Arzobispo de Panamá pidió a los venezolanos no perder la esperanza (VIDEO)
"Pero el Señor no quiere que su consuelo termine únicamente en una emoción pasajera", afirmó Ulloa, que pidió "gestos concretos" de solidaridad hacia los venezolanos afectados por los sismos.
PANAMÁ, Ciudad de Panamá. En un momento de profunda aflicción y desasosiego para Venezuela, marcado por una crisis humanitaria sin precedentes y el reciente embate de un devastador doblete sísmico, la voz del arzobispo de Panamá, José Domingo Ulloa, se alzó este domingo con un poderoso mensaje de esperanza. Desde la Catedral Santa María La Antigua, el prelado instó a los venezolanos a no claudicar ante el despojo y el cansancio, elevando además una significativa oración por la fortaleza de la líder opositora María Corina Machado, cuya presencia en la ceremonia añadió una capa de relevancia política y social al acto de fe.
La homilía del arzobispo Ulloa, dedicada a las miles de víctimas y damnificados del terremoto que sacudió el norte de Venezuela el pasado 24 de junio, resonó como un bálsamo en medio del dolor. Con magnitudes de 7.2 y 7.5, el sismo dejó a su paso una estela de destrucción, especialmente en La Guaira, la zona costera cercana a Caracas, donde decenas de edificios colapsaron y el gobierno ha cifrado en al menos 2.954 los fallecidos. Pero más allá de la tragedia natural, Ulloa abordó la herida profunda que carcome a la nación caribeña desde hace años, una herida de exilio, privación y desesperanza.
"A Venezuela le han podido quitar, robar, muchas cosas durante estos años, pero no le han podido quitar, robar, su esperanza", afirmó con vehemencia el arzobispo, trazando un paralelismo entre la resiliencia espiritual y la dura realidad material. Sus palabras no solo ofrecían consuelo, sino que también contenían una clara interpelación a la situación política y social que ha llevado a millones de venezolanos a buscar refugio fuera de sus fronteras.
Un País en la Encrucijada de Crisis Múltiples
La referencia del arzobispo al "despojo" y al "robo" que ha sufrido Venezuela no es una metáfora baladí. Desde hace más de una década, el país ha experimentado un colapso económico y social de proporciones históricas, que ha devastado su otrora robusta industria petrolera y ha sumido a la mayoría de su población en la pobreza extrema. La hiperinflación, la escasez crónica de alimentos, medicinas y servicios básicos, y la destrucción del tejido productivo han configurado un escenario de emergencia humanitaria compleja.
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Esta situación ha sido el principal motor de una de las mayores crisis migratorias del mundo moderno. Según datos de la ONU, cerca de 7.9 millones de venezolanos han abandonado su país, buscando oportunidades y seguridad en otras naciones de la región y más allá. Panamá, como centro neurálgico y país hermano, ha sido testigo y, en muchos casos, destino de esta diáspora masiva. El arzobispo Ulloa, con profunda empatía, se hizo eco de este drama humano: "solo quien ha tenido que abandonar su tierra sabe cuánto pesa la nostalgia", y añadió que "solo quien ha vivido la experiencia de la migración comprende que existe un cansancio que no se ve en el rostro, pero que se lleva profundamente en el alma".
Esta reflexión resuena con particular fuerza en la comunidad venezolana, tanto dentro como fuera del país. El "cansancio" al que se refiere Ulloa no es meramente físico, sino un agotamiento emocional y psicológico producto de años de incertidumbre, lucha y pérdida. Es un cansancio que amenaza con transformarse en resignación, el enemigo más peligroso de la esperanza. De ahí la urgencia de su llamado: "Queridos hermanos venezolanos, no permitan que nadie les robe esa esperanza. No permitan que el cansancio se convierta en resignación ni que las heridas apaguen sus sueños".
El Terremoto: Una Tragedia sobre Otra Tragedia
El reciente doblete sísmico ha añadido una capa de horror y desolación a un país ya de por sí vulnerable. La Guaira, una zona con alta densidad poblacional y que alberga uno de los puertos más importantes de Venezuela, se ha convertido en el epicentro de la tragedia. La imagen de edificios colapsados, la búsqueda desesperada de sobrevivientes entre los escombros y el luto colectivo se suman a la ya pesada carga emocional de los venezolanos.
Un desastre natural de esta magnitud, en cualquier país, es devastador. Pero en una nación con infraestructuras deterioradas, servicios públicos precarios y una capacidad de respuesta estatal mermada por la crisis, el impacto se multiplica exponencialmente. La remoción de escombros, la atención a los heridos y la reubicación de los miles de damnificados representan un desafío monumental que requiere no solo recursos materiales, sino también una coordinación y una voluntad política que el país lucha por mantener en sus actuales circunstancias.
La homilía del arzobispo Ulloa, al abarcar tanto el trauma del terremoto como la crisis prolongada, subraya la interconexión de las tragedias que golpean a Venezuela. "Sabemos que cuando la tierra tiembla no solo se derrumban edificios, también se tambalean muchas seguridades humanas", expresó, reconociendo la fragilidad de la existencia humana ante fuerzas tan poderosas, tanto naturales como políticas.
