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Comercio comienza a reactivarse en Caracas: algunos locales reparan fachadas afectadas por los terremotos

Comercio comienza a reactivarse en Caracas: algunos locales reparan fachadas afectadas por los terremotos

Caracas.- La actividad comercial en la ciudad de Caracas mostró este lunes 29 de junio signos de reactivación en diversos puntos. En un recorrido por los bulevares de Catia y Sabana Grande, así como las avenidas Andrés Bello, Urdaneta y Sucre, se pudo constatar que buena parte de los establecimientos han vuelto a levantar sus santamarías,

Luis Sambrano
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Luis Sambrano

Fundador y editor29 jun. 2026

Caracas, 29 de junio de 2026 – En un testimonio elocuente de la resiliencia que caracteriza a la capital venezolana, la actividad comercial en Caracas ha comenzado a mostrar signos de una cautelosa pero decidida reactivación. Tras los recientes y devastadores sismos que sacudieron la ciudad, dejando a su paso miedo y daños materiales, los bulevares de Catia y Sabana Grande, así como las concurridas avenidas Andrés Bello, Urdaneta y Sucre, han visto cómo una parte significativa de sus establecimientos levantaba nuevamente sus santamarías este lunes. La reapertura, sin embargo, se produce en un ambiente de sobriedad, desprovisto de la música estridente que habitualmente anima estos espacios, y con la sombra de la precaución planeando sobre cada transacción.

Este incipiente resurgir económico no es solo una señal de normalización, sino un acto de voluntad y supervivencia en un país ya de por sí acosado por una prolongada crisis. Si en los días inmediatamente posteriores a los terremotos la vida comercial se reducía casi exclusivamente a farmacias y expendios de alimentos, la jornada de hoy ha permitido observar la apertura de tiendas de ropa, calzado y tecnología, entre otros rubros. Es un paso, aunque pequeño, hacia el restablecimiento de una rutina que se anhela, pero que se sabe frágil ante la amenaza latente de réplicas.

El Despertar Cauteloso de una Ciudad Herida

El recorrido por los principales corredores comerciales de Caracas revela un panorama mixto. Mientras muchos comerciantes han optado por reanudar sus operaciones, otros permanecen con sus puertas cerradas, dedicados a la reparación de fachadas y estructuras dañadas por la fuerza de los movimientos telúricos. Las imágenes de trabajadores subsanando las heridas visibles en los edificios son un recordatorio constante de la magnitud del impacto y de la necesidad de reconstruir no solo la infraestructura física, sino también la confianza y la seguridad.

"Nosotros estamos abriendo hoy, nos dijeron que podíamos venir, el centro comercial nos dio permiso, pero no nos dijeron más nada. En caso de que pase algo, cerramos", comentó una trabajadora de un local de tecnología en Sabana Grande, reflejando la incertidumbre y la provisionalidad que marcan esta reapertura. La jornada laboral se acorta por precaución, y la mirada de muchos se dirige intermitentemente hacia el horizonte, en una espera ansiosa por cualquier señal de nuevo movimiento. Esta declaración subraya la falta de un protocolo claro o apoyo institucional explícito que guíe a los comerciantes en momentos de crisis, dejando la carga de la decisión y el riesgo en manos de los individuos.

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La importancia de no detener la actividad económica, incluso en medio de la tragedia, fue un sentimiento compartido por varios comerciantes. Un vendedor en Chacaíto articuló esta dura realidad: "Es muy duro esto que te voy a decir, porque todos estamos muy tristes por lo que pasó, pero imagínate si en medio de eso la economía se detiene. Tenemos que seguir adelante". Esta frase encapsula la mentalidad de supervivencia que se ha arraigado en la sociedad venezolana, donde la persistencia se convierte en una necesidad vital frente a la adversidad. La economía venezolana, ya debilitada por años de recesión, hiperinflación y sanciones, no puede permitirse el lujo de un parón prolongado sin consecuencias catastróficas para millones de familias.

La reapertura parcial también ha modificado el panorama en los establecimientos de primera necesidad. Las colas interminables que caracterizaron los días posteriores al terremoto en supermercados y farmacias, reflejo del pánico y la incertidumbre, han disminuido. Ahora, el flujo de compradores es más normal, aunque estos establecimientos siguen siendo los de mayor afluencia. Esta "normalización" es relativa y podría indicar tanto una recuperación de la calma como una adaptación de los consumidores a una nueva realidad, donde la prioridad sigue siendo asegurar los bienes básicos.

El Contexto de una Nación al Límite

La reactivación comercial en Caracas no puede ser analizada de forma aislada de la profunda crisis multifactorial que ha azotado a Venezuela durante la última década. Antes de los sismos, la economía ya enfrentaba un colapso sin precedentes, con una contracción del PIB que supera el 70% desde 2013, según estimaciones de organismos internacionales. La hiperinflación pulverizó el poder adquisitivo, la escasez de bienes y servicios básicos se hizo endémica y la infraestructura del país, desde las carreteras hasta los servicios públicos, se deterioró a niveles críticos por la falta de inversión y mantenimiento.

En este escenario, un evento natural de la magnitud de los recientes terremotos se convierte en una catástrofe con implicaciones exponenciales. La capacidad del Estado para responder a emergencias de gran escala es limitada, y la inversión en infraestructura sismorresistente o en planes de contingencia robustos ha sido deficiente. La suspensión del servicio del Metro de Caracas, arteria vital para el desplazamiento de millones de caraqueños, ilustra la vulnerabilidad de un sistema que lucha por mantenerse operativo en condiciones normales, y que se ve sobrepasado ante un evento extraordinario. La imagen del Metro cerrado no es solo una incomodidad para los usuarios; es un símbolo de la fragilidad sistémica.

