Cobertura de emergencia en curso. Reporta daños o busca personas en SOSIr a SOS →Cobertura de emergencia en curso. Reporta daños o busca personas en SOSIr a SOS →Cobertura de emergencia en curso. Reporta daños o busca personas en SOSIr a SOS →
Cobertura de emergencia en curso. Reporta daños o busca personas en SOSIr a SOS →Cobertura de emergencia en curso. Reporta daños o busca personas en SOSIr a SOS →Cobertura de emergencia en curso. Reporta daños o busca personas en SOSIr a SOS →
Libertad VZLA LogoLibertadVZLA
InicioSOS
Libertad VZLA LogoLibertadVZLA
ContactoQuiénes somosPrivacidadTérminos
Volver a NoticiasSociedad
Cómo gestionar la “culpa del sobreviviente” tras los sismos

Cómo gestionar la “culpa del sobreviviente” tras los sismos

A menos de una semana del doble terremoto que sacudió al país el pasado 24 de junio, las consecuencias psicológicas comienzan a manifestarse en la población, incluso en aquellos ciudadanos que no sufrieron pérdidas materiales ni familiares directamente, al igual que en los venezolanos que se encuentran fuera de las fronteras del país. Asdrúbal Alejandro

Luis Sambrano
Por

Luis Sambrano

Fundador y editor1 jul. 2026

El reciente doble terremoto que sacudió a Venezuela el pasado 24 de junio ha dejado una estela de devastación que trasciende lo material y lo físico, revelando una profunda fractura en el tejido emocional de la población. A escasos días del evento, emergen con fuerza las consecuencias psicológicas, manifestándose no solo en quienes sufrieron pérdidas directas, sino también en aquellos que, desde la distancia o la aparente seguridad, experimentan un fenómeno conocido como la "culpa del sobreviviente". Este complejo estado emocional, que afecta incluso a la diáspora venezolana, subraya la interconexión de la psique colectiva frente a la tragedia y la urgencia de abordar el bienestar mental como parte integral de la recuperación nacional.

La Huella Invisible: Comprendiendo la Culpa del Sobreviviente

La vivencia de una catástrofe natural de la magnitud de los sismos recientes desata una cascada de reacciones humanas, entre las cuales destaca una perturbación emocional particularmente intensa y extendida: el síndrome o culpa del sobreviviente. Según la explicación de Asdrúbal Alejandro Espinoza, psicólogo y profesor de la Universidad Católica Andrés Bello, este fenómeno se describe como una "experiencia de intensa agitación emocional que se genera tras haber sido expuesto a la muerte o daño de otros". No se trata de una patología en el sentido clínico, sino de una respuesta natural y compleja del aparato psíquico en su intento de procesar y reconstruir los eventos traumáticos, buscando una lógica en la supervivencia propia mientras otros sucumbieron.

Esta reacción no es exclusiva de los recientes terremotos; su manifestación ha sido documentada a lo largo de décadas en diversos contextos de extrema adversidad. Desde los campos de batalla y los conflictos armados hasta los desastres naturales y accidentes con múltiples víctimas, la culpa del sobreviviente emerge en aquellos que presencian el daño ajeno y logran escapar ilesos. Se caracteriza por una rumiación persistente sobre el significado del evento, pensamientos recurrentes de no merecer la vida, y profundos conflictos internos al intentar reanudar rutinas cotidianas o actividades que no estén directamente ligadas a labores de rescate o apoyo. Irónicamente, el simple hecho de sentir felicidad, gratitud o bienestar puede generar una profunda sensación de culpabilidad, añadiendo una capa más al ya complejo panorama emocional. Este sentimiento, aunque desgarrador, es parte del esfuerzo inherente de la psique por integrar una realidad incomprensible y dolorosa.

Comentarios de la comunidad

Inicia sesión para comentar y sumarte a la conversación.