María Corina Machado: Símbolo de una Lucha Inquebrantable
La presencia de María Corina Machado en la Catedral de Santa María La Antigua no pasó desapercibida. La líder opositora, figura central en la lucha por la recuperación democrática de Venezuela, se encontraba en Panamá con un "muy bajo perfil" tras ver "frustrada su intención de regresar a Venezuela". Esta situación, que implica obstáculos políticos para su retorno al país, resalta la compleja dinámica de persecución y exilio que enfrentan muchos líderes y activistas de la oposición venezolana.
El hecho de que el arzobispo Ulloa la mencionara explícitamente y elevara una oración por ella, pidiendo a Dios que "la ilumine, la fortalezca y la sostenga en la responsabilidad que ha asumido al servicio de su pueblo", es un gesto de profundo significado. En un contexto donde la Iglesia Católica en Venezuela ha mantenido una postura crítica y pastoral ante la crisis, la bendición de un prelado extranjero a una figura tan polarizante en la política venezolana refuerza el apoyo moral y espiritual a la causa democrática. La presencia de la expresidenta panameña Mireya Moscoso, acompañando a Machado, también simboliza los lazos de amistad y solidaridad regional que persisten a pesar de las tensiones políticas.
Este reconocimiento público desde el ámbito eclesiástico internacional otorga una legitimidad moral a la lucha de Machado y, por extensión, a la resistencia democrática en Venezuela. Subraya que la búsqueda de la libertad y la justicia no es solo una contienda política, sino también una batalla por los valores humanos fundamentales, donde la fe y la esperanza juegan un papel crucial.
La Iglesia como Faro de Solidaridad y Conciencia
El papel de la Iglesia Católica ha sido históricamente relevante en Venezuela, actuando a menudo como una de las pocas instituciones con capacidad para alzar la voz de manera independiente frente al poder estatal. En los últimos años, la Conferencia Episcopal Venezolana ha emitido comunicados contundentes, denunciando la violación de derechos humanos, la crisis económica y la deriva autoritaria.
La iniciativa del arzobispo Ulloa de canalizar ayuda para los damnificados del terremoto a través de Cáritas Nacional Panamá, en comunión con Cáritas Venezuela, es un ejemplo concreto de esta solidaridad. No solo es un llamado a la caridad, sino también una reafirmación de la confianza en las redes de la Iglesia para hacer llegar la ayuda "con transparencia y prontitud a quienes más la necesitan", un aspecto crucial en un país donde la gestión de la ayuda humanitaria ha sido históricamente politizada y obstaculizada.
Este compromiso con la acción social y la denuncia profética coloca a la Iglesia en una posición única para ser un faro de esperanza. No se trata solo de ofrecer consuelo espiritual, sino de movilizar recursos, abogar por la justicia y recordar a los fieles y a la sociedad en general que la fe se traduce en "gestos concretos" de amor y servicio al prójimo.
Implicaciones y el Camino por Delante
El mensaje del arzobispo de Panamá tiene múltiples implicaciones para Venezuela. Políticamente, refuerza la narrativa de una Venezuela asediada que necesita apoyo internacional, tanto en su lucha por la democracia como en la atención a sus tragedias humanitarias. La bendición a María Corina Machado es un espaldarazo a la oposición, recordándoles que su causa no está sola.
Socialmente, el llamado a no perder la esperanza es un antídoto contra el agotamiento y la resignación que amenazan con apagar la llama de la resistencia cívica. Reconocer el dolor de la migración y la magnitud del terremoto es vital para la sanación colectiva y para movilizar la ayuda necesaria. La solidaridad interregional, manifestada a través de Cáritas, es fundamental para aliviar el sufrimiento inmediato y sentar las bases para una recuperación a largo plazo.
Económicamente, aunque no explícito, el mensaje subraya la necesidad de una reconstrucción que va más allá de los edificios. Implica la reconstrucción de la confianza, de las instituciones, de la productividad y, en última instancia, del futuro económico del país. La transparencia en la ayuda humanitaria es un paso inicial crucial para sentar las bases de una gobernanza más justa y eficiente.
En "Libertad VZLA", entendemos que la esperanza no es una pasividad, sino una fuerza activa que impulsa la acción, la resistencia y la búsqueda incansable de la verdad y la justicia. Las palabras del arzobispo Ulloa, en su sencillez y profundidad, encapsulan el espíritu indomable del pueblo venezolano, un pueblo que, a pesar de las adversidades más crueles, se aferra a la convicción de que un futuro mejor es posible. La presencia de líderes como María Corina Machado, perseverando en la lucha, y la acción incansable de la Iglesia y las organizaciones humanitarias, son testimonios vivos de que, incluso en los momentos más oscuros, la luz de la esperanza y la solidaridad no se extinguen. Venezuela sigue de pie, dolida pero no vencida, y el clamor por su libertad y su recuperación resuena hoy más