Alumnos de la Escuela Valero Hostos en Caricuao hacen deportes en un terreno porque no tienen cancha

Alumnos de la Escuela Valero Hostos en Caricuao hacen deportes en un terreno porque no tienen cancha

La Unidad Educativa Valero Hostos enfrenta un deterioro generalizado en su infraestructura. Filtraciones en las aulas, baños dañados, fallas de agua y la suspensión del comedor tras un robo. Caracas. La Unidad Educativa Valero Hostos, ubicada en la parroquia Caricuao, no tiene una cancha propia para las actividades recreativas y los actos escolares. Los 500 […] La entrada Alumnos de la Escuela Valero Hostos en Caricuao hacen deportes en un terreno porque no tienen cancha aparece primero en Crónica Uno - Los hechos como son

Redacción Libertad VZLA
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Redacción Libertad VZLA

Equipo editorial19 jun. 2026

En el corazón de Caricuao, Caracas, la Unidad Educativa Valero Hostos se ha convertido en el reflejo palpable de una crisis que amenaza el futuro de 500 niños y niñas de educación inicial y primaria. Sin una cancha propia para el deporte o los actos escolares, y con aulas carcomidas por la humedad, esta institución padece un deterioro profundo que va más allá de lo visible, afectando la salud, el aprendizaje y la dignidad de su comunidad.

Un Patio de Tierra y Sol: La Ausencia de Espacios Dignos para el Juego y el Aprendizaje

Para los más de quinientos alumnos que a diario llenan los pasillos de la Valero Hostos, el concepto de un espacio propio para la recreación o la educación física es una quimera. La materia de Educación Física, fundamental para el desarrollo integral, depende de la generosidad de los vecinos, quienes ocasionalmente prestan una cancha comunal. Sin embargo, esta solución es precaria y efímera. Cuando el espacio prestado no está disponible, la alternativa es un desolador terreno de tierra, invadido por el monte y expuesto sin piedad al inclemente sol caraqueño.

Madres y padres, con la voz cargada de preocupación, observan cómo sus hijos intentan jugar o hacer ejercicios en estas condiciones. “La escuela tiene un espacio en el patio, pero cuando el sol pega fuerte, los niños no pueden estar allí”, comenta Carmen, una de las representantes, señalando la urgencia de una estructura techada. Para ella, es incomprensible que los pequeños no tengan un lugar seguro y cubierto donde correr, jugar o celebrar sus actos escolares. Este patio improvisado no solo limita el desarrollo físico, sino que también confina a los niños a sus salones durante los recesos, privándolos de la vital interacción y esparcimiento al aire libre. La ausencia de una cancha adecuada es solo la punta del iceberg de una infraestructura que clama por atención, donde el derecho al juego y a una educación digna se ve constantemente vulnerado por la desidia y la falta de recursos.

Aulas Enfermas: Humedad y Filtraciones que Pasan Factura a la Salud Infantil

El panorama dentro de las aulas de la Valero Hostos es aún más desolador. La humedad y las filtraciones se han apoderado de las estructuras, transformando los salones en ambientes insalubres que atentan directamente contra la salud de los estudiantes y docentes. Al entrar en algunas de estas aulas, un olor denso y penetrante a moho golpea de inmediato, mientras que las paredes exhiben manchas oscuras y capas de pintura que se desprenden en pedazos, cayendo al suelo como un recordatorio constante del abandono.

Alejandra, otra madre preocupada, describe cómo esta situación ha forzado a los maestros a adoptar medidas extremas para proteger a los niños. En su salón, los alumnos deben agruparse en un solo lado, el derecho, lo más lejos posible de la pared afectada, para evitar el contacto directo con las filtraciones. “Lo que está a la vista no es mentira. Esto es dañino para ellos”, afirma Alejandra, con la frustración evidente en su voz. Relata cómo los niños viven con una constante lucha contra alergias, tos y gripes, afecciones directamente relacionadas con la insalubridad del ambiente. Aunque la escuela recibió una mano de pintura y nuevos bombillos el año pasado, estas intervenciones fueron apenas “paños de agua tibia y mal hechos”, que no lograron atajar el problema de raíz. El temor de los representantes por el estado deteriorado de los techos es palpable, sabiendo que cada lluvia puede agravar una situación que ya es crítica y que pone en riesgo la integridad física de toda la comunidad escolar.