La resiliencia de los venezolanos, a menudo destacada en el discurso público, se pone a prueba una vez más. Los testimonios de los comerciantes que, tras recoger "el desastre" de sus locales, reabrieron sus puertas el día siguiente, con filas de compradores esperando afuera, hablan de una determinación férrea. Es una resiliencia forjada en la necesidad, en la comprensión de que, en un entorno donde el apoyo institucional es escaso, la supervivencia individual y familiar depende de la propia capacidad de levantarse y seguir adelante. No es una elección; es una imperativa.

Implicaciones: Más Allá de las Fachadas Reparadas

La reactivación comercial, aunque bienvenida, conlleva una serie de implicaciones económicas, sociales y políticas que merecen un análisis más profundo.

Económicas: A corto plazo, los costos de reparación de las fachadas y daños internos recaen directamente sobre los propietarios de los negocios, muchos de los cuales ya operan con márgenes mínimos en un entorno de alta incertidumbre. La mayoría de los pequeños y medianos comerciantes en Venezuela no cuentan con seguros adecuados para cubrir desastres naturales, lo que significa que cada bolívar invertido en la reconstrucción es un bolívar menos para la inversión, el mantenimiento o los salarios. Esto podría llevar a un aumento de los precios para compensar las pérdidas o, en el peor de los casos, al cierre definitivo de negocios que no puedan afrontar los gastos. La interrupción de la cadena de suministro, aunque no se ha reportado masivamente, es una amenaza constante en un país con una producción interna limitada y una alta dependencia de las importaciones. A mediano y largo plazo, la percepción de riesgo por desastres naturales podría desalentar aún más la inversión extranjera y nacional, lo que agravaría la ya precaria situación económica.

Sociales: El impacto psicológico de los terremotos es profundo y duradero. La constante vigilancia ante las réplicas, la ansiedad por la seguridad de las estructuras y el trauma de haber vivido momentos de pánico generalizado, afectan la salud mental de la población. La descripción de un trabajador que sintió un temblor a las 7:00 am mientras abría su local, y que se quedó "parado porque sabía que estaba temblando", revela la carga emocional que pesa sobre los ciudadanos. Esta situación se agrava en un país donde el acceso a servicios de salud mental es limitado y estigmatizado. La ausencia de la "fuerte música" en los bulevares no es solo una medida de precaución; es un reflejo de un ánimo colectivo ensombrecido, de una pausa en la alegría espontánea que solía caracterizar la vida en la calle. La cohesión social, aunque puesta a prueba, podría fortalecerse en la adversidad, pero también podría erosionarse si la percepción de abandono o la injusticia en la distribución de la ayuda (si la hay) prevalece.

Políticas: La respuesta del gobierno ante la emergencia es crucial. La falta de comunicación clara sobre protocolos de seguridad, la evaluación de daños estructurales y el apoyo a la recuperación económica de los comerciantes, genera incertidumbre y desconfianza. En un contexto de polarización política, la gestión de una crisis natural se convierte en un examen de la capacidad y legitimidad del Estado. La lentitud en la reactivación del Metro de Caracas, por ejemplo, puede ser percibida como una falla en la provisión de servicios esenciales y una muestra de la debilidad institucional. La comunidad internacional, ya atenta a la crisis humanitaria en Venezuela, observará de cerca cómo se maneja esta nueva capa de complejidad, lo que podría influir en la percepción de la necesidad de ayuda y la forma en que esta se canaliza. La libertad de expresión y de prensa son vitales en estos momentos para asegurar que la información fluya sin censura, que las voces de los afectados sean escuchadas y que la rendición de cuentas sea posible.

Una Conclusión de Esperanza y Desafío

La imagen de Caracas, con sus santamarías levantándose de nuevo, es un símbolo potente. Es la manifestación de una sociedad que se niega a ser doblegada por la adversidad, ya sea de origen político, económico o natural. Los comerciantes, los trabajadores, los ciudadanos comunes, están demostrando una vez más su increíble capacidad para adaptarse y persistir, buscando la normalidad en medio de lo extraordinario.

Sin embargo, esta resiliencia no debe ser confundida con la ausencia de necesidad. La reactivación comercial es un primer paso, pero los desafíos que enfrenta Caracas y Venezuela en su conjunto son monumentales. La reconstrucción de las fachadas es solo el principio; la verdadera tarea es reconstruir la confianza, la seguridad y la esperanza en un futuro más estable y próspero. Esto requiere no solo el esfuerzo individual, sino también una respuesta coordinada y efectiva por parte de las autoridades, así como un compromiso sostenido con la transparencia y la atención a las necesidades de la población.

Desde "Libertad VZLA", reafirmamos nuestro compromiso de seguir informando con objetividad y rigor sobre la realidad que viven los venezolanos. La reactivación del comercio en Caracas es una noticia que nos llena de esperanza, pero también nos obliga a redoblar nuestra vigilancia y análisis crítico sobre las condiciones estructurales que hacen que cada crisis sea aún más profunda en nuestro país. La vida continúa, pero las lecciones de los sismos y la crisis preexistente deben ser aprendidas y abordadas con la seriedad que merecen. La superación de esta nueva prueba será, sin duda, un hito más en la larga y compleja historia de Venezuela.