"Activé mis sentidos": tres jóvenes ciegos relataron cómo sobrevivieron al doble terremoto en Caracas
Álvaro, Abdiel y Alejandra, tres compañeros de pódcast que son ciegos, escucharon en Caracas vidrios, movimientos de tierra, pedazos de pared cayendo y gritos,
Caracas, Venezuela – El 24 de junio de 2026, a las 6:00 de la tarde, Venezuela se detuvo. Un doble terremoto de magnitud 7.2 y 7.5 sacudió el país, dejando a su paso una estela de devastación que, según el último balance oficial, cobró la vida de al menos 2.645 personas y dejó a más de 12.666 heridas. El estado costero de La Guaira fue el más impactado, pero la capital, Caracas, también sufrió heridas profundas, con el colapso de al menos cinco edificios y decenas de estructuras dañadas. En medio de este caos sísmico, donde el pánico y el estruendo dominaron la escena, tres jóvenes ciegos –Álvaro, Abdiel y Alejandra–, compañeros en el pódcast "La Pandilla del Podcast", ofrecieron un testimonio de resiliencia y supervivencia, demostrando cómo la agudeza de sus otros sentidos se convirtió en su principal herramienta para navegar la oscuridad en un momento de terror universal.
Sus relatos, recogidos días después del cataclismo, no solo son historias personales de supervivencia, sino también un recordatorio conmovedor de la vulnerabilidad humana ante la furia de la naturaleza y la particular fortaleza que emerge de la adaptación. En una nación ya de por sí golpeada por años de crisis, este desastre natural añade una capa más de complejidad a su intrincado tejido social y económico.
El Estruendo que lo Cambió Todo
El día festivo del 24 de junio transcurría con la habitual calma vespertina, hasta que una inesperada alerta de Google irrumpió en los teléfonos de Álvaro, Abdiel y Alejandra. Un sonido que, al principio, no supieron identificar. Segundos después, la tierra comenzó a temblar, y el ruido de vidrios rompiéndose, paredes cayendo y, sobre todo, gritos desgarradores, les confirmó la magnitud de la tragedia que se cernía sobre ellos. Cada uno, en la intimidad de su hogar, se enfrentó a un desafío que la mayoría afrontaría con la vista, pero ellos, privados de ella desde el nacimiento, debieron recurrir a una percepción del mundo más profunda y entrenada.
Comentarios de la comunidad
Inicia sesión para comentar y sumarte a la conversación.
Álvaro, de 30 años, relata cómo su mente se activó para descifrar el caos a través del sonido. "No me dio tiempo de salir. Activé mis sentidos. Necesitaba escuchar si caía algo", cuenta. Su entrenamiento en protocolos de seguridad sísmica le dictaba buscar una mesa o el marco de una puerta, agacharse, cubrirse y sujetarse. En medio del movimiento, logró acercarse a una mesa. Su madre, presa del pánico, llegó a su lado. Álvaro, con una calma que desmentía la situación, le tomó la mano, intentando transmitirle la serenidad que él mismo se esforzaba por mantener. Su capacidad para identificar la dirección y naturaleza de los sonidos que le rodeaban le permitió tomar decisiones rápidas y, finalmente, salir ileso.
Abdiel, de 24 años, enfrentó una situación aún más angustiante. Estaba solo en casa con su hermano, también ciego y con autismo, mientras su madre trabajaba. Su primer instinto fue buscar refugio bajo una mesa, pero la prioridad de su hermano le impulsó a actuar. "Iba a buscar para ponerme debajo de la mesa, solo que no lo podía hacer porque mi hermano tiene discapacidad, tiene autismo, y tuve que buscarlo. Empecé a llamarlo y no aparecía", recuerda. La familiaridad milimétrica con su entorno, el mapa mental de su hogar que había construido a lo largo de su vida, fue su guía. Corrió de la sala al cuarto, siguiendo el sonido de su propia voz y el silencio expectante de su hermano, hasta que lo encontró. Su historia es un testimonio de la profunda conexión fraternal y la increíble capacidad de orientación espacial que desarrollan las personas ciegas.
Alejandra, de 27 años, escuchó los gritos de su tía desde afuera de la casa, instándolos a salir. Sin embargo, su tío, que estaba dentro, le aconsejó que se quedara donde estaba, una decisión que, en retrospectiva, resultó ser la correcta para ella. "Al final decidí quedarme tranquila, esperando que pasara el movimiento sísmico para después saber cómo accionar", explica. Su calma, en un momento de instinto primario de huida, fue crucial. La capacidad de evaluar la situación a través de las vibraciones, el tono de las voces y la duración del sismo, le permitió evitar movimientos impulsivos que podrían haberla puesto en mayor peligro.
Los tres lograron salir de sus casas sin sufrir heridas físicas, un milagro en medio de la devastación. Pero la angustia no cesó con el fin del temblor. Abdiel sintió alivio al salir del edificio, pero las réplicas que se sucedieron por días mantuvieron la tensión. Alejandra, por su parte, experimentó el "pánico más fuerte" al desconocer la situación de sus seres queridos. "Es un momento muy desesperante porque acaba de pasar algo muy fuerte y no sabes de las personas cercanas", concluye.
Venezuela: Una Nación en la Falla y sus Consecuencias
El doble terremoto del 24 de junio de 2026 no es un evento aislado en la historia geológica de Venezuela, sino un crudo recordatorio de su ubicación en una de las zonas de mayor actividad sísmica del planeta. El país se encuentra en la compleja interacción entre la Placa del Caribe y la Placa Sudamericana, lo que genera una alta sismicidad, especialmente a lo largo de la Falla de Boconó, una de las más activas y largas del territorio. Terremotos históricos como el de Caracas en 1812 (que devastó la capital), el de 1967 (que causó cientos de muertes y colapsos de edificios) o el de Cariaco en 1997 (que dejó un rastro de destrucción en el oriente del país), han marcado la memoria colectiva y la geografía venezolana.
