Cómo se vive esperando una remesa para completar la pensión
En La Guaira, Caracas y Maracaibo, tres mujeres esperan cada mes la misma señal: una notificación en el teléfono que les indica que su familiar envió dinero desde el exterior. No se conocen, pero sus vidas funcionan bajo la misma lógica: comer, comprar medicinas o llegar a fin de mes depende de un ingreso que
El sustento diario de los pensionados en Venezuela depende de manera directa de los flujos de dinero enviados por familiares desde el extranjero, ante la pérdida del poder adquisitivo del salario local y de las asignaciones oficiales. Esta realidad, documentada en un reporte del portal periodístico Runrun.es, evidencia cómo la subsistencia de la población de la tercera edad está condicionada por transferencias externas no garantizadas, una situación de vulnerabilidad que se agrava ante contingencias ambientales, de infraestructura o de salud.
La brecha entre el ingreso oficial y el costo de la vida
El sistema de seguridad social venezolano ofrece coberturas insuficientes para satisfacer las necesidades básicas de la población beneficiaria. De acuerdo con los datos del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS), la pensión mensual se mantiene congelada en 130 bolívares desde el año 2022, un monto que equivale a 0,17 dólares según la tasa de cambio oficial.
Para intentar compensar esta depreciación, el Ejecutivo Nacional otorga de manera discrecional el denominado Ingreso Integral de Pensionados, una asignación mensual de 70 dólares que no tiene incidencia salarial ni modifica la base de cálculo de la pensión. Ante este escenario, los adultos mayores se ven obligados a buscar fuentes alternativas de financiamiento.
El caso de Graciela, una ciudadana de 58 años residente del estado Vargas (La Guaira), ilustra esta dinámica de supervivencia económica descrita por Runrun.es. Sus ingresos mensuales se componen de la pensión oficial, el bono gubernamental discrecional y el dinero que genera de forma independiente mediante la elaboración y venta de repostería.
A pesar de estas múltiples actividades, su estabilidad financiera depende del aporte mensual de 300 dólares que le envía su hermana, Natalia Paredes, desde La Coruña, España. Natalia, quien trabaja como cuidadora de personas mayores y mesera, asume la manutención de su familiar directo en Venezuela, un patrón que se repite en miles de hogares del país.
El rol macroeconómico de las remesas en el consumo interno
El impacto de las transferencias de los migrantes en la calidad de vida de las familias venezolanas ha sido objeto de análisis por parte de diversos organismos multilaterales. Un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) publicado en 2021, titulado “Efecto de las remesas sobre la seguridad alimentaria en los hogares venezolanos”, determinó que los grupos familiares que reciben estos recursos económicos presentan mejores condiciones nutricionales en comparación con aquellos que dependen exclusivamente de la economía local. El informe del BID detalla que estos hogares registran un mayor consumo calórico, una dieta más diversificada y menores restricciones para adquirir productos básicos.
Esta transferencia de recursos funciona como un mecanismo de sustitución ante la destrucción del valor de la moneda nacional. María Díaz, economista y profesora de la Universidad Central de Venezuela (UCV), explica en el reporte de Runrun.es que las remesas representan ingresos generados fuera del territorio nacional que compensan la falta de liquidez y la alta inflación interna.
De este modo, la capacidad de compra de los trabajadores migrantes se traslada a sus países de origen. Este fenómeno no es exclusivo de Venezuela; según datos del Banco Mundial, estos flujos financieros constituyen una de las principales fuentes de financiamiento externo en economías en desarrollo como las de El Salvador, Honduras, Filipinas y el territorio venezolano.
Desaceleración de los flujos y el impacto de las emergencias
A pesar de la importancia de estos recursos, las remesas no constituyen una fuente de ingresos fija ni garantizada a largo plazo. De acuerdo con los resultados de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) correspondientes al año 2022, se registró una contracción en el envío de ayuda económica hacia el país. La investigación universitaria reveló que la proporción de migrantes venezolanos que enviaban remesas de manera regular cayó al 49 %, lo que representó una disminución de diez puntos porcentuales en comparación con las mediciones del año 2021. Asimismo, el estudio reportó una baja en la frecuencia de dichos envíos.
La fragilidad de este esquema de subsistencia se hace más evidente cuando ocurren imprevistos o desastres naturales. El sismo doble registrado el pasado 24 de junio afectó de manera directa la vivienda de Graciela en los edificios Breña Mar, ubicados en el sector Los Corales de La Guaira, según reportó Runrun.es.
Aunque la estructura de su apartamento no se derrumbó, los daños en las paredes y el deterioro de sus electrodomésticos la obligaron a evacuar la zona y trasladarse a Caracas, donde reside temporalmente bajo el apoyo de conocidos para evitar el pago de un alquiler.
Para hacer frente a la reconstrucción de su hogar, estimada en unos 2.000 dólares, su hermana Natalia se vio en la necesidad de incrementar el envío mensual a 400 dólares. Este ajuste representa un esfuerzo financiero adicional para el emisor en el extranjero, quien además debe sortear las dificultades operativas para transferir los fondos hacia Venezuela sin perder porcentajes significativos del dinero en comisiones bancarias y tasas de cambio intermedias.
La desprotección institucional de los adultos mayores en crisis
La situación de los pensionados venezolanos expone también las fallas en los protocolos de atención y asistencia humanitaria del Estado durante situaciones de emergencia. La falta de políticas públicas adaptadas a las necesidades de las personas de la tercera edad incrementa su nivel de exclusión en momentos de vulnerabilidad física o ambiental.
Lorena Zamorano, gerontóloga del Instituto para la Atención de los Adultos Mayores del Estado de Hidalgo (IAAMEH) en México, señala en una entrevista para el