Estado ha sido un eje central en la justificación de estas acciones. Desde la perspectiva oficial, la coordinación de la asistencia humanitaria recaería exclusivamente en las instituciones gubernamentales, descalificando o deslegitimando los esfuerzos independientes. Sin embargo, en un país con una infraestructura de servicios públicos deteriorada y una capacidad de respuesta gubernamental a menudo cuestionada, la sociedad civil y las organizaciones no gubernamentales han demostrado ser actores cruciales, y en muchas ocasiones, los primeros en llegar y los más eficientes en la distribución de ayuda en momentos de crisis.

El argumento de la centralización, en este contexto, parece servir más como un mecanismo de control político y social que como una estrategia efectiva para la gestión de desastres. La intervención de la PNB, Protección Civil, el Sebin y hasta de trabajadores municipales en distintos estados, apuntando a centros de acopio diversos –desde los gestionados por la sociedad civil en general hasta aquellos con alguna afiliación política opositora– sugiere una directriz clara desde las altas esferas del poder. Esta directriz no solo busca canalizar toda la ayuda a través de los mecanismos estatales, sino también supervisar y, en ocasiones, desmantelar cualquier iniciativa que escape a su control.

La acción de las autoridades en Portuguesa, presionando para que los insumos fueran entregados al Estado, es un ejemplo elocuente de esta política. Del mismo modo, el hostigamiento del Sebin en Sucre a un centro vinculado a un partido político de oposición, aunque no se explicite una razón, no hace sino reforzar la percepción de que la ayuda humanitaria se ha convertido en un terreno más de disputa política, en lugar de un espacio neutral de asistencia a los más vulnerables. La interferencia en la cadena de solidaridad, que nace de la espontaneidad y la generosidad de los ciudadanos, erosiona la confianza y desincentiva la participación en futuras iniciativas, dejando un vacío que el Estado, por sí solo, a menudo no puede llenar.

El Caso de la Ayuda Universitaria: Camiones Retenidos y Destino Desconocido

A la serie de denuncias de las organizaciones de derechos humanos se sumó una de particular gravedad: la Federación de Centros Universitarios (FCU) de la Universidad Central de Venezuela (UCV) reportó la retención de siete camiones cargados con ayuda humanitaria. Miguelángel Suárez, presidente de la FCU, confirmó que estos vehículos transportaban donaciones desde el municipio Gran Sabana, en el estado Bolívar, con destino a las comunidades afectadas por el terremoto en La Guaira. La intervención de organismos de seguridad en este trayecto crucial ha generado incertidumbre y alarma.

La declaración de Suárez, donde afirmó desconocer el paradero de la ayuda, subraya la opacidad y la falta de transparencia que rodean estas intervenciones. La solidaridad de los venezolanos, manifestada a través de estas donaciones, queda en un limbo, sin certeza sobre si llegará a quienes la necesitan. La UCV, a través de su FCU, había habilitado desde el 25 de junio un centro de acopio en la Plaza del Rectorado de la Ciudad Universitaria, con el fin de canalizar insumos hacia Caracas y La Guaira. Los dirigentes estudiantiles, conscientes de la importancia de la transparencia, habían especificado que no recibían donaciones en dinero y habían alertado sobre posibles estafas, demostrando un compromiso con la gestión ética y responsable de la ayuda.

La retención de estos camiones representa un golpe directo a la credibilidad y al esfuerzo de una institución académica y de su comunidad estudiantil, que actúa de manera autónoma y con un claro sentido de servicio público. Más allá de la pérdida material, el incidente siembra dudas sobre la voluntad del Estado para permitir que la ayuda humanitaria fluya libremente, incluso cuando proviene de fuentes no políticas y transparentes como la universidad. La interrupción de esta cadena de suministro humanitario no solo agrava la situación de los damnificados, sino que también envía un mensaje desalentador a todos aquellos que, desde la sociedad civil, buscan tender una mano en momentos de adversidad.

Implicaciones y el Derecho a la Asistencia Humanitaria

Las acciones denunciadas por las organizaciones de derechos humanos y la FCU de la UCV trascienden la mera obstaculización administrativa; constituyen una violación flagrante del derecho a recibir y brindar asistencia humanitaria, un principio fundamental en situaciones de emergencia. La instrumentalización de los organismos de seguridad y las instituciones civiles para bloquear la solidaridad ciudadana no solo es éticamente reprobable, sino que también contraviene los estándares internacionales sobre la gestión de desastres y la protección de poblaciones vulnerables.

En un país donde las crisis económicas y sociales han exacerbado las necesidades básicas de la población, la capacidad de respuesta de la sociedad civil es, a menudo, el último bastión de esperanza. Al impedir el funcionamiento de centros de acopio, intimidar a voluntarios y confiscar donaciones, el Estado no solo vulnera la autonomía de la sociedad civil, sino que también profundiza el sufrimiento de las víctimas de desastres naturales, quienes dependen de cada gesto de apoyo. La priorización del control político sobre la vida y el bienestar de los ciudadanos es una estrategia peligrosa que, a largo plazo, erosiona el tejido social y la confianza en las instituciones.

La documentada hostilidad hacia las iniciativas ciudadanas de ayuda humanitaria deja entrever una preocupación más profunda del poder por cualquier forma de organización o movilización social que no esté bajo su égida. En un entorno ya restrictivo para las libertades civiles y la libertad de prensa, la capacidad de la sociedad para autoorganizarse y responder a sus propias necesidades se convierte en un acto de resistencia.

Las denuncias sobre el hostigamiento y la confiscación de ayuda humanitaria en medio de una emergencia por terremoto son un sombrío recordatorio de las dificultades que enfrenta la sociedad civil venezolana para operar con autonomía y efectividad. La centralización forzada y la instrumentalización de los cuerpos de seguridad para controlar o desmantelar iniciativas solidarias tienen un costo humano incalculable, prolongando el sufrimiento de los damnificados y minando la moral de quienes generosamente ofrecen su ayuda. Es imperativo que las autoridades cesen estas prácticas y garanticen un entorno seguro y transparente para que la ayuda humanitaria, provenga de donde provenga, llegue sin obstáculos a quienes más la necesitan. La solidaridad no debería ser un acto de riesgo, sino un derecho fundamental garantizado por el Estado.

Comentarios de la comunidad

Inicia sesión para comentar y sumarte a la conversación.

Cargando comentarios…

Más en Investigación