Cargando comentarios…

Más en Sociedad

Llega más ayuda a Venezuela, pero persisten los desafíos en zonas devastadas

Llega más ayuda a Venezuela, pero persisten los desafíos en zonas devastadas

Sin techo y con filtraciones: Así está la sede del Ipasme en Guárico

Sin techo y con filtraciones: Así está la sede del Ipasme en Guárico

Bebé en Arizona fue dado por muerto y horas después descubrieron que estaba vivo

Bebé en Arizona fue dado por muerto y horas después descubrieron que estaba vivo

El Dilema Económico y la Solidaridad en Tiempos de Crisis

La complejidad de la culpa del sobreviviente se agudiza en un contexto socioeconómico como el venezolano, donde la precariedad y la lucha diaria por la subsistencia son realidades omnipresentes. Para pequeños emprendedores, profesionales independientes y trabajadores de sectores no considerados "prioritarios" en una emergencia, el duelo nacional tras los terremotos ha generado un dilema moral y práctico sumamente angustiante. Existe un temor palpable y una vergüenza manifiesta al promocionar productos o servicios, percibiendo que el legítimo deseo de asegurar el sustento propio y familiar choca con el imperativo ético de acompañar el dolor colectivo.

El profesor Espinoza identifica este conflicto como una percepción de que las "necesidades personales se contradicen con las necesidades del país y el deseo de estar presentes". Sin embargo, el especialista enfatiza que esta contradicción es más aparente que real, pues "ambas cosas pueden coexistir: el ayudar y el continuar con la propia vida". La solidaridad, aunque vital y valiosa, debe ser sostenible. Se ha observado cómo algunos individuos, movidos por un impulso altruista, han donado gran parte de sus ingresos a centros de acopio, solo para encontrarse días después en una situación de vulnerabilidad extrema, incapaces de cubrir sus propias necesidades básicas. Esta situación ilustra la delicada balanza entre la compasión y la prudencia. La reactivación de la economía individual no es un acto egoísta, sino una condición indispensable para mantener la capacidad de ser solidario a corto, mediano y largo plazo, permitiendo así la elaboración e integración de las complicadas emociones, incluida la culpa, y transformándolas en acción constructiva.

Reconstruir la Cotidianidad: Terapia de la Acción y el Duelo Colectivo

En medio de la devastación y el duelo, la reanudación de las rutinas diarias y la continuidad de las jornadas laborales emergen como un ancla fundamental para la estabilidad psicológica. Lejos de ser una forma de evasión, el mantenimiento de horarios fijos, la persistencia en planes de estudio o el cumplimiento de metas laborales, posee una función reguladora esencial en tiempos de desastre. Permite canalizar las emociones intensas a través de acciones con propósito, ofreciendo una estructura y un sentido de control en un entorno que se percibe caótico.

No obstante, el psicólogo Espinoza advierte que es prematuro hablar de un "retorno a la normalidad" tal como se conocía. La sociedad venezolana, y particularmente las zonas afectadas, se enfrenta a la ardua tarea de "co-construir una nueva cotidianidad", una realidad que estará inevitablemente marcada por recuerdos dolorosos, por las cicatrices visibles en el paisaje urbano de las zonas costeras y por la ausencia insustituible de seres queridos. Este proceso de construcción implica transitar el duelo de manera activa y consciente. Reanudar las actividades y mantenerse en movimiento, lejos de ignorar el trauma, puede ser un medio potente para procesar gradualmente el evento, dándole espacio al dolor, la tristeza, la rabia, la angustia y la culpa que muchos venezolanos experimentan y que, previsiblemente, persistirán durante semanas y meses. El trabajo, en este contexto, se transforma de un posible acto de egoísmo en una herramienta de resiliencia y apoyo social, siempre y cuando no se convierta en una máscara para ocultar el trauma subyacente.

El camino hacia la recuperación, tanto individual como colectiva, será largo y complejo. Implicará no solo la reconstrucción física de infraestructuras, sino, más crucialmente, la sanación de las heridas invisibles del espíritu. La comprensión de fenómenos como la culpa del sobreviviente, la validación de las emociones que emergen y la promoción de estrategias de afrontamiento saludables son esenciales. La sociedad venezolana, ya curtida por años de adversidades, tiene ante sí el desafío de integrar esta nueva tragedia, transformando el dolor en una fuerza para la co-construcción de una realidad más resiliente y solidaria, donde la ayuda mutua coexista con la indispensable necesidad de cada individuo de seguir adelante.