Sin embargo, la vulnerabilidad de Venezuela ante estos eventos no es puramente geológica. Años de deterioro de la infraestructura, la falta de inversión en mantenimiento y la corrupción en la construcción han creado un caldo de cultivo para la catástrofe. Edificaciones erigidas sin cumplir los códigos antisísmicos, o incluso aquellos que los cumplieron en su momento pero han sido desatendidos, se convierten en trampas mortales. La Guaira, con su densa población costera y edificaciones a menudo precarias, y Caracas, con sus rascacielos y barrios populares, son ejemplos de esta vulnerabilidad amplificada.
La preparación ante desastres también ha sido un punto débil. Si bien existen protocolos y organismos de protección civil, la efectividad de los sistemas de alerta temprana, la educación pública y los simulacros masivos ha sido inconsistente. La mención de una "alerta de Google" como el primer aviso que recibieron los jóvenes ciegos es reveladora. ¿Dónde estaban los sistemas de alerta nacionales? ¿Se están invirtiendo los recursos necesarios en tecnologías y campañas de concienciación que lleguen a toda la población, incluyendo a las personas con discapacidad?
Implicaciones: Un País en Reconstrucción y Reflexión
Las implicaciones de un desastre de esta magnitud son vastas y multidimensionales, afectando el tejido social, económico y político de una nación ya de por sí frágil.
Implicaciones Sociales: La historia de Álvaro, Abdiel y Alejandra subraya la particular vulnerabilidad, pero también la sorprendente resiliencia, de las personas con discapacidad en situaciones de emergencia. Sus sentidos agudizados por la ausencia de la vista se convirtieron en herramientas de supervivencia. Sin embargo, ¿qué sucede con aquellos que carecen de esa familiaridad con su entorno o de redes de apoyo tan fuertes? Este terremoto debe catalizar una revisión profunda de las políticas de inclusión en la gestión de riesgos y desastres, asegurando que los planes de evacuación, refugio y asistencia consideren las necesidades específicas de las personas con discapacidad. La solidaridad observada entre los miembros de la "Pandilla del Podcast" y sus familias es un faro de esperanza, mostrando cómo las comunidades pueden unirse en tiempos de crisis. No obstante, el trauma psicológico de un evento tan devastador, la pérdida de seres queridos y hogares, dejará cicatrices profundas que requerirán apoyo a largo plazo.
Implicaciones Económicas: La reconstrucción de La Guaira y las zonas afectadas de Caracas representará un desafío económico monumental. En un país que ya lucha contra una hiperinflación persistente, una infraestructura en declive y una severa escasez de recursos, la inversión necesaria para reparar edificios, carreteras y servicios básicos será inmensa. Esto desviará fondos de otros sectores críticos como la salud y la educación, exacerbando las ya precarias condiciones de vida. La pérdida de negocios y empleos en las zonas devastadas tendrá un impacto directo en los medios de vida de miles de familias, profundizando la crisis humanitaria. La capacidad del gobierno para movilizar recursos internos y asegurar ayuda internacional será crucial, pero la compleja situación política de Venezuela podría dificultar la recepción y gestión transparente de dicha asistencia.
Implicaciones Políticas: La respuesta del gobierno ante la emergencia será objeto de un intenso escrutinio. La eficiencia en las operaciones de rescate, la transparencia en la distribución de la ayuda y la planificación de la reconstrucción no solo impactarán la vida de los afectados, sino también la percepción pública sobre la capacidad de gestión del Estado. Este desastre puede ser un catalizador para exigir una revisión urgente de los códigos de construcción, la planificación urbana y las políticas de gestión de riesgos, que han sido largamente postergadas. La necesidad de una infraestructura resiliente y de sistemas de alerta temprana robustos es ahora más evidente que nunca. Para "Libertad VZLA", es imperativo monitorear que la ayuda llegue a quienes la necesitan y que las decisiones de reconstrucción se tomen con la máxima transparencia y responsabilidad, sin dejar espacio para la opacidad o la corrupción que tanto han mermado la confianza pública.
Un Llamado a la Preparación y la Solidaridad
El doble terremoto del 24 de junio es una herida abierta en el corazón de Venezuela. Pero dentro de la tragedia, las historias de supervivencia como las de Álvaro, Abdiel y Alejandra, nos recuerdan la indomable fuerza del espíritu humano. Su capacidad para "activar los sentidos" no es solo una metáfora de su experiencia individual, sino un llamado colectivo a despertar y prepararnos. Como advierte Álvaro, "Esto nos tiene que servir para prepararnos. Porque estos son temas que ocurren con la naturaleza, después de cierto tiempo, y no van a dejar de pasar".
Para Venezuela, este desastre es una oportunidad dolorosa pero ineludible para reflexionar sobre su vulnerabilidad y la necesidad urgente de construir una sociedad más resiliente, inclusiva y preparada. La reconstrucción no será solo de edificios, sino también de confianza, de sistemas y, sobre todo, de un futuro donde la vida de cada ciudadano, especialmente la de los más vulnerables, sea una prioridad innegociable. Desde "Libertad VZLA", seguiremos documentando estas historias, exigiendo transparencia y abogando por un país donde la libertad de vivir sin miedo a la catástrofe, tanto natural como institucional, sea una realidad para todos.