Desafíos y Ausencia de Coordinación Oficial en las Primeras Horas
El primer punto de intervención directa para Ángel Moreno fue una de las torres de las Residencias Belo Horizonte. Según su testimonio, en ese momento inicial, los equipos de rescate estaban compuestos únicamente por voluntarios y los propios residentes. La ausencia de bomberos, policías o personal de Protección Civil en las horas críticas posteriores al sismo fue una constante. La demanda de los familiares de las víctimas impulsó la continuidad de las jornadas de búsqueda, a pesar de los riesgos estructurales y la carencia de implementos de seguridad adecuados para los voluntarios. Moreno describió cómo ingresó en espacios reducidos y peligrosos, con desprendimientos constantes de escombros, para verificar la posible presencia de personas atrapadas.
La dinámica en el terreno también expuso diferencias significativas en el despliegue de las autoridades entre distintas localidades. Mientras que en Caracas, donde Moreno también colaboró, se observó el uso de maquinaria pesada y una presencia coordinada de rescatistas, bomberos y delegaciones extranjeras, en La Guaira, la situación inicial estuvo marcada por un colapso logístico. El incremento masivo del tránsito hacia el litoral central en los días posteriores a los sismos generó un embotellamiento que dificultó el acceso de suministros y equipos especializados. Moreno calificó esta movilización como un factor que "entorpeció la ayuda, porque colapsó La Guaira", según la entrevista con Runrun.es.
Interrupciones y la Dimensión Humana del Rescate
Ángel Moreno también detalló interrupciones por parte de personal oficial en las zonas de escombros donde los voluntarios realizaban labores de recuperación de cuerpos. En Macuto, Moreno relató situaciones específicas donde las tareas fueron detenidas momentáneamente por funcionarios públicos con el propósito de realizar registros fotográficos. "Yo estoy metido en un hueco donde hay un cadáver al lado mío, un hueco inaccesible (…) y llega un funcionario a sacarme. Me pasó dos veces. El funcionario me sacaba para meterse, tomar unas fotos y se iba", contó a Runrun.es. Añadió que la expectativa de los voluntarios era que los uniformados brindaran apoyo, pero estos se retiraban del sitio tras obtener las imágenes.
La labor comunitaria tomó una dimensión personal cuando Moreno acompañó a un amigo a su edificio, en el piso nueve, con la misión inicial de encontrar a su mascota. Durante el ingreso a los niveles inferiores de la estructura dañada, Moreno recolectó artículos personales y fotografías familiares de su amigo. Esta experiencia lo confrontó directamente con la pérdida y el impacto emocional del desastre. "Fue muy complejo porque, claro, yo soy el que entra a los escombros y el que manipula. Me afectó mucho el olor a descomposición (…). Yo me he ido acostumbrando a los diferentes olores de descomposición desde el día uno hasta ese momento, porque el primer día olía a sangre fresca y los demás días se percibía una descomposición progresiva", relató.
El hallazgo de la mascota de su amigo confirmó las pérdidas en un entorno donde la extracción total de los restos fue inviable debido a las condiciones del colapso. Posteriormente, ambos ascendieron al apartamento para asegurar bienes personales ante el riesgo latente de saqueos en la zona. La jornada concluyó con un momento de apoyo emocional, donde Moreno acompañó a su amigo en la despedida de su hogar. "Fue un pequeño espacio, un pequeño momento de decirle como ‘okay, despídete de este espacio, agradécele porque este fue tu hogar’", recordó Moreno. La experiencia de ver a su amigo "quebrarse porque lo acababa de perder todo" y brindarle apoyo fue especialmente impactante, destacando la diferencia emocional al asistir a un conocido frente a un desconocido.
El testimonio de Ángel Moreno subraya la relevancia de la participación ciudadana en situaciones de emergencia, al mismo tiempo que expone las deficiencias en la coordinación y el despliegue de las instituciones oficiales en las primeras fases de la respuesta a los sismos en La Guaira. Su experiencia refleja la capacidad de resiliencia y solidaridad de la sociedad civil frente a eventos de gran magnitud.