La Odisea Diaria: Baños Inservibles, Agua Desperdiciada y una Cocina Silenciosa

Las cinco horas que los estudiantes pasan en la Unidad Educativa Valero Hostos se ven agravadas por la precariedad de los servicios básicos. Los baños destinados a los alumnos son un capítulo aparte en esta historia de abandono. Lavamanos inservibles y pocetas que no funcionan adecuadamente obligan a los pequeños a una verdadera odisea para satisfacer sus necesidades más elementales. “Ningún lavamanos sirve. Si ellos se van a lavar las manitos, tienen que ponerle un tobo o salir y lavarse donde se bota el agua. Las pocetas no bajan, hay que echarle agua con un tobo”, explica Deisy, otra representante, describiendo una escena que debería ser impensable en cualquier centro educativo.

Paradójicamente, mientras los niños deben cargar cubos de agua para usar los sanitarios, la institución sufre de un grave desperdicio del vital líquido. Fallas en la tubería principal provocan botes continuos en dos chorros internos que nadie repara. El servicio de agua, de por sí intermitente en la zona, llega los miércoles y se interrumpe el viernes por la mañana, haciendo aún más crítica la situación de higiene. A esta desoladora realidad se suma la ausencia de un comedor escolar. Hace aproximadamente tres años, tras la pandemia de COVID-19, un robo dejó la cocina de la escuela completamente desvalijada: motores de neveras, refrigeradores grandes y todo el equipo fueron sustraídos. Desde entonces, el Programa de Alimentación Escolar (PAE) no ha vuelto a activarse, privando a los estudiantes de un beneficio fundamental para su desarrollo nutricional y concentrando la preocupación de los padres en cómo asegurar una alimentación adecuada para sus hijos.

Más Allá de las Aulas: La Carencia de Apoyo Especializado y la Lucha Incansable de los Padres

A pesar de la dedicación de su plantilla de docentes de aula, quienes cubren el horario de 7:00 a. m. a 12:00 m., la Unidad Educativa Valero Hostos adolece de una alarmante escasez de personal especializado que es crucial para el desarrollo integral de los niños. No hay servicio psicológico, psicopedagogía ni un docente de informática, dejando el centro de computación de la escuela clausurado e inaccesible. Esta “deserción de personal”, como la describen los representantes, es una preocupación constante, pues limita las herramientas y el apoyo que los niños podrían recibir para abordar dificultades de aprendizaje o emocionales.

La situación coloca a los padres en una encrucijada dolorosa. Aunque anhelan una educación de calidad con todos los recursos necesarios, la realidad económica les impide buscar alternativas privadas. “No hago nada con sacar a mi hijo cuando no tengo para pagar una escuela privada. Aunque como madre me gustaría que esta escuela fuera acondicionada y tenga todo el personal”, confiesa una de las madres, reflejando el dilema de muchas familias venezolanas. Ante la evidente falta de presupuesto oficial, la comunidad de padres ha adoptado la autogestión como única vía para mantener a flote la institución. Son ellos quienes, con gran esfuerzo, compran los bombillos cuando las aulas se quedan a oscuras y colaboran con las labores de limpieza, intentando crear un mínimo de comodidad y funcionalidad para sus hijos. Esta resiliencia, aunque admirable, subraya la profunda responsabilidad que recae sobre la comunidad ante la ausencia de una respuesta institucional efectiva.

La historia de la Valero Hostos es la de muchas escuelas en Venezuela: un testimonio de la dedicación de docentes y padres que luchan contra la adversidad, pero también una denuncia urgente sobre el estado crítico de la infraestructura educativa. Los 500 alumnos de Caricuao merecen mucho más que un patio de tierra y aulas enfermas; merecen un espacio digno que nutra sus sueños y les permita crecer con salud y oportunidades. La comunidad espera que su clamor sea escuchado y que las promesas de una educación de calidad se traduzcan en acciones concretas que transformen la realidad de la Valero Hostos y de miles de niños venezolanos.

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